Friday, May 10, 2013

El “emigrante interno” en Cuba


En Agosto del 2012 fui a New York, estuve cinco días recorriendo Manhattan, Ellis Island y la Estatua de la Libertad, “Lady Liberty” como la conocen los americanos. Son lugares que se han convertido en un ícono en el mundo. Sin embargo, lo que me tocó la fibra mas íntima en mi viaje a New York fue la mañana que pasé en Ellis Island.
Para aquellos que no conozcan el significado de esta pequeña isla solo diré una cosa: los emigrantes de todas partes del mundo que buscaban y añoraban la tierra prometida, América, el primer punto en suelo americano que plantaban sus pies era esta pequeña isla, de frente al mar y enclavada a la entrada majestuosa de Manhattan, donde se yergue hoy el Museo del Emigrante. Y es así que, aquel día de Agosto, viajé no solo a una isla, también viajé en el tiempo sin necesidad de la teoría de la relatividad y de Einstein.
Los rostros que me miraban desde las viejas fotos me hablaban un lenguaje conocido, conocido para mí porque yo también soy un emigrante, y ese emigrante se veía allí mismo, en aquellas paredes, rodeado de aquellos objetos llenos de una historia personal diferente pero parecida.
No era el mismo tiempo, ni el mismo lugar, pero emigrante al fin. Los rostros me lanzaban un grito que yo conocía muy bien, una ilusión que podía transformarse en lamento en algún momento por alguna desdichada casualidad. Yo no creo en las casualidades.
Esa foto en el encabezamiento del post es de allí. De aquel sagrado lugar que me trajo tantos recuerdos cercanos, diferentes, pero iguales a la vez. El hombre con la maleta pudiera haber sido yo, o quizás aquel niño levantando el pesado bulto entre sus pequeñas manos.
Hay pensamientos que se conectan por la perfecta temporalidad de su sucesión. Leyendo hoy un libro de Hanna Arendt que se llama “Eichmann en Jerusalen” – que recomiendo a todos – me encontré con una frase que se “enlazó”, no entiendo aún ni comprendo por qué ni cómo. ¿Dios?
Arendt hablando del juicio de Eichmann y de los horrendos crímenes ocurridos en Alemania con la complicidad de la inmensa mayoría de la población nativa durante el nazismo mencionó un término audaz: “emigrante interno”. Y lo definió tomando prestada la explicación que Hermann Jahrreiss da en su “Informe general de todos los defensores” ante el tribunal de Nuremberg. Jahrreiss explica ese término de la siguiente manera:
“… como exiliado entre las gentes de su propio pueblo, que vivía rodeado de una masa animada por una fe ciega”
¿Entienden ahora la conexión sigilosa, tenue, casi cómplice entre mis recuerdos de Ellis Island, mi condición física de emigrante y el libro de Arendt?
¿No?
Los cubanos hemos vivido 54 años en una sociedad “rodeada de una masa animada por una fe ciega” como dice Jahrreiss, y la gran mayoría del pueblo ha decidido ser un “emigrante interno”. Y es así, entonces, como usted puede ver esas imágenes donde una pandilla de facinerosos asaltan mujeres con una flor blanca en sus manos, o irrumpen violentamente en las casas de los disidentes, o les tiran piedras y huevos y le gritan “gusano” – otro termino nazi, ¡qué casualidad! - a todo aquel que se atreve a emitir una opinión ligeramente diferente a la oficialidad autoritaria, al discurso público, a la voz estridente del caudillo en la tribuna.
Si se detiene y mira alrededor de esa pandilla usted verá a esa inmensa masa de cubanos impávidos, que observa y calla. No protesta, ni dice nada por la salvajada, se esconde internamente, huye, escapa, emigra hacia su interior como lo hacían los alemanes durante los años de Hitler.
Miro entonces las fotos del Museo de la Emigración en Ellis Island y el mensaje oculto que me transmite los ojos tristes de un niño con el bulto de ropa, de la madre sosteniendo con su mano al pequeño mientras agarra con la otra sus pocas pertenencias en este mundo, y la sonrisa enigmática del hombre con su maleta me presenta un significado muy diferente.
¿Cuántos cubanos ya han “emigrado hacia su interior” en Cuba?
Los que piensan que alcanzaron esa categoría en el momento que en una balsa, o en un avión, o por cualquier otro caprichoso medio escaparon del cerco hostil de la “fe ciega” de Jahrress se equivocan.
Hace mucho miles y millones de cubanos viven en ese “exilio interno”. Se fueron de la realidad, escaparon del cerco, o al menos se esconden silenciosamente detrás de una mirada perdida, que no ve, que no oye, que no habla.
Cuba y los cubanos hace mucho viven en ese mismo “exilio interior” de que me hablaba el libro de Hanna Arendt. Alguien ya dijo antes que yo que para poder entender bien el presente hay que estudiar o leer o conocer el pasado.
¡Cuán Cierto!

1 comments:

Alfonso Lopez said...

En Cuba lo llamamos "inxilio".