Sunday, February 2, 2014

El día que asesinaron a Martí

Señales que los tiempos pasan y cambian, no para bien en Cuba. Son animales mutantes, personajillos que viven una sobrevida cambiándose de piel, tiñéndose de otros colores, despellejándose en transformaciones miles. Vargas Llosa dijo por estos días que Fidel Castro era un ser prehistórico, despreciable. Lo de despreciable está bien, pero no puedo coincidir con el peruano en lo de su prehistoria. Los animales prehistóricos, ¿dinosaurios?, desaparecieron de la faz de nuestro planeta por su inadaptación a las circunstancias y a los cambios. En cambio el otro no, es un ser mutante, que se ha desprendido más de una vez fácilmente de su coraza calcárea como lepidóptero ideológico para convertirse en uno más feroz y depredador, mucho más mutante.
Pero no es de Fidel Castro de quien hablaba, sino de sus acompañantes.
El 28 de Enero transcurrió un aniversario más del natalicio de Martí, y además de la conga transmutante de presidentes devenidos payasos por la calle San Lázaro, tuvimos en esos días la tradicional jornada oficial de conmemoración al Apóstol. La cultorologia oficial de manos de Armando Hart, devenido “experto” en Martí, Abel Prieto y otros pequeños personajes del oficialismo sicofante desfilaron como es tradicional. De la farándula nos quedo Calviño, ese de la televisión cubana.
Y entonces ocurrió el asesinato mediático. El crimen impune. El delito vil y repugnante. Se nos apareció este parloteador televisivo para decirnos que nunca habría imaginado a Martí como gobernante, y que si hubiera sido no estuviera hoy en el altar de la Patria.
Quería decir que entonces Martí hubiera cometido los crímenes que el centralismo “democrático” ha cometido, la impugnación al silencio y la cerrilidad como “sacrificio” a una revolución, la cárcel a opositores, los paredones de fusilamiento, los linchamientos sociales televisivos, los actos fascistas de repudio, la coerción, la amenaza, la muerte. ¿Es esto lo que querías decir, Calviño?
¿Es esta la hoja de parra para después introducir la anti sovietología de tu discurso?
Había que rebajar a Martí porque si no la estatura del Apóstol quedaría muy grande ante aquel que desfallece ya, encorvado y enteco en Punto Cero. Había que disminuir a Martí porque la gubernatura de un país ha hecho de un hombre un ser horroroso, repugnante, mediocre. Vargas Llosa lo llamó “prehistórico”. Jorge Edwards fue más categórico y preciso, lo colocó donde merece: rodeado de “vendedores de corbatas” porque de otra forma no hubiera sido una “estrella de luz”, ni tampoco lo pudieran catalogar de “padre de la patria”, como algunos ensucian ya su pluma en describirle.
Tan brillante en su mediocridad como para “brillar” en su constelación de mediocres, esa es mi definición de Fidel Castro.
Había que matar a Martí para hacer sobrevivir a Fidel Castro. Había que vomitarle, escupirle, despojarle de su humanidad decorosa. Había que hacerlo ruin, vengativo y vergonzoso, hacerle vestir con la vil impunidad del transformista ideológico, la temporalidad y la posible fragilidad de su gobernabilidad futura para levantar la estatura del dictador, para correr esta suerte de cortina de humo sobre los desastres personales del inquilino de Punto Cero.
Acto imperdonable del típico sicofante del postcastrismo que transcurre ya hoy avalado por el mundo democrático. Entiéndase, postcastrismo con Castro, generales, canallada fisiológica menor, burocratismo de estado y el resto de los oportunistas que manejan el negocio.
En Cuba ya no hay ideologías que salvar, lo que quieren salvar es el pellejo y de una vez hacerse de posiciones.
¿Martí? No importa. Es una figura marginal de sus discursos. Lo necesitan para enviar esa sutil señal, ese guiño invisible al mundo que no puede ser realizado por el “hermanistro” porque nadie le interpretaría el guiño con inocencia.
Y en esto apareció Calviño… ¿no es así?
Algún día se mirará hacia atrás, se escribirá la memoria histórica de este tiempo. Pobre de los que hoy se transmutan en colores y vestidos, la historia nunca los absuelve, ni con su silencio.

1 comments:

dovalpage said...

Muy buen artículo, Juan Martín. Estoy tratando de acordarme del tal Calviño, porque me suena el nombre (yo salí e Cuba en el 96) pero no lo asocio con la cara.
Mi abuela, que era martiana a su manera ,decía "pobre Martí."
Cariños desde Taos,
la Te