Todo comienza con Lenin y termina en él. Las
referencias más antiguas que se conocen al embalsamamiento de cadáveres se
remontan al antiguo Egipto, pero entonces esas técnicas no se utilizaban para
exhibir los cuerpos como heraldos de una idea o un status quo, sino por la
simple creencia de que, preservando el cadáver de una persona, se facilitaba su
sobrevida en la inmortalidad. Y de hecho los cadáveres se escondían de la vista
pública. Los faraones entonces llegaban a planificar al detalle su propio
paso final a la inmortalidad. Las pirámides son los mudos testigos matemáticos
de su inútil esfuerzo: los buscadores de tesoros la saquearon
inmisericordemente, al fin y al cabo estaban allí, como enormes ataúdes llenos
de riquezas a la vista de todos.
En América algunas de las culturas autóctonas antiguas
también lo practicaron como es el caso de los Chinchorros al norte de Chile o
los incas de Perú. Pero el objetivo de esas prácticas era, una vez más, de carácter
utilitario y tampoco se usaban para exhibirlos como trofeos ideológicos, sino
como objetos portables para su trashumancia.
La ideología, y también mucha astucia política,
vino a incorporarse a estas prácticas en tiempos de Lenin. El vaivén de toda
esta historia tiene sus inicios en él, t termina como quien dice en él.
Los dos últimos años del caudillo comunista en
Rusia fueron fatales. Lenin tenía alojada una bala de un fallido atentado en el
cuello que le fue operada a principios de abril de 1922 por un médico alemán,
pero que dejó secuelas que se manifestaron rápidamente en un accidente cerebro
vascular que le inmovilizó la parte derecha del cuerpo y lo dejó sin habla.
Tres derrames cerebrales se sucedieron uno tras otro provocando que el líder comunista
quedara en estado vegetativo en compañía de su esposa. Algunos expertos, no
obstante, añaden en la actualidad que el ruso padecía de neuro sífilis y que
esta jugó en su cuerpo un papel fundamental para su muerte. Pero la causa de
muerte de Lenin no es aquí el tema.
¿Por qué Lenin fue embalsamado?
La respuesta es, y siempre ha sido simple: para
crear la continuidad en la figura de Stalin que, en esos últimos años,
secuestró el cuerpo casi sin vida del caudillo y lo rodeó de una guardia de
hierro, apartándolo de la jerarquía del partido donde se llevaba a cabo una guerra
feroz por el poder. Los dos ejes más importantes, y visibles, de esa guerra
eran Stalin y Troski, aunque no se puede olvidar a otras figuras como Kamenev o
Bukharin que sirvieron de troika para enfrentar a Troski.
Lenin consideró en su testamento político,
escrito antes de someterse a la operación que le extrajo la bala del cuello,
que Stalin no debía ser Secretario General, pero la troika estalinista escondió
ese testamento de los miembros del partido. Tres días duraron los funerales y
en el último ya la propuesta de preservar a Lenin estaba sobre la mesa del Partido Comunista de Rusia. No se sabe a ciencia cierta quién fue el que
propuso preservar a Lenin, pero la propuesta inicial consistía en mantenerlo criogénicamente
con la esperanza de resucitarlo y salvarlo en un futuro.
Parece increíble, pero los rusos llegaron tan
lejos como para comprar urgentemente en esos tres días el equipamiento
necesario para hacerlo. Sin embargo, esa decisión no prosperó y su cadáver fue
embalsamado.
Se puede entender fácilmente por qué. Para
mantenerlo criogénicamente el cuerpo del fallecido debe ser conservado a muy
bajas temperaturas lo que implica que no puede ser mostrado al público lo cual era,
sin lugar a dudas, el deseo, la necesidad, la utilidad que en ese entonces la troika estalinista le veía a la momia de Lenin.
Su preservación significaba la conservación de “sus ideas”, de “sus
pensamientos”, de “su ideología” que no era la que en los dos últimos años había
estado en el orden en el seno del Buro Político del Partido Comunista Ruso,
pero Lenin era la imagen mediática, visible, de las ideas de la revolución bolchevique.
¿Les suena ahora conocido todo este cuento?
Y así vino a aparecer el Mausoleo de Lenin con mucho parecido gráfico a una pirámide egipcia adjunto al Kremlin. Las coincidencias en la
historia no existen.
Y así reapareció la tradición egipcia con
nuevo contenido ideológico. Por supuesto, ya todos conocemos el final de Stalin
y el de los que lo rodearon en aquella troika que lo condujo al poder en los años
previos y posteriores a la muerte de Lenin. Lo que lo llevo a él al mismo
procedimiento necrológico, y al mismo lugar de Lenin cuando su muerte fueron las
mismas razones que llevaron a su predecesor: la necesidad de la continuidad estalinista
para preservar en el poder la camarilla que rodeaba al líder.
Los últimos tiempos del autócrata ruso
estuvieron también rodeados de misterio, silencio y de la misma lucha de poder
de cuando Lenin. Esta vez era Beria quien dio el paso final y, según estudios
de expertos científicos, envenenó a Stalin con warfarina, un potente veneno
para ratas que licua la sangre y no la deja coagularse, convenientemente insípida.
Recientemente se ha demostrado que el caudillo había sufrido una intensa
hemorragia renal, gastrointestinal y cardíaca previa a su muerte, lo que
soporta esta hipótesis.
De todas formas, la necesidad y utilidad de
mantener la momia de Stalin para preservar el poder en manos de Beria, y también
de Khrushchev que también estaba en la sopa como quien dice, impulsó la
necesidad que el último viaje de Stalin fuera con destino a donde descansan
algunos de los restos de Lenin: su mausoleo.
Y de ahí ya todos sabemos la historia: se esparció
la orden para el resto del mundo socialista que eran simple satélites de Moscú.
Dimitrov en Bulgaria, Mao en China, Ho Chi Ming en Vietnam. Algunos han estado
esperando que suceda en Cuba. Las semejanzas entre Stalin y Fidel Castro son mucho
más de las que algunos piensan: en carácter, sicología,
procedimiento y astucia. Quizás Castro supera a su antecesor en refinamiento e
intelectualidad y, sobre todo, en populismo y carisma, cualidades de las que carecía
inmensamente el líder ruso.
La historia del embalsamamiento de Lenin y
Stalin, el destino de esas dos momias ideológicas es secular a la hora de
abordar qué pasará en el futuro con la momia de Chávez.
A Stalin lo ordenó sacar del mausoleo el mismo
que accedió a ponerlo. Sí, Nikita Khrushchev estuvo allí en esa conspiración de
silencio con Beria, a pesar de que la mitología de su espectacular “denuncia”
sobre Stalin prevalece aún en este mundo. Beria y Khrushchev compartieron el
poder silencioso desde 1953 hasta 1958 en que el último logró imponerse en la
lucha de poder y lanzó la avalancha contra los vestigios de Stalin, no porque
tuviera muchas ideas filantrópicas sino porque evidentemente eran peligrosos
para su sobrevida en el poder, y evidentemente porque había nuevos elementos en
el partido que pujaban por refrescar y democratizar el socialismo ruso.
Pero la momia Stalin fue sacada de la compañía
de Lenin por el mismo que accedió a colocarla allí. ¿No les resulta esto un detalle
importante?
En los años 90 el Mausoleo a Lenin volvió a
ser centro de debate cuando la caída de la Rusia Soviética, donde muchos empujaron
por eliminar este vestigio de los tiempos de la autocracia comunista, pero allí
quedó. Hoy Lenin es más un objeto de mercadotecnia que de ideología, una
curiosidad del antiguo régimen paramilitar con rasgos faraónicos, un
anacronismo que es visitado por simple deseo turístico de tomarse una foto
junto a una moderna tumba faraónica vacía de todo significado político y filosófico.
Miles de turistas visitan Moscú, muchos de
ellos terminan con la conocida foto junto al Mausoleo a Lenin, mirando la
figura amarilla necrológica que debió haber sido retirada de aquel lugar por anacrónica.
Ninguno de ellos cree en el comunismo, ni tiene el dinero necesario para
visitarlo gracias al comunismo. Hoy es una utilidad necesaria para el turismo
moscovita y las autoridades locales la usan a su conveniencia.
Sí, hay algunos que aún hoy reclaman esa momia
como la piedra angular de una ideología, pero ¿cuántos?
En el aniversario 60 de la muerte de Stalin,
retirado de esa pirámide ruso-comunista, algunos reclamaron su “trascendencia”
y el necesario “retorno” del gran líder… unos pocos. Muchos ignoran, sin
embargo, la verdadera secuela que dejo Stalin en la sociedad rusa. Desconocen a
las víctimas, los crímenes y violaciones fragantes que se cometieron durante su
reino de terror. Muchos acuden al recurso de conveniencia de recordar las
violaciones pero justificar al dictador por lo que “logró” en la industrialización
de Rusia… a costa de millones de víctimas, desplazamientos humanos, explotación
inmisericorde de mano de obra esclava. El Instituto de la Memoria sobre Stalin ha llamado con urgencia a insistir la necesidad de recordar esos crímenes y no olvidarlos.
Pero la memoria humana es débil y es fácil de
perturbar y fácil el olvido voluntario, o involuntario, cuando no se muestran
los hechos en la dimensión necesaria, en la perspectiva oportuna, o cuando sencillamente no interesan. Las
perspectivas desaparecen inmediatamente cuando una fuente de dinero es
demasiado visible para una ciudad como Moscú.
Las tumbas faraónicas, los embalsamamientos
egipcios o de los indo-americanos, nunca tuvieron el objetivo de preservar el
estatus quo del emperador de turno. Ellos estaban más interesados en la vida
eterna, la inmortal, que en la terrena y la preparaban con infinitos detalles.
En contraste, los faraones del socialismo no
prepararon su tumba, no se preocupaban por su inmortalidad y su existencia mas allá
de la muerte, se aferran a la vida en la tierra con uñas y dientes. Por razones
propias de sobrevivencia, y porque creyeran o no en Dios, no se adaptaban a la
idea de la resurrección ni de la existencia en el mas allá, se aferran a la
vida, como cuando Chávez suplicaba que no lo dejaran morir, que no quería morir,
o como cuando el Che Guevara clamaba ante sus captores que su sobrevida era más
importante que su muerte.
¿Habrá pensado alguna vez Fidel Castro en
erigirse secretamente a sí mismo algún mausoleo acristalado?
Nadie lo sabe, pero no se puede abandonar la
idea teniendo en cuenta la utilidad mediática que le hizo, muy oportunamente,
al levantamiento arqueológico de los restos del argentino en Bolivia y todo el
andamiaje propagandístico de su traslado al mausoleo santaclareño cuando la
grave crisis de los 90. Sería, además, su forma de contribuir al pensamiento necrológico
socialista.
Por supuesto, Chávez no pensó en
embalsamamientos, mausoleos a tan temprana edad. Pedía a gritos la vida, pero
de alguna forma yo creo que lo que hizo con Bolívar y el lugar donde se guardan
celosamente sus restos, implicaba su deseo personal de ir a morar junto a la legendaria figura… solo que no tan rápido ni tan pronto.
Hoy, sin embargo, la utilidad de su
momificación es evidente y necesaria. Sus sobrevivientes políticos lo necesitan
embalsamado y presente en alguna pirámide egipcia, pero mucho más importante,
junto a Simón Bolívar. Harán lo imposible para ello, cambiarán la constitución,
escribirán un nuevo capitulo en esta telenovela venezolana. Lo necesitan para
sobrevivir ideológicamente, aunque la ideología chavista es lo mas ecléctica e
irracional que se puede encontrar en la historia del "socialismo".
El valor de uso de Chávez hoy es el
sostenimiento de su carisma mas allá de su muerte para sostener aquellos que no
lo tienen. Mantener la fila constante de seguidores, mostrar la “marea roja” en
tiempos donde se necesita retornar al poder legal. El vacío de poder es lo que
ha hecho que se le embalsame y se erija en muerto-vivo. Es un valor utilitario,
y quizás mañana sobreviva como lo hace hoy Lenin, para que algún turista se
tome una pequeña foto de recuerdo en el mausoleo a su memoria.
La pregunta es, ¿cuánto durará su embalsamiento?
¿Y quién será el Khrushchev venezolano que lo sacará del lado de Bolívar?
Tarde o temprano ocurrirá. Su presencia sólo está
directamente relacionada al valor utilitario de su presencia. Hoy para retener
el poder, mañana para sostener la llama de su memoria entre sus súbditos, y quizás
en el futuro como valor turístico para Caracas.
Vivir para ver.










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