Sunday, December 29, 2013

Juan Formell y las Trufas

“Yo no tengo nada que ver con un hecho político. El mío es musical y cultural”
No lo he dicho yo, esto lo dijo recientemente Juan Formell en una entrevista a la cadena Russia Today. Por supuesto, más vale una foto, una imagen que mil palabras, y la foto que encabeza este post tiene la fuerza de todo lo que pueda yo decir, y mucho más. Aquí vemos a este señor que dice que “La música es la música y la política es la política”, y trata de escabullirse de cualquier tipo de compromiso con su pueblo, con una actitud moral y coherente, pero – y sobre todo – con la historia de sí mismo, su historia.
Para ningún cubano es un secreto que Formell ha estado en cada motín culturoso reclamado por las autoridades políticas del gobierno de Cuba. No hablo de mitin, digo motín en la aserción exacta de la palabra: una rebelión contra el orden establecido de la cultura, porque eso es de lo que se trata, a eso ha quedado el “hecho cultural” en la Cuba de hoy. Formell ha acudido como el sereno corderito al matadero moral, ha tocado su zandunguita y, de vez en cuando, ha renegado de no querer “ningún Grammy” en esas plazas, que no le interesa, él está por encima de ellos… para acto seguido salir corriendo a alcanzar el avión hacia Miami.
Es simplemente Patético. Pero, aún por muy conocido, aún porque todos los cubanos lo sepamos,  hay que volverlo a recordar, porque mañana gentuza como esta que dice que lo “suyo” es un “hecho cultural”, y no ha tenido nada que ver con los “hechos políticos” hay que reclamarles una condena moral justa, por la carga de ignominia, complicidad y desvergüenza que ha paleado sobre lo que verdaderamente significa cultura, y sobre el nombre de otros que han asumido su carga de civilidad al costo de sus propias vidas.
Los artistas, la intelectualidad, son la conciencia de todo pueblo, y de toda sociedad. Y cuando esa “conciencia” medra con el abuso, cierra los ojos y mira hacia otro lado, o sencillamente, como hace este personaje, trata de re-escribir su propia historia para engañar a bobos, hay que recordarle una y otra vez, que esa sociedad a la que ayudó a destruir le pasará en algún momento su cuenta, al menos y, posiblemente, como se debe merecer un esperpento hipócrita como este: con el olvido a “su hecho cultural”. La cultura vive, se nutre de la memoria artística, es esencialmente ella, bien le valdría recordárselo él mismo.
Desgraciadamente, el “hecho cultural” que hoy se vive en Cuba es un hecho de oportunismo, que es esencialmente político. Cerrar los ojos, tratar de hablar trabalenguas, o sencillamente enredarse en su propio lenguaje es lo típico de los elementos subculturales que componen la “cultura socialista” del momento. Póngale usted los nombres, hay muchos.
Hubo épocas en que el país podía darse el lujo de exhibir artistas íntegros. Hombres y mujeres, escritores, músicos, pintores, artistas todos que vieron cerradas las puertas por comprometerse dignamente a favor de la libertad, la independencia de pensamiento, la coherencia. Esos tiempos hace rato pasaron ya. Hoy queda el subproducto de aquello, los restos. Esta hemorragia de “trovadores” que tocan las cuerdas de alguna guitarra enchufada a una ideología, o a lo que queda de ella, porque ya ni eso es ideología.
Tanto a Formell, como a los Varela, y a estas excrecencias culturosas, que no culturales, que dicen la “cultura es cultura” y tratan de excretarse del hecho social tenemos que recordarle, una y otra vez, a Beethoven, más de dos siglos atrás y su honorable y patriótica actitud al romper la página que daba nombre a su Sinfonia Nro 3, “Eroica”, dedicada a Napoleón, el mismo día que aquel en quien vió engendrado el espíritu de  la revolución francesa se autoproclamó emperador, traicionando sus propias palabras, sus propios principios e ideas.
Beethoven debería ser la palabra que debiéramos gritarle a Juan Formell cada vez que dice que lo suyo “no es la política”. Beethoven deberíamos decirle cada vez que abandona apresuradamente uno de esos motines culturosos para saltar a Miami a ganar algunos dólares. Beethoven deberíamos decirle cada vez que se hace sonriente fotos con personajes como este que encabeza el post, el miembro “demeritado” de la raza negra en la dictadura más larga de América. Beethoven cada vez que se calla, y acude como corderito a tocar en una de esas plazas al llamado de sus empleadores. Beethoven cada vez que comete su propio suicidio como ser digno.
El deber sagrado de un artista es ser, en primer lugar, un buen ciudadano de su país. Y el deber de todo ciudadano es ser un hombre honesto, coherente y virtuoso. La cultura no sirve para un individuo encerrado en su campana. La cultura está frente al país, es el reflejo de ese país, le sirve y se levanta desde sus raíces. Yo no sé si este trabalenguas escatológico de Juan Formell se desprende de algún estado personal de drogodependencia, cuestión que en algunas ocasiones ha estado en el rumor popular en Cuba con respecto a su persona, digámoslo de una vez.
Lo bien cierto que a lo primero que me recuerda es a aquella entrevista a Stevenson por la televisión cubana, donde el multicampeón nos zarandeó con aquello de “la técnica es la técnica y sin la técnica no hay técnica”. Risible, pero cierto. Dejemos a Stevenson, el pobre murió casi totalmente olvidado. Pero ya que Formell se atreve a este galimatías deberíamos hacerle algunas preguntas. Se las merece.
Si lo tuyo es el “hecho cultural”, ¿qué haces en cuanto motín político-culturoso convocado por el régimen de Castro?
Si lo tuyo no es política, ¿entonces como se entiende que hables de política, critiques a músicos y artistas que no temen hablar, aún al costo de equivocarse, sobre la triste situación de Cuba?
O, mucho más, ¿Cómo te atreves a acudir a marchas políticas levantando banderitas donde se lanzan consignas, se apoyan campañas contra espías presos, incluso en plazas tan profundamente comprometidas con la significación política en La Habana, como la que se encuentra frente a la Oficina de intereses de Estados Unidos?
Eso es POLITICA. Y que yo sepa, has ido allí de día a solicitar visas para visitar Miami, y de paso dar dos o tres declaraciones cínicas en aquel lugar, y en la noche has estado tocando al reclamo de tus empleadores frente a esa oficina de visado.
Has hablado del embargo, has ofendido con bochornosas declaraciones a otros artistas, y aún tienes la cobardía de tratar de esconderte como el avestruz debajo de la arena. Se entiende, como el mismo avestruz, sólo la cabeza. Es realmente patético.
Sin embargo, a lo que más te me pareces, Formell, no es a esos lejanos animalitos de Australia, sino a los cerdos. Y no a los que el cubano cría pacientemente dándole salcocho y restrojos, engordándolos pacientemente para celebrar la Navidad. Sino a los otros, a esos que por allá, por la refinada Europa cuidan pacientemente y los entrenan para la búsqueda de la codiciada trufa, ese deleite culinario, exquisito, altamente cotizado y precioso en el mercado. Eres como esos cerdos que hunden su calloso hocico en el fango, buscando el apetitoso manjar… solo que, a las trufas todo el mundo las conoce, y las recuerda. Los cerdos solo acaparan el fango.

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