Saturday, April 20, 2013

El mar que nos separa


No, no tiene que ver con las fronteras marítimas de nuestro país, Cuba. Tampoco voy hablar de esos magníficos escritos de Hemingway sobre sus aventuras en las aguas del Caribe, ni la de su conocido viejo en el mar que rodea nuestra isla. No voy a hablar de la geografía acuática que separa Miami de La Habana, donde tantos cubanos han perdido la vida en una desventurada travesía hacia la prosperidad y la libertad.
Hay un mar mas allá de las aguas, de las coordenadas geográficas, físicas, de nuestro verde archipiélago encadenado. Un mar de ideas, filosófico e ideológico que nos separa mucho más a los cubanos que las corrientes espumosas de esas 90 millas entre el punto más al norte de Cuba, y la primera ensenada en suelo norteamericano. Ese es el mar que más nos divide y separa, que más nos convierte en enemigos del que en la isla piensa diferente a nosotros mismos, que señala un camino alternativo al largo sufrimiento social y familiar por 54 años.
Me duele pensar, y cada vez lo pienso con más dolor, que somos nosotros mismos, enclavados en nuestra intransigencia al régimen, pero también agarrados a un egotismo ancestral que arrastramos al exilio, lejos de la Patria, lejos del pequeño promontorio de tierra que nos vio nacer. Y entonces, agarrados a esa tabla acusamos a unos y a otros porque piensan en un camino diferente, o dibujan un enfrentamiento distinto a la dictadura cubana. Nos convertimos en peñón donde las aguas espumosas de otros alcanzan sus ensangrentados argumentos.
No menciono nombres porque es un mar lleno de ellos. Desde aquel en la isla que crea un proyecto nuevo porque quiere escribir con su letra su propio nombre autoral en él, hasta el que mas acá se ofende porque alguien declara querer abrir un nuevo periódico digital en Cuba, ignorando algún otro que ya existe en esa isla digital, virtual, la isla que nadie lee ni puede leer por el cerco de aislamiento y el embargo de internet por el gobierno de La Habana.
Me han bloqueado en Twitter, otros se han ofendido y se han marchado de mis seguidores, algún nombre me ha disparado una ofensa para nunca más contestar. No, el mar que nos separa está en nosotros mismos. Desde aquel que no quiere ceder en lo trivial para asumir el centro neurálgico de nuestro problema: la existencia después de 54 años de la misma tiranía que encendio sus faroles rojizos en La Habana de 1959.
Resulta curioso, desalentador a veces, que amigos venezolanos, españoles, argentinos y de cualquier otro punto geográfico de este planeta me tiendan la mano, me salude con simpatía y amistad y acepte mis diferencias,  y el cubano decida huir, bloquearme la cuenta, como si al no oírme o leerme en Twitter provocara mi no-existencia. Pero aun estoy aquí, existo.
No es un suceso aislado a mi persona. Yo soy una minúscula partícula de eternidad cubana en el exilio de nuestro país en el planeta. Algún otro nombre con mas luz, brillantes o aderezo y cuya autoría acapara mas titulares, menciones en televisoras y diarios, así como aplauso generalizado en la masa virtual internauta como Yoani Sánchez también se encalla en este mar de divisiones y aislamiento.
Acusamos al castrismo de los insultos, pero ¿nos escuchamos nosotros? ¿Por algún momento callamos nuestra voz, cerramos sigilosamente el capítulo y recomenzamos a leer ese libro que hemos escrito en nuestra vida para ver qué hemos hecho mal, de qué debemos arrepentirnos o al menos re-escribir y tratar de escribirlo mejor?
Yo lo he hecho, no me apena confesarlo. Me arrepiento y me arrepentiré todas las veces necesarias que entienda necesario hacerlo hasta que mi curso llegue a final feliz. La vida no es una línea recta entre dos puntos trazados en el espacio y en el tiempo. No somos componentes inmutables de ninguna geometría analítica social. Rectificar en un concepto no es una ofensa ni es un bochorno a nuestro nombre. Nadie es dueño absoluto de la verdad y es correcto equivocarse y enmendar. Los cubanos no seremos dueños de nuestro destino hasta cuando no aprendamos las lecciones que la democracia enseña: a escuchar, compartir criterios y opiniones con serenidad y altura intelectual, pero sobre todo con inteligencia.
El castrismo, sin embargo, nos enfrenta indivisible, sin brecha visible mas allá de las palabras. Ya sabemos que es artificial y es producto de la propaganda, pero es consistente en el núcleo principal: dividirnos. Y lo consigue.
Cada vez que un cubano libre ofende, acusa a alguien en cualquier espectro de la disidencia con algún epíteto grosero, bochornoso, despreciativo, está empujando esa corriente impetuosa que nos divide. Le está poniendo gratuitamente en las manos a los cancerberos del régimen la fruta codiciada de la división.
Repito una vez más: no quiero mencionar nombres, no quiero contribuir con mi soplo a esa corriente perversa. Al menos, no lo quiero hacer… ahora. Prefiero esperar, dar una segunda oportunidad. Después de todo, la paciencia es la sabiduría de los dioses, alguien dijo eso en algún lugar que no recuerdo.
Quiero pedir un minuto de unidad esencial para construir un puente invisible sobre nuestras diferencias triviales. La única forma de reconstruir nuestro país es hacer un culto del respeto al derecho a la diferencia de cada cual. Sin esa llave esencial no podremos entrar en la Cuba del futuro… al menos no en la Cuba democrática que todos queremos.

2 comments:

Esperanza E. Serrano said...

Quiero pedir un minuto de unidad esencial para construir un puente invisible sobre nuestras diferencias triviales. La única forma de reconstruir nuestro país es hacer un culto del respeto al derecho a la diferencia de cada cual. Sin esa llave esencial no podremos entrar en la Cuba del futuro… al menos no en la Cuba democrática que todos queremos."
sabia petición.
Ya extrañaba tus post.
Un abrazo
Espe
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Oscar Herrera - Como Vender en Internet said...

Que gran artículo, me parece que tiene mucha razón, hay que buscar la libertad en todo sentido y vivir mejor.