Saturday, December 21, 2013

Dennis Rodman… y la cáscara de un plátano

Es Corea del Norte, un país un poco más loco que Cuba y Venezuela. Un país donde miles, millones, nos e sabe cuántos viven en campos de concentración, muriendo de hambre, en un holocausto silencioso que todo el mundo conoce, y desconoce. Hay personas que no les importa esto, o al menos, desvían un poquito la mirada y pretenden hacer ver que desconocen, o que no hay cifras exactas, o que las estadísticas se desconocen por algún accidente. Para estas personas el desconocimiento de las cifras, las estadísticas o los hechos exactos es un problema que los desconectan del lado humano, esencial, del problema. Le ocurrió a muchos cuando el holocausto judío. Existían miles, millones muriendo a diario en aquellos centros donde el crimen se industrializo mas allá de las fantasías telúricas del poeta italiano Dante.
Y así pasa con Corea.
Entonces se nos aparece un antiguo jugador de la NBA, millonario, de nombre Dennis Rodman y descubre el “paraíso perdido” que es Corea del Norte. Si, la misma que Amnistía Internacional ha publicado un mapa de los campos de concentración-exterminio de Kim Jong Un. Para Rodman este coreano cara de melón es super. Se burla de figuras americanas de la farándula como Puff Daddy o el propio Presidente Obama porque Kim es “mejor”, mucho más grande, poderoso, cubierto por un sequito de 50 y 60 hombres que le sirven dondequiera que va. Y no se preocupa, por su propia sanidad mental, de pensar dos veces lo que dice de este emperador de marioneta del Este asiático. Describe con embeleso como vive Kim Jong Un, su entorno:
“Todo allí es de siete estrellas. No puedes encontrar una mota de polvo en el suelo o en la pared. Su gente se desvive por hacerle feliz. Nunca he visto nada parecido. Kim Jong-un entra en una habitación y todos se levantan, sus hermanos, sus amigos, y aplauden. Lo hacen por respeto y no les importa hacerlo. Uno pensaría que este chaval es un idiota pero no lo es”
No, señor Rodman, nadie cree que Kim es idiota, aunque no es extremadamente inteligente, ni muy brillante tampoco. Solo dispone de la necesaria maquinaria como para que le hagan feliz su gente, para que se levanten y aplaudan, para que se sienta superior y fuerte. La fortaleza no la define la condición de ser servido, sino de servir bien a los demás.
De todas formas, ¿no les resulta familiar la descripción de Rodman a los cubanos?
Si perturbadora puede ser la descripción que este ex jugador de la NBA, devenido millonario, hace del entorno de Kim Jong Un, mas profundamente perturbadora nos puede parecer si nos remontamos a los clásicos, y especialmente a Suetonio cuando nos describe en “Los Doce Cesares” a Cayo Julio César Augusto Germánico, mejor conocido por todos como Calígula. Dice Suetonio de la llegada de este emperador devenido loco a Roma:
“Tal fue el regocijo público, que en menos de tres meses se degollaron, según dicen, más de ciento sesenta mil víctimas. Habiendo ido Cayo pocos días después a visitar las islas de la Campania, se hicieron votos públicos por su regreso: con tanto apresuramiento se aprovechaba cualquier coyuntura para mostrarle el tierno interés que tenían por su conservación. Por el mismo tiempo cayó enfermo, y todo el pueblo pasó la noche en derredor del palacio, y hubo romanos que, a precio de su restablecimiento, hicieron voto de combatir en la arena y de inmolarse a los dioses como víctimas expiatorias. A este inmenso cariño de los ciudadanos uníase el notable amor de los mismos extranjeros. “
Salvando distancias, épocas y lugares, y también los nombres, las palabras de Rodman y las de Suetonio se alinean de forma alarmante, no en el proceso de describir lo que es un criminal levantado a la estatura de la primera magistratura de un país, sino en esa insana fascinación que una persona del siglo XXI - con el dinero suficiente en su bolsillo para viajar y conocer el mundo, comparar, recorrer las disimiles latitudes de este planeta -  tiene con alguien de la estatura moral de un Calígula moderno. Porque eso es lo que es Kim Jong Un, no les quede la menor duda.
¿De qué tipo de humanidad estamos hablando? ¿Por qué personas como Rodman, que no puede ser ningún tonto, a no ser que esconda muy astutamente los síntomas de la disfasia, pueden admirar a un engendro loco como Kim Jong Un?
Pero, ¡qué digo Rodman!, ¿y Sean Penn con Hugo Chávez y Fidel Castro? O actores negros como Danny Glover, o la escritora afroamericana Alice Walker, o Susan Sarandon y Robert Redford. Todos ellos hablan de “las maravillas” de lugares como Cuba y Venezuela y regresan horondos a sus hermosas mansiones en la costa rocosa y arenosa de Malibu, o se pasean por las boutiques famosas de la 5ta Avenida en New York, con sus carteras cargadas de dólares y crédito, mientras arrastran como grillos a cuestas essa palabras elogiosas de la pobreza ajena causada por la falta de libertad.
¿De qué padecen estos personajes, esta farándula?
A veces me he peguntado si, de cierta forma, todos ellos tienen algún síntoma de autismo, o quizás padezcan de esa disfasia que les hablaba, como creo la tiene Dennis Rodman. La disfasia no solamente es un trastorno del lenguaje caracterizado por dificultad para hablar, y expresarse, es sobre todo la dificultad para comprender el discurso hablado. Me pregunto si es esto último lo que les sucede a estos seguidores de Rodman. O si es simple oportunismo, alguna semilla oculta de colonialismo ancestral. Porque Sean Penn condena las expresiones públicas de homofobia en camino a la alfombra roja de Hollywood durante los Oscares, pero tuerce levemente la cabeza a la historia homofóbica de sus admirados en el Caribe.
La coherencia es la única virtud que puede hacer la diferencia. No se puede pedir para otros lo que no se quiere para sí mismo, otra cosa es pura hipocresía, oportunismo social hecho tabloide, que es la que padecen estos personajes. En el caso de Rodman, además, parece que la fascinación también tiene un componente de debilidad personal. El, sencillamente, desearía ser Kim Jong Un y tener una corte de esclavos “que se levanten y aplaudan” o se “inmolen a los dioses”, todo es lo mismo, no importa se escoja un lenguaje menos literario o se escoja a Suetonio. Esta es la mirada de un diminuto personaje que, de pronto, se reconoce muy pequeñito ante ese enano panzudo que es alabado por una corte de autómatas. Porque de eso es de lo que se trata.
Para Rodman no hay estatura posible si no se es servido por una cohorte de aduladores, porque él mismo es un ser débil. Sólo los débiles, los que no son capaces de valerse por sí mismos y caminar con sus propios pies, y sostener una argumentada discusión decente con el resto de sus contemporáneos, de oír y ser escuchado, de debatir y compartir alguna opinión, de convivir con la diferencia y hacerla también, sólo esos débiles son los únicos que se rodean de una cohorte de repetidores y servidores. El hombre que es fuerte no necesita reinventarse cada día frente al resto del planeta, se vale a sí mismo, se reafirma él, no hace que lo reafirme nadie. El totalitarismo no es una condición, un estado de fuerza, sino de una condición y un estado de debilidad. Se ejerce el poder absoluto porque no se sobrevive la competencia del resto de las inteligencias que le rodean, y por eso necesita aplastar cualquier diferencia. Ah, y los aplausos no son la mejor medida de la felicidad o la complacencia de ningún pueblo, o conjunto humano.

También los monos aplauden y se inclinan… para recoger la cáscara de algún plátano que alguien dejo caer a su paso.

1 comments:

M.R negroman said...

Me a encantado tu texto tienes toda la razón sobre Kim Jong un ese puto dictador.. Pero la verdad ellos aplauden porque si no Kim Jong un se los carga y espero que se muera de una vez y que korea del Norte pueda ser libre por fin. En fin me ha gustado mucho tu texto yo pienso lo mismo.adiós! :)