Saturday, March 2, 2013

La semana Canel

Desde que el domingo se anunció el nuevo maquillaje del gobierno de Raúl Castro los “expertos” que rápidamente se lanzan a la especulación del momento, dígase las reformas en Cuba, los ingenuos analistas del Financial Times pidiendo que Estados Unidos haga algo que, según ellos, puede hacer para cambiar Cuba, y unos pocos que aún confían que la unión de dos agrupaciones opositoras eche a andar la carreta de los verdaderos cambios en Cuba han llenado las páginas de periódicos, sitios webs dedicados a Cuba y la prensa internacional.
Yo los llamo el coro de las marionetas automáticas. Entiéndase claramente, algunos de ellos actúan con buena fe. Y muchos se creen lo que escriben. Yo no sé si es por ingenuidad, desconocimiento, ignorancia o sencillamente deseos de que Cuba por fin se añada al carro de las transformaciones cívicas.
Todos, sin embargo, se han olvidado del factor fundamental, el que verdaderamente tiene que ser el protagonista de los cambios: el pueblo de Cuba. Es como si todos estuvieran viviendo en el mismo obstinado sueño, como alguna película de Buñuel, observando una realidad que no existe ni en el mejor de los casos.
Se olvidan algunos, o navegan en ese sueño Gorbachoviano caribeño que no existe, de que el señor Canel no es Mijail Gorbachov. Y se olvidan, de paso, de que el exlíder de la URSS nunca tuvo como objetivo destruir el sistema político-ideológico en esa agrupación artificial de naciones… aunque ahora el señor Gorbachov viva y sobreviva de la leyenda de ese mito.
¿De qué cambios se puede hablar con Canel dentro de una estructura militar escondida bajo trajes civiles?
Escondida, además, en una chaqueta vieja donde las antiguas alianzas aún están vivas, tirando de los hilos desde la anonimidad. Los hermanos Castro están ahí, vivitos y coleando, y ninguno de los dos quiere cambiar la estructura de mando de ese país. Una vieja generación de poder aún sigue remando el bote cubano aunque se haga aguas, aunque muchos lo olvidan… ¿a propósito? que siguen donde mismo los Ramiro Valdés, los Machado Ventura, etc.
En el otro ángulo del triángulo isósceles el Financial Times nos vuelve a repetir lo que muchos en Occidente siguen surrealísticamente creyendo, y repitiendo: que Washington tiene algo que mover en La Habana, que el embargo, y las relaciones bilaterales, que los viajes a Cuba, que, que, que… todos esos “que” etcéteras. ¡Agréguelos a su gusto!
La realidad: Estados Unidos no puede hacer nada en Cuba mientras su pueblo no haga nada. El embargo no ha surtido efecto… no porque sea una medida inefectiva como muchos tontos siguen creyendo, sino porque nunca fue secundada por los mismos aliados de Washington y, por el contrario, sus mismos socios europeos y canadienses se lanzaron al mercado “libre de Estados Unidos” en Cuba.
Mi pregunta: la relación diplomática, comercial y política de Canadá – quien nunca rompió relaciones con La Habana - ¿ha logrado algún cambio democrático en Cuba?
Pero esto todo el mundo lo ignora, conscientemente, especialmente en occidente. La actitud de los socios de Estados Unidos hacia Cuba es una actitud hipócrita, oportunista y mentirosa. Hablan de la colaboración con La Habana con “objetivos aperturistas” para ocultar sencillamente una actitud evidentemente neo-colonialista. Les importa un pepino si el pueblo de Cuba sigue bajo una dictadura, blanda o dura, mientras les pueda garantizar un negocio seguro ausente de competidores norteamericanos y unas playas verde-azules, con esplendoroso sol para las vacaciones de sus ciudadanos de primer mundo.
Es así de sencillo
Y después tenemos, en el ángulo mas estrecho del triángulo, y siempre mencionado como último, la fusión de dos agrupaciones opositoras.
Permítanme decir algo que siempre he pensado, y muy pocas veces he dicho para no herir a quien tantas veces han sido pateada por el castrismo, la oposición en Cuba sinceramente da lástima.
Por lo general hay unos pocos que hacen un honesto esfuerzo por hacer algo, pero una gran mayoría sólo se encarga de promover sus propias figuras, sus propios nombres, escribir algún panfletico con un nombre emblemático, convocar a una conferencia de prensa y punto. En esencia se olvidan de que a Cuba no la cambia ni un hombre, ni diez, ni incluso doscientos en una manifestación pública porque las fuerzas de represión los duplicarán en un pestañazo.
Los cambios sociales los tiene que traer el pueblo cubano abrumadoramente que, contrario a lo que muchos opinan, sí ha tenido oportunidad de demostrar que no quiere a ese gobierno y la ha desaprovechado.
Mi pregunta: ¿por qué el porciento de boletas anuladas no ha sufrido un dramático incremento en las votaciones de artificio en Cuba?
La forma más sencilla, y anónima, que tiene cualquier ciudadano en ese país de expresar que no les interesan sus autoridades es acudir a esas mismas votaciones de artificio y anular la boleta, trazar una raya, o una gigantesca cruz, o sencillamente dejar la boleta en blanco. ¿Lo ha hecho el pueblo de Cuba de manera abrumadora?
¡No!
Dejémonos entonces de hablar de sueños de que un delfín surgido de las mismas fuentes castristas venga a ofrecernos una Cuba democrática, o que Estados Unidos puede promover un cambio con los dólares de sus ciudadanos en los hoteles de lujo de Varadero, o que cuatro gatos con un nombre nuevo van a promover los cambios necesarios, aunque los gatos sean corajudos y no se amilanen a los chantajes y burlas.
Ninguna autocracia se ha transformado en democracia entregando voluntariamente el poder. Ni el mismo Gorbachov lo hizo, a pesar de las nuevas leyendas escritas a su nombre. Fue sacado del poder por el empuje de la oposición de forma masiva, ¿o es que se olvidan de Boris Yeltsin montándose en un tanque frente al parlamento ruso rodeado de miles de moscovitas?
Así que, dejémonos de sueños y cuentos surrealistas. La semana Canel pasará como el simple maquillaje temporal que el régimen necesita para continuar el sueño de las reformas, como pasó con Carlos Lage, Roberto Robaina y tantos otros. Después de todo, los maquillajes sólo duran la sublimidad de una noche, un leve periodo de tiempo para esconder el rostro verdadero y demostrar el glamor a los flashazos mediáticos de la prensa. Así de sencillo.

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