Sunday, February 2, 2014

Nota Rabiosa de Orgullo y Pertenencia

Suerte de regusto extranjerizante y aséptico, tufillo reminiscente de aquel “The Manufacturer” alquimista, trashumado en asepsia de quirófano de vocablos y epítetos. Hoy nuestros futuros escribientes se remiten a la Europa de levita, abandonan las calles y visitan aeropuertos. Caminan erectos con vestidos verdes y barbas “intelectuoides”. Nos remiten a vocablos extraños, palabras estrasijadas, sanguinolentas de perfumes baratos, rebuscadas en diccionarios de localismos y corte francesa, carpenterianas de aflicción, bufonescas de instinto, moribundas de significado y acción.
Asépticos y descoloridos, caminan las autopistas virtuales y se erigen un monumento a su memoria, levantándose sobre las ruinas perdidas de nuestra Habana a la que convierten en el museo de su memoria. Caída en pedazos, barrida en su atómica vergüenza de destrucción y pobreza, La Habana parece escabullírsele con sus rumores y sus pertenencias.
Pero, ¡no!, no son ellos seres divinos, son fantasmas devenidos títeres estériles, desideologizados y fundidos. Agarrados a la tabla de “El País” para abandonar “Patria” y darse el festín con afeites de la Polonia refinada, reajustada, re-escrita, embelesada en mágica belleza. Narradores enlevitados, castradores bovinos al matadero de conciencias y desencuentros. Modernos masturbadores de pérdidas que re-escriben este crucigrama de palabras, este ejercicio de letras con ajiaco acrítico.
Creen que el intelectual es este ejercicio virtual de palabras y vocablos, y no el seguro compromiso del intelecto y el pensamiento. Se erigen Carpentier, Kapuscinsky, Capote, cualquier nombre ecléctico descubierto en una facultad de represores y reprimidos. Hojarasca de letras que buscan fundación aséptica, estéril, inodora, huérfana de afiliaciones y compromisos, como si las fidelidades estuvieran perdidas en algún Olimpo y pudieran desnudarse, quedarse a vivir en alguna zona infértil de desencuentros políticos.
Cuando no se pertenece a nada, se pertenece a todo: cordón umbilical para el visceral oportunismo del momento.
Plumas, plumas con barbas y con afeites. Sombras que barren caminos recorridos desde hace ya mucho tiempo. Esta manada de hienas con casacas de ovejitas con capa nos sonríe con gesto amable. Nos saludan con la manita de lado, el pelo largo, el rostro de medio lado, un gesto conspicuo sin  reafirmación, de laboratorio antiséptico. Máscaras, máscaras de lados y de sombras. Máscaras sin rostro, de desecho.
Circulan los aviones y aeropuertos, pululan nuestras autopistas cibernéticas y las trivialidades melifluas de un no-compromiso ajeno. Cubanos ¡No!, cretinos que nos quieren refundar en su cretinaje. Que nos quieren borrar la memoria y re-escribir nuestros libros. Neo-escribidores levantando esta neo-Cuba de barro y ladrillos. Destroncada y descojonada, con los labios secos y las lenguas dulces de encantadores de olvido.
¡Extranjeros en tierra brava encantando serpientes para convertirlas en palomas!
Estos son nuestros escribidores de hoy que nos refundan revistas, periódicos y eventos. Que nos visitan vendiendo con media sonrisa para ofrecernos esta mercancía insípida descomprometida. Que nos regalan el cielo empedrándonos de infierno. Que nos ofrecen el pacto aséptico del olvido mientras cementan el personal edificio de sus mentiras. Bolsillos viajeros. Mercaderes de complicidades y equilibrios. ¡Payasos!
¡Pues NO!
Permítanme elegir el NO. Ser el diferente. No prometer nada pero SI comprometerme con Todo. No quedarme en el silencio o en el ejercicio banal de la palabra. Salir de esta vidriera de sicofantes y aplaudidores automáticos que persiguen sombras, bufones y cretinos. Que aplauden cualquier sonrisa plástica, cualquier gesto descolorido. No quiero ser este maromero de mierda que camina por la cuerda apoyando veleidades y hombros comprometidos. Tampoco quiero refundar lo ya fundado, restablecer lo establecido, cambiar nombres a lo que desde hace mucho ya lo tiene. Despertenecer, marginarse, embargar conciencias en una suerte de ejercicio divino.
Mi nombre empieza con jota, con la castellana jota que defendía aquel Platero castizo, Juan Ramón Jiménez. Demasiados experimentos grises, insípidos, inodoros y cauterizantes nos regalan algunas “ye” por estos caminos virtuales, trasplantados de ideas y conceptos. Algún encantamiento providencial, serpentino, nos hace olvidar gregorianamente la forma averiada que esta consonante une y separa, divide y enrosca en oscuros senderos, caminos distintos, rumbos desiguales: dos formas proverbiales de recordarnos una historia común de desencuentros y encuentros para mantener diferencias.
Fricativa de asperezas y contornos estas virtuales “ye” nos pudren demasiado los compromisos, las afinidades y filiaciones. Perfectos depredadores de la confianza. Demasiadas “ye”, demasiados nombres, demasiadas coincidencias ortográficas en esta neo-legua de neo-disidencias y neo-represiones.
No se ejercita la democracia escogiendo el descompromiso, estrechando viejas manos con guantes finos, sonriendo hipócritamente el pasado para vendernos un presente que no existe. Vivimos, estamos aquí en este cuarto de hora, existimos a la altura de este momento. No estamos detenidos en una latitud alienista, aislada del planeta aunque se nos quiera vender la alienación. No se nos puede vender el regalito de mañana en el papel incoloro de  un pasado re-escrito, regulando deserciones y cantinfleando criterios.
Una tierra previsible, dolorosamente material nos agarra en nuestras plantas, nos hunde en nuestro momento, dolorosamente nos avasalla y nos recuerda que estamos aquí aunque pretendamos vendernos que habitamos otro momento. Expresar no-pertenencias es cotejar represiones y reprimendas, acatar al represor escondido en nuestro cerebro, vindicar bolsillos, impuestos veniales, compromisos egotistas y espurios. Miserias de inhumanidades, eso es lo que es.
¡A otros con ese cuento!
A sus gritos, ¡Mas Hechos y Menos Palabras! Menos vocablos preciosos para titulares ajenos y más virtud comprometida, no en salones probetas donde se decantan esotéricos líquidos y castradores desideologizados encuentros, dondequiera que pisen sus talones. A la tierra que nos vio nacer nos pertenecemos, no a la que nos construimos en palabras bonitas y conceptos hegelianos donde la dialéctica ejerce su soberana virtud de totalitarios designios
Pertenecemos a lo que fuimos, lo que hemos sido siempre. No somos una península desprendida de este mundo, navegando enganchada a cualquier promontorio de alguna provincia lejana. Ni rusa ni gallega ni provinciana, Criolla. Cubana.
Somos esta isla fálica que rechaza asepsias y reclama pasiones, eroticidades y diferencias. No somos el atajo manso insípido europeo. Ni la taza de té frio inglés a las cinco en un castillo brumoso, rodeado de colmenares y arpegios. Pertenecemos a los insultos,  las pasiones, los sudores y desencuentros. Viriles y exuberantes. Pasionistas e imperfectos, ¡Sí!
Esto somos. ¡Y quiera Dios que nunca dejemos de serlo!

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