Thursday, March 21, 2013

Unas palabras que en nada engrandecen a Zoe Valdés


La escritora cubana acaba de publicar un post en “Libertad Digital” que en nada engrandece su pluma. El texto lo dedica con exclusividad a Yoani Sánchez. No es mi intención hacer ni la diatriba contra Zoe, ni el elogio gratuito de Yoani Sánchez, el post se llevaría mucho tiempo, mucho espacio y no creo que a estas alturas valga la pena “llover sobre lo mojado”.
Yo no puedo creer, como algunos comentan en ese post, que el motivo de Zoe sea exclusivamente envidia – algunos lo creen, yo no lo creo -. Zoe no tiene que envidiar a Yoani Sánchez ningún éxito. Recientemente ha ganado el Premio Azorín de Literatura, sus libros se venden, mucho o poco, pero se venden. Vive en Paris, tiene una propiedad que es suya y viaja, conoce a mucha gente y mucha gente la conoce a ella. Así que las acusaciones de envidia, al menos por esa parte, no pueden existir, no tienen sentido que existan.
Yo achaco los ataques de Zoe Valdés a la bloguera cubana a otras causas, tiene otras dimensiones. Precisamente hoy estuve leyendo, y comentando en Twitter, un post que Joan Antoni Guerrero hizo sobre Rosa María Payá, Yoani Sánchez y Berta Soler, sobre estas tres mujeres que representan tres enfoques distintos de la realidad cubana. Y le decía a Joan Antoni que lo que las separa es, precisamente, el centro de influencia que cada una de ellas tuvieron en su familia.
Rosa María Payá creció en un núcleo opositor y profundamente católico, que nunca compartió los llamados “valores” que el castrismo trató de imponer en Cuba. Su vida ha estado conformada por ese constante cuestionamiento a lo que ese régimen ofreció y ofrece. Es algo que conozco bien porque yo también crecí en una familia que nunca compartió el castrismo. Mis padres también eran católicos que nunca dejaron de ir a la iglesia, nunca pertenecieron a ninguna organización oficial, y el que escribe estas líneas fue no solo humillado más de una vez en la escuela o cuando nos dirigíamos a misa, sino también señalado por ser alguien “diferente” en la Universidad y en el trabajo, o como me decían de niño: el “judío” – sin serlo.
Yoani Sánchez es el típico fruto de la generación de jóvenes cubanos actuales. De padres humildes y trabajadores simples, bombardeados y bombardeada ella de esos valores de los que nos escapamos Rosa María Payá y yo mismo. La bloguera se halló a sí misma quizás en ese mismo viaje que Zoe le señala en Suiza. Yo mismo me temo que haya sido el catalizador de su cambio, pero esto solo lo puede aclarar ella misma algún día. De todas formas, la bloguera se hizo disidente sobre el propio camino en que su vida se tropezó con la realidad, con las pequeñas y grandes miserias de mi país, que es el suyo también, y con los tropezones de su propia historia.
Berta Soler se vio envuelta en la tormenta de la Primavera Negra y eso la hizo levantarse sobre sí misma. Vivió en carne propia la represión, nadie tuvo que ensenársela ni mostrársela y decidió enfrentarla junto al resto del grupo de mujeres que hoy constituyen las Damas de Blanco. Nadie como ella conoce de bien cerca qué cosa es represión y qué cosa es castrismo.
Son tres historias distintas a las que nadie puede cuestionarle nada porque están escritas con el nombre propio de cada una de ellas, de diferente forma.
El grave problema en el enfoque de Zoe es que pretende de que la generación de Yoani Sánchez reaccione como su generación que se alinea más a la de Rosa María Paya – y la mía propia. Pero eso no puede ser. Los jóvenes de hoy están hartos de que la política se les cuele en cada uno de los aspectos de su vida personal y de su futuro. Lo que ha logrado cosechar el castrismo es el agnosticismo – a la que la propia Yoani Sánchez se abscribe -, la irreverencia y la total indiferencia a la política, cualquiera que sea.
Gracias a Dios, le decía yo hoy a Joan Antoni, de que existen estas tres mujeres con sus respectivas diferencias que representan lo excepcional y no lo común. Y también le decía de que ojalá esas tres actitudes se multiplicaran y mañana fuera una mayoría de jóvenes los que pudieran contarse junto a ellas… y que coincidieran en el objetivo de democratizar Cuba.
Hay dos detalles, sin embargo, que sí quisiera aclararle a Zoe. Los blogs, los libros, lo que un escritor, blogger o periodista escribe es siempre personal. Su propio blog tiene un nombre. Los que escribimos aquí, en nuestros blogs, es a nombre de “NUESTRO YO”… no de ningún otro.
Yo no puedo hablar por Cuba, porque Cuba somos TODOS. Incluidos también, quizás desgraciadamente, los del Comité Central.
Y lo último que quisiera decir es que se debe ser objetivo, y totalmente honesto cuando se escribe o se referencia a alguien. Yoani Sánchez no ha salido a reportar nada, ni a hacer labor periodística alguna. Eso está bien claro desde el inicio y ella misma lo ha dicho oportunamente. No se puede re-escribir la historia ni tampoco acusarla a ella del desmedido homenaje, ni de la personalización de que ha sido objeto. La prensa internacional, los que vivimos por estos lares sabemos que la prensa personaliza todo, es lo común. Es nuestro error, y el de la prensa, no el de la bloguera.
Al final de la jornada y después que se lee el post lo que nos queda, sin embargo, es precisamente que Zoe Valdés tiene una guerrita personal con Yoani Sánchez. ¿Es eso lo que se pretende?
¿Vale para algo la pena escribir entonces esas líneas que no la engrandecen como persona a pesar de ser una buena escritora Zoe Valdés?
Yo no coincido con las opiniones de la bloguera, pero no me engrandece en nada acusarla de lo que no merece. Sí, yo también tengo preguntas que me gustaría hacerle, pero no he podido estar ni en Nueva York, ni en Washington, ni estaré en Miami. Algún día tendré esa oportunidad y si se me permite se las haré.
Lo importante, sin embargo, es lo que le decía a Joan Antoni Guerrero: que algún día el ejemplo de estas tres mujeres será lo común, y no lo excepcional.

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