Desde que el domingo se anunció el nuevo maquillaje del gobierno de Raúl Castro los “expertos” que rápidamente se lanzan a la especulación del momento, dígase las reformas en Cuba, los ingenuos analistas del Financial Times pidiendo que Estados Unidos haga algo que, según ellos, puede hacer para cambiar Cuba, y unos pocos que aún confían que la unión de dos agrupaciones opositoras eche a andar la carreta de los verdaderos cambios en Cuba han llenado las páginas de periódicos, sitios webs dedicados a Cuba y la prensa internacional.
Yo los llamo el coro de las marionetas automáticas.
Entiéndase claramente, algunos de ellos actúan con buena fe. Y muchos se creen
lo que escriben. Yo no sé si es por ingenuidad, desconocimiento, ignorancia o
sencillamente deseos de que Cuba por fin se añada al carro de las
transformaciones cívicas.
Todos, sin embargo, se han olvidado del factor
fundamental, el que verdaderamente tiene que ser el protagonista de los
cambios: el pueblo de Cuba. Es como si todos estuvieran viviendo en el mismo obstinado
sueño, como alguna película de Buñuel, observando una realidad que no existe ni
en el mejor de los casos.
Se olvidan algunos, o navegan en ese sueño
Gorbachoviano caribeño que no existe, de que el señor Canel no es Mijail
Gorbachov. Y se olvidan, de paso, de que el exlíder de la URSS nunca tuvo como
objetivo destruir el sistema político-ideológico en esa agrupación artificial
de naciones… aunque ahora el señor Gorbachov viva y sobreviva de la leyenda de
ese mito.
¿De qué cambios se puede hablar con Canel
dentro de una estructura militar escondida bajo trajes civiles?
Escondida, además, en una chaqueta vieja donde
las antiguas alianzas aún están vivas, tirando de los hilos desde la anonimidad.
Los hermanos Castro están ahí, vivitos y coleando, y ninguno de los dos quiere
cambiar la estructura de mando de ese país. Una vieja generación de poder aún
sigue remando el bote cubano aunque se haga aguas, aunque muchos lo olvidan… ¿a
propósito? que siguen donde mismo los Ramiro Valdés, los Machado Ventura, etc.
En el otro ángulo del triángulo isósceles el
Financial Times nos vuelve a repetir lo que muchos en Occidente siguen surrealísticamente
creyendo, y repitiendo: que Washington tiene algo que mover en La Habana, que
el embargo, y las relaciones bilaterales, que los viajes a Cuba, que, que, que…
todos esos “que” etcéteras. ¡Agréguelos a su gusto!
La realidad: Estados Unidos no puede hacer
nada en Cuba mientras su pueblo no haga nada. El embargo no ha surtido efecto…
no porque sea una medida inefectiva como muchos tontos siguen creyendo, sino
porque nunca fue secundada por los mismos aliados de Washington y, por el
contrario, sus mismos socios europeos y canadienses se lanzaron al mercado “libre
de Estados Unidos” en Cuba.
Mi pregunta: la relación diplomática,
comercial y política de Canadá – quien nunca rompió relaciones con La Habana - ¿ha
logrado algún cambio democrático en Cuba?
Pero esto todo el mundo lo ignora,
conscientemente, especialmente en occidente. La actitud de los socios de Estados Unidos hacia Cuba es una actitud hipócrita, oportunista y mentirosa. Hablan de
la colaboración con La Habana con “objetivos aperturistas” para ocultar
sencillamente una actitud evidentemente neo-colonialista. Les importa un pepino
si el pueblo de Cuba sigue bajo una dictadura, blanda o dura, mientras les
pueda garantizar un negocio seguro ausente de competidores norteamericanos y
unas playas verde-azules, con esplendoroso sol para las vacaciones de sus
ciudadanos de primer mundo.
Es así de sencillo
Y después tenemos, en el ángulo mas estrecho
del triángulo, y siempre mencionado como último, la fusión de dos agrupaciones
opositoras.
Permítanme decir algo que siempre he pensado,
y muy pocas veces he dicho para no herir a quien tantas veces han sido pateada por el castrismo, la oposición en Cuba sinceramente da lástima.
Por lo general hay unos pocos que hacen un
honesto esfuerzo por hacer algo, pero una gran mayoría sólo se encarga de
promover sus propias figuras, sus propios nombres, escribir algún panfletico
con un nombre emblemático, convocar a una conferencia de prensa y punto. En
esencia se olvidan de que a Cuba no la cambia ni un hombre, ni diez, ni incluso
doscientos en una manifestación pública porque las fuerzas de represión los
duplicarán en un pestañazo.
Los cambios sociales los tiene que traer el
pueblo cubano abrumadoramente que, contrario a lo que muchos opinan, sí ha
tenido oportunidad de demostrar que no quiere a ese gobierno y la ha
desaprovechado.
Mi pregunta: ¿por qué el porciento de boletas
anuladas no ha sufrido un dramático incremento en las votaciones de artificio en
Cuba?
La forma más sencilla, y anónima, que tiene
cualquier ciudadano en ese país de expresar que no les interesan sus
autoridades es acudir a esas mismas votaciones de artificio y anular la boleta,
trazar una raya, o una gigantesca cruz, o sencillamente dejar la boleta en
blanco. ¿Lo ha hecho el pueblo de Cuba de manera abrumadora?
¡No!
Dejémonos entonces de hablar de sueños de que
un delfín surgido de las mismas fuentes castristas venga a ofrecernos una Cuba democrática,
o que Estados Unidos puede promover un cambio con los dólares de sus ciudadanos
en los hoteles de lujo de Varadero, o que cuatro gatos con un nombre nuevo van
a promover los cambios necesarios, aunque los gatos sean corajudos y no se
amilanen a los chantajes y burlas.
Ninguna autocracia se ha transformado en
democracia entregando voluntariamente el poder. Ni el mismo Gorbachov lo hizo,
a pesar de las nuevas leyendas escritas a su nombre. Fue sacado del poder por
el empuje de la oposición de forma masiva, ¿o es que se olvidan de Boris
Yeltsin montándose en un tanque frente al parlamento ruso rodeado de miles de
moscovitas?
Así que, dejémonos de sueños y cuentos
surrealistas. La semana Canel pasará como el simple maquillaje temporal que el régimen
necesita para continuar el sueño de las reformas, como pasó con Carlos Lage,
Roberto Robaina y tantos otros. Después de todo, los maquillajes sólo duran la
sublimidad de una noche, un leve periodo de tiempo para esconder el rostro
verdadero y demostrar el glamor a los flashazos mediáticos de la prensa. Así de
sencillo.









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