No se trata de Raúl Castro, sino de su secuestrado, Hugo Chávez. Al “general-presidente” de Venezuela hace 84 días que no se le ve ni un pelo y dicen es ¿Presidente?… sin que el acto de juramentación haya intermediado ni su palabra haya sido escuchada por sus electores. Mientras, la oposición no hace nada y un grupo de estudiantes levanta la voz contra el silencio, la ilegalidad en que se ha colocado el chavismo sin Chávez y los ladridos histéricos de la familia del semi-muerto, el vicepresidente que NO ES y un tipo por ahí que tiene el apellido del ladrido de un perro muy a propósito de sus gritos histéricos contra los que claman la legalidad.
Esto es Venezuela hoy. Una especie de circo
donde Cuba controla el poder. Es decir, donde los hermanos Castro tiran el hilo
de su títere en alguna isla privada presidencialista.
Chávez regresó a Venezuela silenciosamente, después
de una muy bien maquillada operación mediática practicada en el CIMEQ semanas atrás.
No se le oyó hablar, no lo presentaron en vivo para que dijera algunas palabras
como es su deber de Presidente electo. Familiares y súbditos maldicen y ladran
a los que exigen un poco de legalidad en este cuento truculento, mientras los
cientos de chavistas cantan oraciones al Dios de la salvación, encienden velas
y desgarran lágrimas por este personaje. Lo que me hace recordar que no sólo en
Corea del Norte tenemos un tablado de payasos, sino también por el sur de Latinoamérica
abundan muchos de ellos.
Es curiosa la relación de los autócratas con
el poder divino. No se acuerdan de la condena de Dios cuando ejercen su
ilegalidad, encarcelan jueces y ordenan expropiaciones y crímenes con la
impunidad de un Nerón o un Calígula. Y cuando la tragedia y el fin les sobrevienen
comienzan a agarrarse a la cruz con un fervor patético.
Chávez regresó a Venezuela para morirse, eso está
claro, pero para algunos que aún siguen aferrados a la tabla de ese nombre el “presidente-por-ser”
regresó para juramentarse y darle el respiro de legalidad al chavismo. Y puede
que la operación regreso haya sido un aliciente temporal para que el chavismo diera
la ilusión que la juramentación ocurriría. La realidad es que Chávez se agrava,
y así lo parece con las últimas declaraciones de Evo Morales y la imagen de la
hija en una misa.
La curiosa pregunta que me asalta es ¿por qué dejaron
escurrirle la información a Evo Morales a sabiendas de su conocidísima indiscreción? ¿O
fue precisamente por eso que se la “susurraron”?
Y después tenemos a Maduro confirmando que el “Presidente-por-ser”
está bajo quimioterapia, “luchando” por su vida. Curiosa asociación de palabras.
Todo esto son especulaciones y para los que
ladran y critican las especulaciones solo hay una respuesta: ¡Digan la verdad!
Si la dijeran y presentaran la información de manera convincente y honesta todo
rastro de especulación desaparecería por sí misma. Pero ya se sabe, la verdad
es el último recurso al que recurre el autoritarismo desesperado.
Los que hoy piden privacidad para una persona
que enfrentó una votación pública por su enfermedad se olvidan, en primer
lugar, que sus electores necesitan saber de su capacidad para poder asumir el
poder por el cual fue electo. Es una obligación elemental que se les informe de
su estado y si no está en poder de ejercer sus funciones pues que lo diga y
renuncie a ejercerlas. ¿O es que ya ni puede decirlo?
Pero es precisamente esto lo que temen los
chavistas. Chavismo sin Chávez no existe, como no existirá castrismo sin
Castro. Porque no es una ideología, ni un programa político, ni tan siquiera un
movimiento social estructurado, sino un conglomerado de personas alrededor de
una figura de poder, que ha establecido un balance y una estructura jerárquica
de mando. Desaparecida la figura desaparecerá la frágil unidad, se fragmentará
el movimiento. Es así de sencillo.
Y al final, los mismos que piden privacidad
para el autócrata se olvidan que ayer, cuando aún este señor imponía su
voluntad imperial a capricho, no le importaba en lo mas mínimo la privacidad
ajena, ni los derechos elementales que sus opositores tenían como personas.
Entonces, ¿cómo exigir ahora que se los
respeten a sí mismo?
Cuando no se respeta a los demás no se obtiene
el derecho elemental a ser respetado. Es así de sencillo.
¿Cómo terminará toda esta historia?
Hay dos respuestas. La primera y más sencilla:
con la muerte de Chávez. Entonces todo este truculento asunto retornará a sus
inicios, la necesidad de volver a retomar la constitucionalidad pisoteada
durante todo este tiempo.
La segunda es más compleja y necesita del
accionar de la oposición. Es absolutamente un absurdo que la oposición no haya
hecho el mas mínimo intento de desafiar la ilegalidad en que Venezuela ha
estado navegando en estos meses, y ponga coto a la inconstitucionalidad que
existe. Lo que hacen los estudiantes hoy desafiando al poder chavista y
exigiendo la “salida de Castro” de Venezuela es lo que la oposición debió hacer
hace mucho tiempo.
¿Hasta cuándo van a estar mirando al cielo por
una respuesta?
¿Es que también están esperando por Dios?









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