Sunday, April 28, 2013

El espejismo de internet en Cuba



Acabo de leer un artículo de Eric Schmidt, CEO de Google, donde predice, con cierta presunción de prestidigitador virtual, que en el 2020 todos los que nos llamamos humanos tendremos una conexión física o virtual a internet. Por supuesto, yo no conozco al Sr. Schmidt personalmente y no tengo forma de poderle hacer algunas preguntas necesarias después de leer su artículo, y saber que las leería y contestara entiéndase. Vivimos en realidades diferentes, es lo más que puedo decir. Pero puedo cuestionar lo que él escribió esperando que el libro donde hace sus vernáculas predicciones salga a la venta y lo pueda leer, para ver si logra contestar algunas de mis preguntas.
Pero en otra secuencia de pensamientos se me antoja también que lo que Eric Schmidt predice es solo ese espejismo de su elevada estatura sobre nosotros, simples mortales. Después de todo él, a diferencia de muchos de nosotros, viaja en la clase ejecutiva de los aviones - si es que no posee uno -, no se reúne con los Mursi de Etiopía ni los Botocudos de la Amazonia, no tiene el temor de morir lapidado por un tribunal de Irán ni enfrentar actos de repudio del gobierno cubano por solo levantar una flor en su mano.

Las prioridades del Sr. Schmidt en los momentos que hace estas declaraciones pueden ser vender muy bien su preciado libro, e incluso podemos hasta predecir que el buen señor conceda lo ganado de esa venta a alguna causa de caridad en algún lugar en el mundo... para después presentar su correspondiente contribución a la caridad pública en su reporte al fisco del año, entiéndase.

No estoy siendo cínico. Cada persona piensa, desgraciadamente, como vive y el sr Schmidt no conoce lo que es el hambre en África, ni una cárcel en Bahréin o un confinamiento en solitario en una cárcel en Cuba. Y para decir todo lo que pienso sobre las declaraciones del famoso CEO, tengo que decir que hay demasiadas cosas de qué preocuparse en este mundo real con 4.6 billones de seres humanos sin internet, casi el 68% de la población de este planeta, como para que nos estemos preocupando por el mundo virtual de su famosa compañía. 

Pero por otra parte este señor le sirve en bandeja de plata a un espejismo que los cubanos estamos sufriendo en estos días: el espejismo de internet en Cuba.

Ya se sabe toda la historia del cable ALBA-1 entre Venezuela y Cuba. No voy a hablar de eso, hay suficiente páginas virtuales dedicadas al asunto como para ir a Google sin necesidad del Sr. Schmidt y buscarlas. Pero es importante hacer algunas aclaraciones a ambos lados del espectro político del problema cubano: la dictadura.

Los voceros del gobierno cubano insisten en achacarle al embargo y al atraso técnico la baja conectividad a la red de redes. Ya sabemos que en virtud de internet, y gracias a ella, el castrismo ha ganado el campeonato de las quejas internacionales sobre el embargo. Suponiendo que esto fuera así, ¿cómo se explica las horas de privilegio de voceros oficialistas en las redes sociales, su velocidad en sus conexiones y el acceso continuo a internet de estos depredadores de opinión?

Y sobre el embargo, ¿qué respuesta se le da a la decisión de permitir que las compañías de telecomunicaciones hagan negocios con Cuba por parte de la Administración Obama? Los términos del embargo no funcionan en este asunto de las telecomunicaciones. El pueblo de Cuba desconoce abrumadoramente esas declaraciones y decisiones ejecutivas de la presidencia de Obama, pero el mundo tiene a Google y puede buscarlo ahí sin necesidad del Sr. Schmidt y muchos gracias a él. Por supuesto, están los que nunca buscan nada, de esos no vale ni la pena gastarse un segundo de tiempo útil.

Y en cuanto al cuento técnico. Sí, existe atraso tecnológico en las redes de telecomunicaciones de Cuba para hacer llegar al usuario final internet con los estándares actuales de velocidad de dicha red. Las redes telefónicas en Cuba no resistirían el tráfico de internet, aún cuando Cuba cuenta con una pobrísima cobertura de computadoras domésticas en su población común, esa que muy poco se asoma al mundo virtual. Hay que agregar, además, que las redes de telecomunicación de la capital cubana también difieren abismalmente de las del resto del país en tecnología, cobertura y servicios. Todo esto es cierto, sin embargo, ¿es ese el real escollo para internet?

No, en lo absoluto. La respuesta real es que el gobierno cubano NO QUIERE invertir en el sector de las comunicaciones para llevar internet al usuario final. Es estrictamente la voluntad política lo que detienen las inversiones tecnológicas en Cuba. Y de hecho sus autoridades han recordado más de una vez que, internet y el mundo virtual, tendrá "un uso social" y punto.

¿Que significa "uso social"? 

Inversión en universidades, clubes de computación, escuelas tecnológicas y sector educacional, determinado sector productivo, periodismo que en Cuba significa oficialismo, y sectores de la política oficial del gobierno. Es decir, todos los lugares donde puede internet ser monitoreada, vigilada, censurada… pero NADA en el sector privado, en la población.

No se puede olvidar además, hecho importante, que hace dos años el gobierno de Cuba le compró a la compañía italiana que tenía una parte de ETECSA (monopolio de comunicaciones del país) el porciento que tenía para tener el monopolio ABSOLUTO de las comunicaciones en Cuba.

Este último paso viene a demostrar a las claras que el gobierno de Cuba NO QUIERE inversiones extranjeras en el sector, factor determinante para modernizar el país y hacer llegar a los cubanos internet. Como se ve, es VOLUNTAD POLITICA lo que detiene a la red de redes y no inversión, tecnología, ni embargo. ¡Fin del mito castrista!

Ahora volvamos al otro lado del estrecho virtual de la Florida: el sector disidente. Aquí también nos llueve sobre lo mojado en los espejismos.

Hay un grupo de disidentes virtuales que restringen su accionar a las redes y al mundo tecnológico. Quiero aclarar antes de seguir en este punto, y en orden de eliminar suspicacias, que yo soy informático y veo con mucha simpatía el conjunto de cubanos que ofrecen la alternativa real al mundo falso inmutable del oficialismo. Pero de ahí a pensar de que internet sería el factor decisivo para la liberación del cubano va un enorme trecho. No es, ni puede ser, una prioridad en ninguna agenda.

Las tecnologías pueden ser usadas para alcanzar la libertad, pero también para esclavizar y ahogar el grito de libertad. Es la forma de utilizar el sector tecnológico lo que determina su utilidad porque son herramientas... PERO NO PUEDEN SER EL FIN.

Veo con verdadero asombro que hay un grupo de cubanos que claman por internet otorgándole un papel divino al logro de la libertad espiritual, social y política del ciudadano puntual cubano. Les recuerdo que lo esencial es lograr la libertad porque las tecnologías son solo mecanismos transmisores de esa misma estructura social, espiritual y política de cualquier país.

Yo se que internet y la tecnología es un mundo asombrosamente atractivo, vamos, es mediático y glamoroso, pero me causa filosófica tristeza ver que se levanta el altar divino a la virtualidad en vez de luchar por el altar humano a la libertad del individuo como ser puntual físico.

Sí, SOMOS+ los que creemos que Cuba sería mejor sin Castro, pero SEREMOS- si invertimos las prioridades, nos dejamos deslumbrar por solipsismos tecnocráticos y sucumbimos en lo alto de la torre como Segismundo, el héroe de Calderón de la Barca. Sucumbiríamos al mismo sueño tecnocrático del que nos habla el Sr. CEO de Google pero en un universo político y social distinto.

Hay que retornar a la esencia del asunto cubano, la dictadura de Cuba, que no es un tecnicismo ni habita un mundo virtual y replantearse los objetivos esenciales.

No se puede luchar por una libertad tecnocrática sino existe una LIBERTAD REAL.


Saturday, April 20, 2013

El mar que nos separa


No, no tiene que ver con las fronteras marítimas de nuestro país, Cuba. Tampoco voy hablar de esos magníficos escritos de Hemingway sobre sus aventuras en las aguas del Caribe, ni la de su conocido viejo en el mar que rodea nuestra isla. No voy a hablar de la geografía acuática que separa Miami de La Habana, donde tantos cubanos han perdido la vida en una desventurada travesía hacia la prosperidad y la libertad.
Hay un mar mas allá de las aguas, de las coordenadas geográficas, físicas, de nuestro verde archipiélago encadenado. Un mar de ideas, filosófico e ideológico que nos separa mucho más a los cubanos que las corrientes espumosas de esas 90 millas entre el punto más al norte de Cuba, y la primera ensenada en suelo norteamericano. Ese es el mar que más nos divide y separa, que más nos convierte en enemigos del que en la isla piensa diferente a nosotros mismos, que señala un camino alternativo al largo sufrimiento social y familiar por 54 años.
Me duele pensar, y cada vez lo pienso con más dolor, que somos nosotros mismos, enclavados en nuestra intransigencia al régimen, pero también agarrados a un egotismo ancestral que arrastramos al exilio, lejos de la Patria, lejos del pequeño promontorio de tierra que nos vio nacer. Y entonces, agarrados a esa tabla acusamos a unos y a otros porque piensan en un camino diferente, o dibujan un enfrentamiento distinto a la dictadura cubana. Nos convertimos en peñón donde las aguas espumosas de otros alcanzan sus ensangrentados argumentos.
No menciono nombres porque es un mar lleno de ellos. Desde aquel en la isla que crea un proyecto nuevo porque quiere escribir con su letra su propio nombre autoral en él, hasta el que mas acá se ofende porque alguien declara querer abrir un nuevo periódico digital en Cuba, ignorando algún otro que ya existe en esa isla digital, virtual, la isla que nadie lee ni puede leer por el cerco de aislamiento y el embargo de internet por el gobierno de La Habana.
Me han bloqueado en Twitter, otros se han ofendido y se han marchado de mis seguidores, algún nombre me ha disparado una ofensa para nunca más contestar. No, el mar que nos separa está en nosotros mismos. Desde aquel que no quiere ceder en lo trivial para asumir el centro neurálgico de nuestro problema: la existencia después de 54 años de la misma tiranía que encendio sus faroles rojizos en La Habana de 1959.
Resulta curioso, desalentador a veces, que amigos venezolanos, españoles, argentinos y de cualquier otro punto geográfico de este planeta me tiendan la mano, me salude con simpatía y amistad y acepte mis diferencias,  y el cubano decida huir, bloquearme la cuenta, como si al no oírme o leerme en Twitter provocara mi no-existencia. Pero aun estoy aquí, existo.
No es un suceso aislado a mi persona. Yo soy una minúscula partícula de eternidad cubana en el exilio de nuestro país en el planeta. Algún otro nombre con mas luz, brillantes o aderezo y cuya autoría acapara mas titulares, menciones en televisoras y diarios, así como aplauso generalizado en la masa virtual internauta como Yoani Sánchez también se encalla en este mar de divisiones y aislamiento.
Acusamos al castrismo de los insultos, pero ¿nos escuchamos nosotros? ¿Por algún momento callamos nuestra voz, cerramos sigilosamente el capítulo y recomenzamos a leer ese libro que hemos escrito en nuestra vida para ver qué hemos hecho mal, de qué debemos arrepentirnos o al menos re-escribir y tratar de escribirlo mejor?
Yo lo he hecho, no me apena confesarlo. Me arrepiento y me arrepentiré todas las veces necesarias que entienda necesario hacerlo hasta que mi curso llegue a final feliz. La vida no es una línea recta entre dos puntos trazados en el espacio y en el tiempo. No somos componentes inmutables de ninguna geometría analítica social. Rectificar en un concepto no es una ofensa ni es un bochorno a nuestro nombre. Nadie es dueño absoluto de la verdad y es correcto equivocarse y enmendar. Los cubanos no seremos dueños de nuestro destino hasta cuando no aprendamos las lecciones que la democracia enseña: a escuchar, compartir criterios y opiniones con serenidad y altura intelectual, pero sobre todo con inteligencia.
El castrismo, sin embargo, nos enfrenta indivisible, sin brecha visible mas allá de las palabras. Ya sabemos que es artificial y es producto de la propaganda, pero es consistente en el núcleo principal: dividirnos. Y lo consigue.
Cada vez que un cubano libre ofende, acusa a alguien en cualquier espectro de la disidencia con algún epíteto grosero, bochornoso, despreciativo, está empujando esa corriente impetuosa que nos divide. Le está poniendo gratuitamente en las manos a los cancerberos del régimen la fruta codiciada de la división.
Repito una vez más: no quiero mencionar nombres, no quiero contribuir con mi soplo a esa corriente perversa. Al menos, no lo quiero hacer… ahora. Prefiero esperar, dar una segunda oportunidad. Después de todo, la paciencia es la sabiduría de los dioses, alguien dijo eso en algún lugar que no recuerdo.
Quiero pedir un minuto de unidad esencial para construir un puente invisible sobre nuestras diferencias triviales. La única forma de reconstruir nuestro país es hacer un culto del respeto al derecho a la diferencia de cada cual. Sin esa llave esencial no podremos entrar en la Cuba del futuro… al menos no en la Cuba democrática que todos queremos.