Thursday, December 26, 2013

El Palestino

¿Se han preguntado alguna vez por qué los cubanos nos hemos dejado gobernar por un extranjero? No, no equivoco el término, ni el país, ni el género. Si se ponen a examinar los detalles íntimos de quien fue el dictador, el número uno, por alrededor de 50 años - hablo de Fidel Castro, para los despistados -, tenemos obligatoriamente que llegar a esta loca conclusión. Piénsenlo por sí mismos.
A los cubanos nos gusta la guaracha, la música con ritmo y zandunga, por eso nos gustó y nos sigue gustando la salsa, el son, Celia Cruz, el movimiento acompasado de las caderas de una esplendoroza mulata. Pero a Fidel Castro no le gusta nada de eso. De música nunca pudo nombrar a nadie, o casi nadie. Alguna vez dijo que le gustaba Sara González, lo cual significa que solo le gustaba los himnos y las trovas políticas, que es precisamente lo contrario de ser cubano.
Cuando al cubano le empiezan a recitar razones, justificaciones, políticas y llanto lo primero que dice es: "asere, deja la trova". Pero el sr Castro solo sabe dar "la trova"... de lo mismo. Ya saben: los americanos, el embargo, las invasiones yanquis, etc.
He ahí la otra diferencia. A los cubanos nos gusta lo americano. El chiclet, las peliculas de acción y el sonido monocorde del ingles. Y mucho Marilyn Monroe o alguien de esta curvatura geofisica - los pescaditos flacos, nananina. A Castro desde que se subio al poder lo único que ha hecho es odiar lo americano. Nada de peliculitas entretenidas y meneos curvilíneos de holywood, eso es "diversionismo ideologico". Bueno, a los cubanos nos encanta el "diversionismo", y la ideologia que se vaya pal carajo. Todo esto lo que ha hecho es que el pueblo de Cuba cada dia quiera estar mas cerca de eso mismo que él odia.
Al cubano le gusta vestir bien, perfumarse, estar "en la onda", ponerse la "última coba" para encontrar la "jeba" en el parque, la esquina o ir al cine. No para ver la pelicula de la pantalla gigante, sino para "hacer la pelicula" en el asiento, con la "jeba". Somos tan petimetres que en el siglo XIX hubo un idiota americano que llego a burlarse de nuestros ex-mambises en yanquilandia, y se atrevió a llamarles "dandies" y "petimetres", lo que le valio una muy buena y soberana reprimenda poética de Marti recordándole, con mucha jacundia y criolla sazón, que esos petimetres y dandies tenían los cojones en Cuba de enfrentarse con machetes a una tropa de arcabuzes españoles. ?Acaso él tambien?
Bueno, pues el sr Castro solo le ha gustado el color aburrido de la militaridad, el verde-olivo que quiso instalar como moda en Cuba, y a nadie gustó. ¿No les parece extraño que a un cubano solo le guste ese insípido color?
Somos lo contrario. Coloridos y colorantes con todo. Somos el reverso del aburrimiento y la monotonía. Lo militar nos aburre, nos repulsa precisamente por su monocordia. Al cubano la ordenanza le envenena el carácter, le asquea, lo manda como un cohete a bailar zandunga con un buen trago de ron y un buen acorde musical.
Y para "ponerle la tapa al pomo" a algunos de esos uniformados, especialmente a los policias, no los llamamos cubanos, les decimos PALESTINOS
Somos desorganizados por naturaleza, y gracias a Dios. Pero Castro no. Este, según testimonios de sublimes intelectuales y oficiales desgajados de su entorno, este tipo es ese alemanito puntilloso y detallado al que no se le puede "darle agua" a los papeles de su escritorio o de su Mercedes Benz. Por cierto, no tenemos Merecedes Benz... el tipo los prohibió. Y él tampoco es oriundo de donde vive. Es tambien PALESTINO.
El cubano es dicharachero, bromista hasta en la muerte, burlador empedernido hasta de su propia imagen en el espejo, carcajeador y optimista por gracia divina. No esperen eso de este elemento extranjerizante de apellido Castro.
Ni se ríe, ni le gustan las burlas, y el humor le está prohibido. Por eso desterró la bachata, el humor que como azúcar nos corre por las venas. Condenó artistas bromeadores, y chanceadores televisivos. La televisión cubana se volvió un periódico gris gracias a su humor salado y amargo. No conoce de burla que no tenga una seriedad almidonada y tiesa, y mirarse en el espejo no puede, a temor de que la imagen le saque la lengua como burla. Es un ser que, al parecer, Dios le negó la risa.
Perdóname, Dios, no quiero cargarte la culpa.
El cubano es opinador, dicharachero, gritador y pachanguista. No le gusta ser casuelero, ni meterse en los negocios de los calderos y la cocina. Pero este señor hasta eso ha tratado de inmiscuirse en nuestras vidas. Imponer recetas, calderos, ollas arroceras, faldas verde olivos y ordenanza casuelera. Más que un gobierno de hombres y mujeres, su sociedad parece conformada con esos útiles necesarios para nuestra comida porque, casi de facto, las mujeres las quiso ideologizar en la cocina.
Los cubanos amamos la familia, hacemos el culto sublime a los amigos, y el vecino lo incorporamos a nuestra parentela cercana, es mas que vecino, ese átomo necesario a nuestra casa, nuestro hogar, nuestro entorno afectivo.
¿Y Castro qué?
Bueno, respóndanse. Ni familia tiene. Herrmanos, hijos, amigos, vecinos y parentela los ha ido abandonando y a él poco le ha importado. No los quiere. A algunos los ha mandado a la cárcel, y a otros ni mencionarlos puede.. porque también cogieron su lancha para el lugar odiado. Es un ser avinagrado. No conoce de la fraternidad y el culto a la amistad. Nació privado de ese sentimiento gregario natural de nuestro instinto humano. Ahí lo tienen. Un hombre solo, al que nadie quiere y no quiere a nadie.
Ah, no. Un momento. Lo "quieren"... en el extranjero. Algunos de izquierda, esos que lo necesitan en otros puntos geográficos fuera de la frontera líquida cubana. Amigos de necesidad, no de sentimientos. Amigos de ideología, cerebralizados. Es el cerebro lo que funciona en esas amistades, no el órgano vibrante de las emociones y sentimientos, por si lo preguntan. Esos lo quieren "muchísimo"... especialmente para emborronar algunas cuartillas en los periódicos del mundo cuando necesitan emborronarlas. Incidentalmente, muy pocas se esas cuartillas aparecen publicadas íntegramente en los diarioss de sus gobernados. ¿Por qué será?
Pues ahí lo tienen. Un extranjero. Un Palestino. Un bicho exógeno que se ha enquistado en nuestra tierra con la condición de virus doloso que no cesa de envenenarla. Quizás sea eso lo que ha llevado a destruirla, y a levantar un muro de odios y divisiones dentro de ella. Este palestino vive encerrado en su viejo rencor, se ha avinagrado en él, y consumido. Hoy es ese pepinillo agrio y huesudo, arrugado y salado. Demasiado viejo para ser consumido. Demasiado rancio para ser degustado.
Palestino.

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