Sunday, March 2, 2014

La tragedia de un cómplice convertido en víctima

Acabo de leer la carta de Lissette Bustamante en Café Fuerte – y la voy a reproducir aquí, en mi blog-, pero antes quisiera agregar algunas palabras necesarias. No por frecuente los cubanos estamos acostumbrados a lidiar con estas escenas cotidianas de arrepentimiento. Lo vemos periódicamente en los canales televisivos de Miami, en los videos de YouTube sacados de esos medios, en libros como el de la propia Bustamante, “Raúl Castro: a la sombra de Fidel”. No es nada nuevo.
¿Con cuánta frecuencia los que ayer eran victimarios, o cómplices, o sencillamente ortodoxos silenciadores de verdades, hoy caen víctimas de los mecanismos diabólicos del régimen?
Es el caso de Bustamante. Ya una vez mencione su caso en mi blog, y también he tuiteado algo sobre ella en los días en que hacia la ronda de publicidad para su libro. Hoy, el régimen no la deja entrar a ver a su madre, y atenderla. Es una víctima más.
No voy a preguntar cuántas veces Lissette Bustamante estuvo en el lugar privilegiado para conocer un hecho parecido de alguno de sus antiguos colegas, entonces en el exilio. Ni cuántas veces no dijo nada, no reportó, o solo mostro un lado de alguna verdad en algún lugar, cuando seria de anfitriona mediática a sus empleadores en Cuba. No voy a mencionar el hecho de, por estar allí, al lado de los dos dictadores cubanos, conocía mejor que nadie de cerca lo que ocurría, cómo se manipulaba la noticia, cómo se silenciaba alguna voz.
Nada de eso voy a decir, aunque me ampara todo el derecho a la crítica por su silencio. Llamémosle silencio, para ser indulgentes. Tanto Bustamante entonces silenció, volteó el rostro hacia otro lado, o sencillamente ignoró la verdad. Algunos tontos la han querido clasificar como la “Oriana Fallaci” tropical. ¡Qué ilusos!
Oriana nunca calló, nunca silenció, nunca miró hacia otro lado. Por no hacerlo incluso se enfrentó a las cortes europeas que, hipócritas, sirvieron de anfitrionas a un mediático juicio discriminatorio a su palabra, cuando por los pasillos se cuchicheaba la valentía de la italiana.
Bustamante no fue nada de eso, ni lo es. Pero es un ser humano, y tiene su madre muy enferma y necesita, como hija única, estar a su lado. ¿Quién puede subirse sobre los hombros de la humanidad para castigar una tragedia personal por nominales y falsos credos ideológicos, defensas a ultranza de derechos imperiales de un líder mesiánico, o simple arrogancia dictatorial?
Lissette Bustamante tiene todo el derecho de entrar en Cuba porque es cubana y nadie, absolutamente nadie, puede quitarle su pertenencia a su Patria, esté donde este, crea lo que crea, escriba lo que escriba y haya sido cómplice o no de ese mismo régimen.
No se puede castigar con un crimen bárbaro, inhumano, lo que no fue nunca un crimen: abandonar el bando ideológico que le sirvió por largos años de anfitrión. Esa fue su elección, y solo las dictaduras elevan al rango de traición lo que es sencillamente un cambio de opinión de unos de sus servidores.
Pero ya se sabe, las dictaduras no creen en ciudadanos, sino en eslabones automáticos del sostenimiento de su poder. Hoy Bustamante es una víctima, una más. Como ya he dicho muchas veces, bajo las dictaduras no hay victimarios ni víctimas, hay solamente VICTIMAS. Tarde o temprano esos que levantan un garrote en forma de puño o la pluma o la cámara televisiva para sancionar con un golpe, una blasfemia lapidatoria en un órgano oficial o una manipulada verdad en la única televisión del país, se convertirán en victimas y pedirán, con desgarrado dolor, lo que Lissette Bustamante reclama en su carta de hoy.
Por todo eso hoy mi voz le presta la necesaria solidaridad a su reclamo, y publico su carta.
PETICION DE AYUDA
por Lissette Bustamante
Necesito ayuda, esperanza y fuerza para que mi madre pueda vivir lo que le quede antes de emprender su viaje definitivo con los recursos que necesita para sobrellevar las consecuencias de un derrame cerebral profundo que la ha dejado en silla de ruedas, la parte derecha de su cuerpo paralizada y con la lengua tropelosa.
Tiene 85 años, su ataque cerebral se produjo hace dos años, pero mi situación actual no me permite mantener el envío y pago de medicinas, comida, pañales para adultos, tampoco puedo pagar el tratamiento de un fisioterapeuta que vaya a la casa en La Habana para que haga los ejercicios que necesita para lograr algo de movilidad en la parte derecha de su cuerpo. Soy única hija, no tengo más familia, las personas que la atienden son dos cuidadoras a las que le pago desde aquí un salario justo para que mi madre sea tratada como una reina.
Estoy desolada, desde hace más de un año no he podido viajar para ver a mi madre ni atenderla porque no tengo el dinero necesario para pagar la prórroga del pasaporte cubano. Las autoridades cubanas exigen a los nacidos en la Isla entrar y salir de Cuba con un pasaporte cubano que cuesta $400 dólares y otros $80 que debo pagar porque para entrar necesito visa humanitaria. La nueva ley migratoria cubana a mi no me ha beneficiado en nada.
Tal vez puedan imaginar cuán angustiada y ahogada me siento al no poder suministrarle a mi madre lo que necesita para tener una calidad de vida digna en los últimos años de su vida. Ya lo que tenía ahorrado se ha terminado, por ello dejo aquí un grito de auxilio para poder ver a mi madre, mejorar su calidad de vida en un país donde falta de todo.
Ojalá y con estas letras logre la ayuda necesaria para viajar y que mi madre sienta también mis cuidados lo que la hace sentir mejor en medio de su depresión ya que siempre fue una mujer vital. Por suerte su mente está lúcida, con los desvaríos propios de su edad. SI yo estoy angustiada ella mucho más ya que aunque tiene los cuidados de dos personas que se alternan para su cuidado, necesita y me suplica que viaje a La Habana a verla para abrazarnos y también tomarnos de la mano y juntitas, ella en su silla de ruedas, mirar los programas de TV que le gustan. Cuando he podido estar con ella converso para que haga ejercicios, pero necesita un fisioterapeuta al que hay que pagarle en CUC y no puedo hacerlo. También necesita una logopeda pero tampoco el bolsillo da para ello.
Ojalá y Dios permita que el día que mi madre emprenda su viaje pueda estar a su lado.
Apelo al socorro humanitario y al humanismo que desea que una madre y una hija vuelvan a encontrarse. También que pueda llevar y enviar todo lo que necesita para estar en buenas condiciones, a pesar de las delicadas consecuencias de su derrame cerebral. Estoy ahogada por la angustia y me aferro a la esperanza, porque estoy convencida de que hay buenas personas que apuestan por la unión y la ayuda familiar entre todos los cubanos.


2 comments:

Simon-Jose said...

Amigo Lorenzo,
Yo había leido la carta y me sorprendí con tu post.
La volví a leer y lo que ella pide es ayuda económica.
Problemas para entrar en Cuba no tiene.
Al menos en su carta no expone eso.
Yo creo recordar, no estoy seguro, que hace algún tiempo en Miami hubo una exposición de Momias y ella fue la encargada de que enviaran desde Cuba a Alicia Alonso para exibirla aquí.
Tal vez Alicia y sus amigos podrían ayudarla. No sé. Es una
idea.

Un fuerte abrazo,
Simón José.

Mario Riva said...

Comienza su artículo diciendo:
“No por frecuente los cubanos estamos acostumbrados a lidiar con estas escenas cotidianas de arrepentimiento”.

Arrepentirse, es retractarse de acciones pasadas que son vistas como cosas que fueron mal hechas o indebidas.
Esta palabra se utiliza para referirse al cambio que hace una persona respecto a sus pensamientos previos (pasando de una ideología errónea, a una mentalidad acertada y renovada) o tal vez pasando de la inmoralidad a la moralidad. El término da la idea de un cambio de mente, de un cambio de actitud, un cambio de rumbo y estilo de vida.

Nota: Lo que muchos llaman “doble moral”, no existe.

El arrepentimiento no es dar media vuelta, sino apartarse totalmente del camino, para tomar uno completamente diferente.

Los términos arrepentimiento y remordimiento suelen parecerse y hasta confundirse. La diferencia estriba en que el remordimiento no implica un cambio de vida o ideología. El arrepentimiento, genuino y verdadero, comparte el pesar que viene del remordimiento (sentirse mal por lo que ha hecho), pero además pedir perdón.

Si una cosa aprendí “sirviendo a la revolución socialista” es que, los seres humanos, jamás seremos iguales los unos a los otros. Y que cada cual debe actuar como considere mejor en su momento.