La Iglesia Católica tiene su nuevo Papa, Monseñor
Jorge Mario Bergoglio quien escogió como nombre para su papado a Francisco I.
Como símbolo de lo que ese nombre significa para él y para su papado. El
cardenal de de Buenos Aires se desplazaba a su parroquia a través del
transporte público, ha criticado duramente la pobreza y la corrupción política y
lo que el ha llamado la “crispación política”, disparándole un fuerte látigo al
kirchnerismo y a la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
No es una buena noticia para la señora presidenta
quien no ha reaccionado muy ágilmente a la selección de la iglesia. No sé por
qué me da la impresión que la selección no solo no la hace muy feliz que
digamos, sino que convierte su Cara Plástica
en una Cara bastante Avinagrada.
Francisco I es conocido por su oposición al
matrimonio gay y a la adopción de niños por las parejas homosexuales, pero no
es un ultraconservador ni tampoco un obispo que defiende la teoría de la liberación
– ya se sabe, esa rama del catolicismo muy amiga de las dictaduras socialistas
de este continente.
El nuevo Papa es muy bien recordado por los
Kirchner cuando en el 2004 critico los exhibicionismos y los anuncios
estridentes de los Kirchner y es un hombre que no le gusta las estridencias en
la prensa, ni tampoco las extravagancias del poder. Es un hombre modesto, de ahí
el nombre escogido para su papado.
Por encima de todo eso, es el primer jesuita
en ser Papa y el primer prelado latinoamericano, que genuinamente habla español
y que, como símbolo de la nueva era en la iglesia, ha escogido un nombre que
nunca ha sido usado con anterioridad.
No creo sea una elección cómoda para los autócratas
del Socialismo del Siglo XXI y, con toda seguridad, la señora Cristina Fernández
debe estarse con un ataque de rabias en la Casa Rosada, para mal de ella misma
y su corruptela, y para bien del mundo libre.
No sé que esperara en el futuro. Al nuevo Papa
lo espera una iglesia que pierde fieles, que enfrenta una crisis interna a la
que debe enfrentar con fuerza y humildad.
Pero el es un hombre humilde, ya lo ha
demostrado en Argentina y los hombres que conservan la humildad a pesar de
elevarse en el poder de sus contemporáneos logran cosechar el éxito, y cosechar
la humildad y la fe en otros.
Un buen día para la Iglesia de Dios, se ha
hecho justicia a una parte de este mundo que había sido ignorada.
¡Enhorabuena, su Santidad!









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