Friday, January 31, 2014

¿Qué pasará en Cuba en el 2018?

Es una pregunta que a todo cubano le han hecho alguna vez en su vida. Por supuesto, el añadido del año es algo nuevo. La realidad es que si esta pregunta me la hubieran hecho dos años atrás la respuesta hubiera sido diferente a la que daría hoy, a la que les voy a dar en este post. Porque creo que ante las nuevas circunstancias es de secular importancia reformularnos la respuesta. Este es mi intento.
Se acabó la cumbre de la CELAC, todavía andamos de resaca, hay que decirlo. El balance final es, sin ninguna duda, de rescate y salvaguarda de la dictadura. Una victoria del régimen castrista, no tenemos que temerle a la verdad. El negarlo sería catastrófico por dos razones importantes: primero porque sería una mentira piadosa, y como toda mentira nos mancharía de mentirosos, nos desmoralizaría, nos haría caer paletadas de basura mediática sobre nuestras cabezas. Con la mentira no se vence nada, es una caída estrepitosa al bochorno y al papelazo político. Y segundo porque negándolo no nos daría la fuerza que se necesita para la resistencia y el enfrentamiento a lo que viene. Y a eso segundo es a lo que voy. Pero primero permítanme decirles las premisas que me permiten aventurar la historia que a continuación les referiré.
El gobierno de Maduro le ha otorgado a Cuba, con una firma de 56 convenios, 1 250 millones de dólares. La mandataria brasileña le construyó al, castrismo el mejor puerto de Cuba y le otorgó más millones. El Presidente de México ni corto ni perezoso corrió al besamanos “fidelista” y ya colgó en su sitio Web que enviará a su consejero económico a Cuba. Europa está de carreritas, ya de eso hablé ayer en un post, no voy a repetirlo. Todo el mundo está presuroso para agarrar una tajada: Cuba está en Venta. El resultado de la CELAC es una reafirmación de una dictadura en lo político…  para empezar la carrera de apoyo en lo económico. ¿Alguien lo duda?
Vayamos entonces a la historia del 2018.
Hace un año que Raúl Castro declaró en la Asamblea Nacional que este sería su último período en el poder, por cinco años. Si se saca la cuenta eso sería en el 2018. Por supuesto, uno puede decirse que muchas veces este señor y su hermano han dicho cosas como estas para después echarse para atrás. ¿Se acuerdan de las prometidas elecciones?
Pero démosle crédito a su palabra esta vez, porque yo sí creo que en el 2018 Raúl Castro se retirará del sillón dictatorial. Estamos hoy viviendo ese período “entre las aguas” – para decirlo con las palabras del gran poeta barcelonés Juan Eduardo Cirlot – donde operan las reformas, reformitas y los vaivenes faranduleros. Algunos cubanos, y también la prensa extranjera, se ha preguntado por la lentitud de las “reformas raulistas”, y sus respectivas “marcha-atrás”. Periodistas independientes, bloggers, especuladores divinizados por las redes y otros se han cuestionado la velocidad del motor reformista del segundo hermano.
¿Por qué?, es la pregunta que todos se hacen.
La respuesta muchos la han dado como el miedo a las aperturas, el temor a un estallido social, la indecisión y la resistencia burocrática de algunos. Pero no es nada de eso, de lo que se trata es del segundo hermano: Fidel Castro.
Lo que detiene a Raúl Castro es la necesidad perentoria que tiene el de mantener intacto el nombre de “la marca Cuba”, es decir, el nombre del castrismo – dejémonos de usar el nombre de Cuba para hablar de lo que no lo es, Castro. Para preservarlo intacto, el pequeño segundón necesita que la muerte de su padre espiritual ocurra antes que todo suceda. La velocidad entonces de las “reformas” está estrechamente controlada por la velocidad en que se apague el motor vital del dueño de la marca, para que así el carro raulista comience a funcionar a toda popa. ¿Cuándo ocurrirá? sería entonces la pregunta adecuada que deberíamos plantearnos como el centro vital del problema.
Un primer escenario pudiera ser que ocurriera antes del 2018, cuando aún Raúl Castro estuviera sin retirarse, lo cual le daría la magnífica oportunidad de “brillar”, por primera vez en su vida, y desde la luz pública replantearse el diálogo con los Estados Unidos: negociar el embargo… a cambio de su propia salida del gobierno. Bonita jugada, ¿verdad?
El segundo escenario es un poco más problemático para el actual hermanito, porque entonces el manejo tendría que ser por debajo de la mesa, halando sutilmente los hilos del muñeco de trapo que estaría titireteando en el poder en ese preciso momento.
De cuál de las dos variantes ocurra dependerá la velocidad del “carro raulista”. Y también dependerá de cuándo y cómo serán las negociaciones con la Administración Americana del momento, porque las habrá.
Una pregunta esencial: ¿Quién quedará en el poder después de Raúl Castro? ¿Diaz-Canel? ¿Mariela Castro?
Los nombres no importan mucho, al menos no mientras no tengan el apellido Castro. Y en este caso yo me inclino a que ninguno de ellos pretenderá sentarse en esa “guagua” defectuosa. Recuerden, una de las premisas es que la “marca registrada Castro” quede intacta en la historia del producto. Es así que yo no creo que Mariela Castro sea la “designada al bate”, aunque traería “brillantez” mediática, “carisma” reciclado femenino castrista, de neo-castrismo, neo-humanismo. Me entienden, ¿verdad?
Sin embargo, la orden de preservar la marca es esencial, porque de lo que se trata aquí es de la jugada al aperturismo sin apertura, a la mafia controlada por hilos invisibles a través de las corporaciones raulistas, que el pequeñajo ha ido “creando” con la sentada de “generales y doctores” en estos últimos años, y que seguirán apareciendo.
Ocurrida la muerte de Fidel Castro todo será una autopista de “reformas”. Piensen lo que quieran, pero en Cuba tendremos este emparedado de “democracia” mafiosa estilo Rusia con lechuga multipartidista estilo “Putin” tropical, e incluso se puede predecir una posible escisión del Partido Comunista o su conversión total a una variante más mediática, acorde con el marketing del momento: Social-“demócrata”, digamos. Dejo el margen de la duda porque es muy factible pensar que aún entonces quedarán algunos revoltosos cabeciduros que no quieran renunciar al nombre. Y no será PSP, o Partido Socialista Popular, porque de lo que se trata aquí es de estar a la última del marketing mundial, neo-política necesita neo-partidismo, ¿entienden?
Y así estaremos.
Ya sé, algunos me recordarán la oposición, los exiliados, y los demás etcéteras.
Primero, la oposición. ¿Cuál? ¿La dividida en mil grupitos con mil proyectos y mil nombres? No representa nada aún frente a la “marca registrada del castrismo”. Esa es la verdad aunque sea dura y dolosa. Exiliada, fragmentada, vapuleada por chivatos, golpes, represión y silencios, la oposición no tiene futuro si el pueblo no la rescata… ¿La rescatará?
El exilio: dividido, vapuleado, enceguecido. Los cubanos vivimos discutiendo por neo-lenguajes, neo-periodismos, neo-disidentes, neo-opositores y neo-represores. Somos un neo-país, una neo-nación, una neo-Cuba. Todo nos divide. El embargo y el no-embargo. Los bloggers y los no-bloggers, un largo etcétera per secum seculorum. Y así ya hoy, aun a 4 años del 2018, hay algunos exiliados que dicen quieren regresar, aún con el “hermanistro” en la silla imperial y el hermanastro encorvado en Punto Cero, a invertir en Cuba. Ya lo he leído por ahí. Son los síntomas del neo-2018.
¿Todo esto es nuevo?
Pues no. Yo lo he estado diciendo desde hace dos años, en Twitter y en mi blog. Y no soy el único en la pandilla, hay otros cubanos, no muchos, pero hay otros pocos que llevamos algún tiempo diciéndolo, arañando en el mar, no siendo escuchados. Aún hoy, ayer para ser exactos, alguien saltó nervioso en Twitter porque uno de ellos habló de “post-castrismo”, entendiéndose como “post-castrismo con Castro” y molesto ofendió. No leemos contextualmente, nos insultamos y ofendemos sin saber las circunstancias reales de lo que se dice. Vivimos un neo-mundo muy particular los cubanos. Y así amaneceremos un día del 2018 con esta neo-Cuba, multi neo-partidista donde los hilos de acero de una generalocracia estará moviendo invisiblemente los resortes de la sociedad cubana.
¿Les resulta agradable la pintura futurista?
Pues a mí NO, pero ¿qué carajo le voy a hacer? Así estamos, a los bordes mismos de la neo-Cuba.
¡Que Dios nos ampare de ella!

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