Saturday, April 19, 2014

El hombre de un libro y un lugar de referencia mundial: Macondo

El planeta literario reclama el nombre de García Márquez. Escriben todos, periodistas, articuleros, escritores y profanos. Ha muerto “el rey”, ¡que viva el rey!
La muerte es noticia, es así como se debe siempre enfocar este tipo de muerte-centrismo a que siempre la prensa nos tiene acostumbrados. Y la corrida de elogios, trememundismos y patéticas celebraciones al genio de quien fue un gran escritor, un buen periodista y un hombre de complacencias controversiales no se deja esperar. Los cubanos no podemos dejar de sentirnos dolidos por la amistad dolosa de este Nobel con un dictador ilustrado. No escribió “el otoño del patriarca” a su imagen, pero casi igual puede adjuntársele, aunque el librito es de lo peor en la galería de lo cosechado por otros en América. No puedo evitar compararlo con la exquisitez literaria de un “Yo, El Supremo” del gran Roa Bastos… siempre olvidado.
Las amistades y filiaciones  a veces derrumban el delirio literario y las alturas artísticas de buenos escribanos. Léase Maiakovski, Marinetti, Louis-Ferdinand Céline, Alejo Carpentier y también el gran creador de Macondo. No podemos perdonarle a García Márquez su amistad con “el supremo” dictador de Cuba. Los cubanos no podemos. No se nos puede olvidar. Forma parte de esa herencia literaria de su única fuente libresca: “Cien años de soledad”
Hay autores que escriben muchos libros. Hay otros que escriben enciclopedias enteras sobre un mismo tiempo y lugar como Marcel Proust. Hay otros que acuñan un estilo, enmarcan un lugar, un punto específico de la geografía mundial, como James Joyce. El genio de Aracataca inventó un pueblo de “maravillas” sin Alicia para toda una fantasía y lo hizo existir en este planeta, cobrarle vida y lugar, materializarse en verbo e imagen. Gracias al Gabo Macondo obtuvo un lugar en la geografía moderna, existió, existe, existirá para siempre.
En historia y en literatura, en fantasía y realidad. El logro más grande del García Márquez fue crear lo que no existía para que existiera como referencia y ponerle un nombre. Insuflarle vida y demostrar que lo tenemos ante nuestros ojos. Lo queramos o no, hoy cuando hablamos de lo irreal, lo absurdo, la realidad que cobra vida extra normal y extraliteraria lo nombramos: Macondo.
Y existe.
Puede ser Cuba con sus absurdas y enrevesadas extra-realidades, o las inauditas bestialidades de Kim Jong Un en Corea del Norte. Macondo nos sale al encuentro y nos hace recordar que la literatura es más que palabras, verbos, fantasías y belleza de estilo. Nos cobra vida más allá de la irrealidad. Ya solo por eso el Gabo debió merecer su Nobel. No es que haya creado lo “real-maravilloso”, que no lo hizo. No es que haya escrito de los absurdos autoritarios de un dictador ilustrado, que no fue el primero y el mejor en hacerlo. No es que haya escrito en una sola novela todas las suyas juntas y nos las haya resumido en ese mundo irreal sin ubicuidad de lo distintivo. Nada de eso.
Gabriel García Márquez le puso un nombre y definió un punto geográfico del planeta a la realidad extraliteraria y, desde entonces, todos tenemos la razón más importante para nombrarlo donde quiera que exista, donde quiera que aparezca, dondequiera que encuentre un cobijo.
Macondo esta allí, mas allá de la fantasía, definiendo juiciosamente, el absurdo de la realidad frente a la belleza de la fantasía.
¡Gracias por Macondo, Gabo!

0 comments: