Saturday, March 9, 2013

La utilidad de los embalsamados


Todo comienza con Lenin y termina en él. Las referencias más antiguas que se conocen al embalsamamiento de cadáveres se remontan al antiguo Egipto, pero entonces esas técnicas no se utilizaban para exhibir los cuerpos como heraldos de una idea o un status quo, sino por la simple creencia de que, preservando el cadáver de una persona, se facilitaba su sobrevida en la inmortalidad. Y de hecho los cadáveres se escondían de la vista pública. Los faraones entonces llegaban a planificar al detalle su propio paso final a la inmortalidad. Las pirámides son los mudos testigos matemáticos de su inútil esfuerzo: los buscadores de tesoros la saquearon inmisericordemente, al fin y al cabo estaban allí, como enormes ataúdes llenos de riquezas a la vista de todos.
En América algunas de las culturas autóctonas antiguas también lo practicaron como es el caso de los Chinchorros al norte de Chile o los incas de Perú. Pero el objetivo de esas prácticas era, una vez más, de carácter utilitario y tampoco se usaban para exhibirlos como trofeos ideológicos, sino como objetos portables para su trashumancia.
La ideología, y también mucha astucia política, vino a incorporarse a estas prácticas en tiempos de Lenin. El vaivén de toda esta historia tiene sus inicios en él, t termina como quien dice en él.
Los dos últimos años del caudillo comunista en Rusia fueron fatales. Lenin tenía alojada una bala de un fallido atentado en el cuello que le fue operada a principios de abril de 1922 por un médico alemán, pero que dejó secuelas que se manifestaron rápidamente en un accidente cerebro vascular que le inmovilizó la parte derecha del cuerpo y lo dejó sin habla. Tres derrames cerebrales se sucedieron uno tras otro provocando que el líder comunista quedara en estado vegetativo en compañía de su esposa. Algunos expertos, no obstante, añaden en la actualidad que el ruso padecía de neuro sífilis y que esta jugó en su cuerpo un papel fundamental para su muerte. Pero la causa de muerte de Lenin no es aquí el tema.
¿Por qué Lenin fue embalsamado?
La respuesta es, y siempre ha sido simple: para crear la continuidad en la figura de Stalin que, en esos últimos años, secuestró el cuerpo casi sin vida del caudillo y lo rodeó de una guardia de hierro, apartándolo de la jerarquía del partido donde se llevaba a cabo una guerra feroz por el poder. Los dos ejes más importantes, y visibles, de esa guerra eran Stalin y Troski, aunque no se puede olvidar a otras figuras como Kamenev o Bukharin que sirvieron de troika para enfrentar a Troski.
Lenin consideró en su testamento político, escrito antes de someterse a la operación que le extrajo la bala del cuello, que Stalin no debía ser Secretario General, pero la troika estalinista escondió ese testamento de los miembros del partido. Tres días duraron los funerales y en el último ya la propuesta de preservar a Lenin estaba sobre la mesa del Partido Comunista de Rusia. No se sabe a ciencia cierta quién fue el que propuso preservar a Lenin, pero la propuesta inicial consistía en mantenerlo criogénicamente con la esperanza de resucitarlo y salvarlo en un futuro.
Parece increíble, pero los rusos llegaron tan lejos como para comprar urgentemente en esos tres días el equipamiento necesario para hacerlo. Sin embargo, esa decisión no prosperó y su cadáver fue embalsamado.
Se puede entender fácilmente por qué. Para mantenerlo criogénicamente el cuerpo del fallecido debe ser conservado a muy bajas temperaturas lo que implica que no puede ser mostrado al público lo cual era, sin lugar a dudas, el deseo, la necesidad, la utilidad que en ese entonces la troika estalinista le veía a la momia de Lenin. Su preservación significaba la conservación de “sus ideas”, de “sus pensamientos”, de “su ideología” que no era la que en los dos últimos años había estado en el orden en el seno del Buro Político del Partido Comunista Ruso, pero Lenin era la imagen mediática, visible, de las ideas de la revolución bolchevique.
¿Les suena ahora conocido todo este cuento?
Y así vino a aparecer el Mausoleo de Lenin con mucho parecido gráfico a una pirámide egipcia adjunto al Kremlin. Las coincidencias en la historia no existen.
Y así reapareció la tradición egipcia con nuevo contenido ideológico. Por supuesto, ya todos conocemos el final de Stalin y el de los que lo rodearon en aquella troika que lo condujo al poder en los años previos y posteriores a la muerte de Lenin. Lo que lo llevo a él al mismo procedimiento necrológico, y al mismo lugar de Lenin cuando su muerte fueron las mismas razones que llevaron a su predecesor: la necesidad de la continuidad estalinista para preservar en el poder la camarilla que rodeaba al líder.
Los últimos tiempos del autócrata ruso estuvieron también rodeados de misterio, silencio y de la misma lucha de poder de cuando Lenin. Esta vez era Beria quien dio el paso final y, según estudios de expertos científicos, envenenó a Stalin con warfarina, un potente veneno para ratas que licua la sangre y no la deja coagularse, convenientemente insípida. Recientemente se ha demostrado que el caudillo había sufrido una intensa hemorragia renal, gastrointestinal y cardíaca previa a su muerte, lo que soporta esta hipótesis.
De todas formas, la necesidad y utilidad de mantener la momia de Stalin para preservar el poder en manos de Beria, y también de Khrushchev que también estaba en la sopa como quien dice, impulsó la necesidad que el último viaje de Stalin fuera con destino a donde descansan algunos de los restos de Lenin: su mausoleo.
Y de ahí ya todos sabemos la historia: se esparció la orden para el resto del mundo socialista que eran simple satélites de Moscú. Dimitrov en Bulgaria, Mao en China, Ho Chi Ming en Vietnam. Algunos han estado esperando que suceda en Cuba. Las semejanzas entre Stalin y Fidel Castro son mucho más de las que algunos piensan: en carácter, sicología, procedimiento y astucia. Quizás Castro supera a su antecesor en refinamiento e intelectualidad y, sobre todo, en populismo y carisma, cualidades de las que carecía inmensamente el líder ruso.
La historia del embalsamamiento de Lenin y Stalin, el destino de esas dos momias ideológicas es secular a la hora de abordar qué pasará en el futuro con la momia de Chávez.
A Stalin lo ordenó sacar del mausoleo el mismo que accedió a ponerlo. Sí, Nikita Khrushchev estuvo allí en esa conspiración de silencio con Beria, a pesar de que la mitología de su espectacular “denuncia” sobre Stalin prevalece aún en este mundo. Beria y Khrushchev compartieron el poder silencioso desde 1953 hasta 1958 en que el último logró imponerse en la lucha de poder y lanzó la avalancha contra los vestigios de Stalin, no porque tuviera muchas ideas filantrópicas sino porque evidentemente eran peligrosos para su sobrevida en el poder, y evidentemente porque había nuevos elementos en el partido que pujaban por refrescar y democratizar el socialismo ruso.
Pero la momia Stalin fue sacada de la compañía de Lenin por el mismo que accedió a colocarla allí. ¿No les resulta esto un detalle importante?
En los años 90 el Mausoleo a Lenin volvió a ser centro de debate cuando la caída de la Rusia Soviética, donde muchos empujaron por eliminar este vestigio de los tiempos de la autocracia comunista, pero allí quedó. Hoy Lenin es más un objeto de mercadotecnia que de ideología, una curiosidad del antiguo régimen paramilitar con rasgos faraónicos, un anacronismo que es visitado por simple deseo turístico de tomarse una foto junto a una moderna tumba faraónica vacía de todo significado político y filosófico.
Miles de turistas visitan Moscú, muchos de ellos terminan con la conocida foto junto al Mausoleo a Lenin, mirando la figura amarilla necrológica que debió haber sido retirada de aquel lugar por anacrónica. Ninguno de ellos cree en el comunismo, ni tiene el dinero necesario para visitarlo gracias al comunismo. Hoy es una utilidad necesaria para el turismo moscovita y las autoridades locales la usan a su conveniencia.
Sí, hay algunos que aún hoy reclaman esa momia como la piedra angular de una ideología, pero ¿cuántos?
En el aniversario 60 de la muerte de Stalin, retirado de esa pirámide ruso-comunista, algunos reclamaron su “trascendencia” y el necesario “retorno” del gran líder… unos pocos. Muchos ignoran, sin embargo, la verdadera secuela que dejo Stalin en la sociedad rusa. Desconocen a las víctimas, los crímenes y violaciones fragantes que se cometieron durante su reino de terror. Muchos acuden al recurso de conveniencia de recordar las violaciones pero justificar al dictador por lo que “logró” en la industrialización de Rusia… a costa de millones de víctimas, desplazamientos humanos, explotación inmisericorde de mano de obra esclava. El Instituto de la Memoria sobre Stalin ha llamado con urgencia a insistir la necesidad de recordar esos crímenes y no olvidarlos.
Pero la memoria humana es débil y es fácil de perturbar y fácil el olvido voluntario, o involuntario, cuando no se muestran los hechos en la dimensión necesaria, en la perspectiva oportuna, o cuando sencillamente no interesan. Las perspectivas desaparecen inmediatamente cuando una fuente de dinero es demasiado visible para una ciudad como Moscú.
Las tumbas faraónicas, los embalsamamientos egipcios o de los indo-americanos, nunca tuvieron el objetivo de preservar el estatus quo del emperador de turno. Ellos estaban más interesados en la vida eterna, la inmortal, que en la terrena y la preparaban con infinitos detalles.
En contraste, los faraones del socialismo no prepararon su tumba, no se preocupaban por su inmortalidad y su existencia mas allá de la muerte, se aferran a la vida en la tierra con uñas y dientes. Por razones propias de sobrevivencia, y porque creyeran o no en Dios, no se adaptaban a la idea de la resurrección ni de la existencia en el mas allá, se aferran a la vida, como cuando Chávez suplicaba que no lo dejaran morir, que no quería morir, o como cuando el Che Guevara clamaba ante sus captores que su sobrevida era más importante que su muerte.
¿Habrá pensado alguna vez Fidel Castro en erigirse secretamente a sí mismo algún mausoleo acristalado?
Nadie lo sabe, pero no se puede abandonar la idea teniendo en cuenta la utilidad mediática que le hizo, muy oportunamente, al levantamiento arqueológico de los restos del argentino en Bolivia y todo el andamiaje propagandístico de su traslado al mausoleo santaclareño cuando la grave crisis de los 90. Sería, además, su forma de contribuir al pensamiento necrológico socialista.
Por supuesto, Chávez no pensó en embalsamamientos, mausoleos a tan temprana edad. Pedía a gritos la vida, pero de alguna forma yo creo que lo que hizo con Bolívar y el lugar donde se guardan celosamente sus restos, implicaba su deseo personal de ir a morar junto a la legendaria figura… solo que no tan rápido ni tan pronto.
Hoy, sin embargo, la utilidad de su momificación es evidente y necesaria. Sus sobrevivientes políticos lo necesitan embalsamado y presente en alguna pirámide egipcia, pero mucho más importante, junto a Simón Bolívar. Harán lo imposible para ello, cambiarán la constitución, escribirán un nuevo capitulo en esta telenovela venezolana. Lo necesitan para sobrevivir ideológicamente, aunque la ideología chavista es lo mas ecléctica e irracional que se puede encontrar en la historia del "socialismo".
El valor de uso de Chávez hoy es el sostenimiento de su carisma mas allá de su muerte para sostener aquellos que no lo tienen. Mantener la fila constante de seguidores, mostrar la “marea roja” en tiempos donde se necesita retornar al poder legal. El vacío de poder es lo que ha hecho que se le embalsame y se erija en muerto-vivo. Es un valor utilitario, y quizás mañana sobreviva como lo hace hoy Lenin, para que algún turista se tome una pequeña foto de recuerdo en el mausoleo a su memoria.
La pregunta es, ¿cuánto durará su embalsamiento? ¿Y quién será el Khrushchev venezolano que lo sacará del lado de Bolívar?
Tarde o temprano ocurrirá. Su presencia sólo está directamente relacionada al valor utilitario de su presencia. Hoy para retener el poder, mañana para sostener la llama de su memoria entre sus súbditos, y quizás en el futuro como valor turístico para Caracas.
Vivir para ver.

0 comments: