Sunday, February 24, 2013

Parlamentarios cubanos, ¿y el vaso de leche qué?


Sobre el “parlamento” cubano se ha escrito mucho y no se ha llegado a nada. De hecho el vocablo mueve a la sincera carcajada. La función de cualquier parlamento es la discusión y la toma de decisiones en un país, es el máximo órgano del poder – se supone –, la cámara donde se crean, discuten, se ajustan y aprueban las principales leyes y planes de cualquier gobierno. En el caso del cubano, sin embargo, las primeras opciones se diluyen en solo una presentación formal para que el pleno levante las manos y las apruebe. Desde que se “institucionalizó” la dictadura en Cuba ese órgano sólo ha aprobado sin chistar lo que los verdaderos representantes del poder le han presentado.
Y de discutir nada. Una asamblea que se reúne dos veces al año con uno o dos días de duración no tiene tiempo de discutir nada, es sólo un ejercicio diurno para levantar la mano, suerte de gimnasia publicitaria. Y es eso lo que desde el inicio fue el objetivo de ese “órgano de poder”. Simple reunión de ovejas.
La primera función de un parlamentario es representar a sus electores y en Cuba eso es como jugar al hula-hula al ritmo del dictador en cargo: ayer Fidel Castro, hoy el otro con el apellido, ¡quién sabe si mañana tendremos a Mariela que ya está por decreto incluida!
La pregunta que todo ser coherente se puede realizar es ¿cómo un parlamentario cubano que no vive en el territorio de sus electores puede representarlos? Raúl Castro a todas luces nunca ha tenido su vivienda personal en Santiago, pero es allí donde es “propuesto” y “elegido”. A propósito, tampoco nadie le ha preguntado por qué no vive allí.
Pero esto es conocido por todos en Cuba. Allá nadie cree, ni se atreve a pensar que el “parlamento" discute nada, sólo aprueba lo que le presentan y punto. Y la gran mayoría de los cubanos ni le presta atención a las sesiones que dos veces al año la televisión única distribuye para rellenar su programación. Sin embargo, es importante recordar que la función fundamental de un parlamentario es discutir las propuestas del gobierno en sus planes y proyectos de leyes y, sobre todo, cuestionar lo que no se ha cumplido y los porqués. La parte de los porqués está, al parecer, desaparecida de las funciones normales de un parlamentario cubano.
Hoy Cuba elige su próximo “parlamento” por cinco años. Me pregunto si alguno de estos “elegidos” tendrá el valor de preguntarle a Raúl Castro por el vaso de leche que le prometió a “sus electores” hace cinco años atrás. Vamos, ¡para algo están los que han sido elegidos por el pueblo!, al menos levanten la voz y pregunten dónde está el desaparecido vaso de leche para los niños y los ancianos, porque muchas veces se olvida que también los ancianos están desprovistos del más elemental renglón alimentario en su dieta personal.
En estos días la bloguera cubana Yoani Sánchez ha visitado el Congreso de Brasil y expresado allí el deseo de que el parlamento cubano se parezca a lo que ocurre en ese órgano de poder en Brasilia. La bloguera expresó su deseo de oír alguna discusión, y presenciar al menos la tímida interjección al gobernante cubano sobre ese famoso vaso de leche que prometió hace tantos años y aún sigue desaparecido de las mesas cubanas - esto lo agrego yo. Ah, y ahora que el señor bromeó sobre su “derecho al retiro” también preguntarle ¿por qué no recordó ese “derecho” 40 años atrás?
Después de todo, ya llevan en el castillo feudal cubano más de 50 años prometiendo villas y castillas, nunca enfrentados a ninguna discusión o simple pregunta, jamás cuestionados y mucho menos tocados tangencialmente con alguna crítica por incumplir lo prometido. 

Los parlamentarios en Brasilia, los muy conocidos tontos útiles de izquierda, le preguntaron a la bloguera por los cinco espías. Bueno, es hora también de que sus colegas en Cuba le pregunten a Raúl Castro por los miles de dólares que su gobierno gasta en cinco culpables que, no sólo espiaban para una potencia extranjera en Estados Unidos sino que además se negaron a colaborar con la justicia, negando incluso su identidad a las autoridades norteamericanas, con la agravante además de que dos de esos espías son ciudadanos norteamericanos – esto nadie lo dice, nadie lo recuerda y la prensa cubana lo calla con complicidad.
Es hora que le pregunten por qué gasta miles y millones de dólares en viajes a familiares de su mismo apellido a New York, Los Angeles y el resto del mundo mientras el vaso de leche sigue sin estar presente en la mesa cubana.
Es hora que le cuestione, ya que hay broma de por medio, ¿por qué no se cuestionó los derechos de los ciudadanos cubanos a poder cuestionarlos a ellos mismos? Ah, y que le cuestionen también cuánto gasta el gobierno de su persona en viajes de tontos útiles pro-castrismo a Cuba mientras el prometido vaso de leche sigue ausente.
Por supuesto, todo esto es un ejercicio literario o intelectual, como usted quiera llamarlo. Si fuéramos a hacer la lista de las promesas incumplidas y nunca cuestionadas la primera y más fundamental sería la de la propia renovación de una revolución que nunca ha formado su continuidad… porque no la tiene, ni la ha querido por temor a que los hubieran desplazado del poder.
El señor Raúl Castro “bromea” sobre su posible derecho a “retirarse” como los viejos emperadores romanos que se retiraban a alguna isla griega, o a alguna parte de la rivera mediterránea mientras conservaban en sus manos los hilos de poder por donde desbancar cabezas atrevidas.
Ironías de la vida, aún en los peores tiempos de Roma, cuando Calígula hacia perder alguna cabeza que no le gustara en el senado, los senadores romanos seguían teniendo virilidad suficiente como para cuestionar la voz admonitoria del emperador de turno… a costa de sus propias vidas, está claro.
En Cuba, sin embargo, aún nadie se ha vestido de valiente en ese “parlamento” para preguntar por el desaparecido vaso de leche.

Saturday, February 23, 2013

El viaje de Yoani Sánchez


Confieso que he estado ausente de las redes sociales por un largo tiempo, y también de mi blog. A veces es importante retirarse un poco del medio y mirar desde lejos, observar el terreno con la ventaja del ojo discreto, no ser la mano que mueve la ficha del ajedrez sino el simple espectador que observa ese juego, ser el testigo y no el elemento en la partida. Es así como he estado por alrededor de dos meses, leyendo y observando la partida de ajedrez, el cruce de fichas y el posicionamiento de peones en el tablero. Y es así que he visto partir a la conocida bloguera de Cuba y seguir el tráfico de su persona por Brasil. Algunos sucesos a su paso eran de esperarse, y me explico.
Más de 20 ocasiones el gobierno cubano le negó la salida a Yoani Sánchez sin darle ninguna explicación oficial, aunque los motivos siempre han sido muy obvios. Y entonces aparece la “descongelación” de los trámites de salida para los cubanos de la isla y se le concede a la figura más reconocida internacionalmente como disidente el multi-solicitado pasaporte. La pregunta evidente es, ¿por qué el No antes y por qué el ahora?
¿Qué se pretende con el permiso a Yoani Sánchez a viajar que antes no era posible alcanzarlo?
Las especulaciones pueden ser muchas, pero yo no soy ni un oráculo griego para adivinar los pensamientos ocultos o semi-transparentes en las decisiones castristas, y no quiero convertir este post en fuente de esas mismas especulaciones. Sencillamente, les dejo esa tarea a otros.
Lo bien cierto es que con el viaje de la más conocida bloguera el gobierno de La Habana ha lanzado una campaña internacional para tratar de embadurnar, de algún modo, su nombre y el prestigio que instituciones de prensa y académicas han levantado con premios y menciones. Y, sobre todo, tratar de oscurecer su prestigio en las redes sociales donde su estrella brilla por encima de otras conocidas figuras, disidentes y expresos políticos.
A Yoani Sánchez hoy se le escucha tanto o más que al propio Raúl Castro, y toda la pléyade de ministros y miembros del gabinete castrista. Su voz tiene más peso político que la del propio ministro del exterior cubano, el “parlamento” nacional y la prensa de Cuba. Cada palabra de la bloguera es repetida por “amigos y enemigos”, seguidores incondicionales y fervientes detractores de su figura. Y es así que el viaje de Yoani adquiere, de las dos partes, una importancia que yo creo ni la misma bloguera aún tiene el total conocimiento de su alcance.
Como era de esperarse, con ella no solo viaja su persona, sino también la represión de Cuba a cualquier lado donde se mueva la bloguera. Ya lo vimos desde que desembarcó en el aeropuerto en Brasil hasta las muestras de hostigamiento y violencia en cada uno de esos lugares por donde ha viajado. Seguirá apareciendo, por supuesto, en el resto de su gira y volverá a aparecer incluso en predios donde tan poco se aplaude a Castro como en Miami. Sinceramente, Miami será uno de los puntos más interesantes a observar con detenimiento.
Pero el viaje de Yoani Sánchez también nos sirve a los cubanos para poder dimensionar humanamente a esta persona. Oírla más de cerca, verla equivocarse, rectificar y volver a contestar una pregunta difícil, un hecho controversial o agregar una pequeña nota de humanidad mas allá de la frialdad de un post en su blog o en un escrito en la prensa.
Sin  embargo, el viaje de Yoani permite reconocernos mucho más a nosotros mismos los cubanos en comparación con su figura y es aquí donde yo, personalmente, veo la verdadera importancia de su viaje.
Sólo unas pocas horas atrás la bloguera se refirió a uno de los temas que divide a la comunidad cubana, más allá de las aguas territoriales de Cuba y del Caribe: los cinco espías. Yoani Sánchez insistió que había utilizado una evidente ironía cuando habló de la posible liberación de esos espías y que el sentido de sus palabras no había sido capturada por sus paisanos alrededor del mundo, levantando la muy conocida jauría de opiniones en su contra. No voy a defender ni sus palabras ni voy a expresar mi opinión sobre la forma en que utilizó esa figura literaria para exponer sus ideas, si realmente lo hizo. No es lo importante en este caso.
Lo esencial es que ante su opinión “amigos y enemigos” se lanzaron al ataque. Insultos y acusaciones, manipulación y violencia verbal contra la bloguera por parte de ciudadanos de su propio país mientras la cubana cosechaba simpatías y amistades con la de otras nacionalidades, aún con personas que están lejos de su posición ideológica con respecto a Cuba. ¿Cómo es posible esto?
Sin embargo, la pregunta medular no esa sino: ¿hemos aprendido los cubanos las lecciones de la democracia en los lugares donde vivimos?
¿Sabemos escuchar a los que no tienen nuestra simpatía ni nuestras ideas políticas?
¿Sabremos hacer uso de las herramientas de la democracia algún día cuando la dictadura se derrumbe y no apelar al insulto y al gesto grosero como respuesta?
Porque, honestamente, esto es lo que ha ocurrido con el viaje de Yoani Sánchez a Brasil y sus palabras sobre los cinco espías. ¿Cómo podremos levantar de las ruinas autocráticas a un país cuando sus ciudadanos no somos capaces de escuchar con paciencia a los que opinan de forma diferente?
La democracia no se construye con insultos, que es precisamente lo que ha enviado el régimen para que persiga a Yoani Sánchez durante su gira. Si los que vivimos en países democráticos nos lanzamos insultar  la primera manifestación de divergencia sobre nuestros pensamientos políticos a una persona que evidentemente juega en el mismo lado del tablero politico, ¿qué vamos a esperar de los cancerberos tradicionales del régimen?
¿Cómo vamos a exigir que se respeten los derechos de los demás si nosotros mismos tratamos de apalear con nuestra grosería e insultos a los que disienten de nuestras ideas?
Albert Einstein dijo en alguna ocasión:
“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.”
Se habrá Yoani Sánchez equivocado al utilizar la ironía, o sencillamente no supo colocar su pensamiento en el lugar justo en ese espacio-tiempo, o probablemente no calculó el alcance de sus palabras. La pregunta que todos deberíamos habernos hecho es, ¿cómo usted hubiera reaccionado en ese instante y qué hubiera dicho?
A todas luces la bloguera no es el conocido político que calcula con astucia lo que va a decir y cómo lo va a decir para no causar molestia, pero eso mismo lejos de denigrarla la enaltece, porque demuestra que es mas auténtica que muchos otros y demuestra, sobre todo, que está diciendo sus más íntimas opiniones. Y eso, en mi muy personal opinión, es más importante que todos sus posts en el blog personal que mantiene por tantos años.
Y mucho más importante para nosotros debe ser entonces el expresar con sinceridad nuestra personal opinión sin usar las mismas herramientas que la represión ha utilizado estos 54 años en el poder en Cuba. El insulto es fácil emitirlo, expresar una opinión de manera articulada y coherente con respeto es la única manera de influir con prestigio sobre los demás para derrumbar los muros de la represión y las armas de la dictadura. Si no lo podemos hacer es mejor quedarnos callados y dejar que los que lo logren manifestar con coherencia la emitan. El silencio a veces es más importante que la misma palabra.
Nunca he sido un incondicional defensor de la bloguera cubana. Hay capítulos en su vida personal y en su actitud que me han hecho cuestionar su opinión, y sus criterios y acciones. Pero eso no me da ninguna autoridad para ofenderla y usar el insulto contra su persona como vehículo para desprestigiarla y convertirme en un tornillo mas, incondicional, del régimen que ella misma condena y enfrenta. Y, sobre todo, no me hace a mi muy superior como persona y como ser humano a ella misma.
Esta vez y, posiblemente muy a pesar de algunos, mi solidaridad está sin ningún límite con su persona. Se debe respetar para ser respetado.