Sunday, January 19, 2014

Desde las Gradas

De niño siempre me gustó el béisbol. Lo jugué apasionadamente aunque no era un gran pelotero. Buen pitcher pero mal bateador, así me podría haber definido en aquel entonces. De todas formas para mí quedarme en el banco, o estar en las gradas, no era una opción, prefería irme a leer un buen libro o a jugar a las bolas y los trompos con otros amigos. De juguetes lo que siempre quise tener fueron guantes, pelotas, bate, todo tipo de implemento de béisbol de forma que, para hacer el equipo, un buen equipo de pelota, tenían que contar con mi persona… porque constaba en mi haber con prácticamente todos sus preciosos implementos. Suerte de chantaje, vamos.
Ya de adulto nunca me ha gustado mucho ver el deporte en la televisión o desde las gradas, me resulta aburridor. Mi temperamento y personalidad es de estar allí, en el montículo, o corriendo detrás del balón en el futbol – fuí un buen delantero en mis años de adolescente y en la universidad. Y así he seguido siendo, aún hoy practico futbol con un grupo de amigos aquí en Canadá los fines de semana… cuando el invierno no azota.
Traigo a colación el béisbol, y esta obsesión mía con estar en el centro del juego, a propósito de una entrevista a Odelin Alfonso Torna en el Diario de Cuba. Debo añadir que no es una crítica a su persona, ni tampoco a él como periodista. Quizás, vamos a decirlo de alguna forma, es la última gota que cayó en mi vaso de vino, o agua si usted no degusta de un buen Syrah.
En la entrevista en cuestión el periodista se deslinda como el quincuagésimo no-opositor al régimen, otro no-disidente. Honestamente, en estos días la oposición a Castro en el país se ha llenado de estos personajes. Todo el mundo quiere deslindarse de la peligrosidad ideológica que presupone ser opositor, disidente. ¿Es que no serlo significa no tener ideología?
¿Qué tipo de trabalenguas es este?
Ahora mismo hay anunciado un evento en Miami - Hackaton es su nombre - donde la figura estelar es Yoani Sánchez, otra de nuestros no-disidentes, no-opositor. En este evento su promotor nos dice que “no es ni político ni ideológico”. ¿Qué cosa es entonces?
No quiero que se tome esto como una crítica personal a la bloguera, porque ya se sabe que entonces todo se deslinda en esto, aunque aquí nadie es divino y está exento de ser blanco de críticas. Pero usted suma y, por lo que ve, hay demasiados cubanos subidos en las gradas y en el montículo sólo un equipo de pelota juega… que no es precisamente el opositor, sino el gobierno.
¿Qué vamos a hacer? ¿Mirar sólo la pelota? ¿Esperar que alguien salga del “bullpen” donde está calentando el brazo para enfrentar al adversario y entonces, desde las gradas, describir con esa perfecta fórmula insípida de periodismo occidental, de “realismo-mágico” estilo Kapuscinski como un equipo bien uniformado de represores le cae a pelotazos al pobre y solitario pitcher?
Estos periodistas del realismo narrativo se olvidan de que Kapuscinski inventaba y sazonaba sus historias, decía mentiras, fabulaba y, peor de todo, era un colaborador de los servicios secretos de la Polonia Comunista. Y mucho más, no responden a la tradición periodística cubana… jamás.
¿Martí sería hoy un no-disidente o no-opositor? Me pregunto.
¿Llamaría el hombre que con un rayo en su pluma azotó el artículo del The Manufacturer por injurioso a la cubanidad y al cubano a Kapuscinski “maestro”?
Lo dudo, y para recordar en las propias palabras del Apóstol en la misma carta al editor del The Manufacturer a estos que se encaraman en las gradas de nuestro país para reportar el juego de pelotas:
“No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a The Manufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción…”
¿O sí?
¿Es que en esto, desgraciadamente, nos hemos convertido?
Nuestra tradición periodística nunca ha conocido de este periodismo descolorido, inodoro e insípido. No es nuestra tradición si se lee a Martí, y se es consecuente con su prosa y acción. La historia de nuestras letras lo dice, y de todos los bandos. Desde Rubén Martínez Villena hasta Jorge Mañach.
¿Por qué tenemos que mirar hacia El País si tuvimos un Patria? ¿Para modernizarnos? ¿Es que la modernidad implica desideologización? ¿Qué cosa es desideologización? ¿No compromiso?
Todo esto es, como bien lo dice Vargas Llosa en “La civilización del entretenimiento”, y citando a Fernando Savater, una “imbecilidad social”, periodismo “light”
Tristemente yo veo hoy a Cuba encaramada en esas gradas, mirando el terreno vacio. Esperando… ¿por quién?

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