Friday, March 29, 2013

Cuba y la alegoría de la caverna de Platón


Si de algo sirven los clásicos de la antigüedad es para volver a ellos y ver, con ojos frescos pero a la vez lúcidos, la realidad con un nuevo sentido. Ver la luz quizás por primera vez, o percatarse de ese pequeño pedazo de realidad de la que antes no nos dimos cuenta o nos perdimos en el laberinto de causas y consecuencias.
Los cubanos llevamos 54 años tratando de encontrar un camino común, algo que nos una a todos para enfrentar una historia de fracturas, destierros, heridas y ausencias. No lo hemos encontrado, y en el camino nos hemos quedado encadenados a esa cueva que Platón describía en su clásico “La Republica”. ¿Qué decía el filósofo griego?
En la alegoría de la caverna Platón nos describe una cueva en la cual se encuentra un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que lo sujetan a las paredes de la caverna por el cuello y las piernas, imposibilitados de moverse y mirar a sus lados sólo pueden mirar al frente, a la pared del fondo, sin poder jamás observar el mundo que los rodea a sus lados, la gente encadenada que comparte su destino, el resto de la caverna poblada de hombres.
Detrás de ellos un muro los separa de la entrada de la cueva y entre ellos una hoguera (ver imagen del post). Entre la hoguera y el muro una procesión de elegidos circulan portando objetos cuyas sombras, gracias a la luz intensa de esa hoguera, se proyectan en la pared del fondo, única visión que pueden percibir esos hombres encadenados, aislados en su vida por esa pared, prisioneros a esas sombras que le cruzan a sus ojos como única visión de vida en la caverna.
Esas sombras son sus únicas verdades, la única realidad imaginada y conocida y, “gracias” a las desgraciadas circunstancias de su encadenamiento, son las únicas verdades universales en sus vidas. Unas verdades eternas, rotundas, definitivas. Nada que acontezca a sus espaldas le es conocido. Nunca verán la luz del sol a la salida de la caverna.
Platón cuenta lo que ocurriría si uno de esos hombres fuese liberado y obligado a volverse hacia la luz, salir de esa cueva para contemplar de ese modo una nueva realidad, un nuevo mundo que no es de sombras, una realidad más profunda y completa, causa y fundamento de aquella a la que estaba encadenado de por vida, y que solo estaba compuesta de apariencias sensibles, sombras de algún otro tras la pared.
Una vez libre, desatado del muro de las apariencias, ese hombre es obligado a encaminarse hacia la salida de la caverna, al mundo exterior que nunca ha visto, a través de una dura y áspera subida, un camino escarpado y peligroso, pero cuyo final es un mundo nuevo, brillante y verde, luminoso.
Entonces, solo entonces, el prisionero libre es obligado a retornar a la cueva para liberar a sus antiguos compañeros en suplicio. Cuenta Platón que a la voz del hombre libre sus compañeros se burlan, se ríen, no quieren creerle, le consideran peligroso. Sus ojos se han estropeados por la claridad del sol, argumentan.
Y así, cuando ese primer hombre libre intenta desatar al primero de sus compañeros para hacerlo subir y compartir su nueva visión, su nueva luminosa realidad, los hombres encadenados intentan matarlo o lo intentarán en un futuro… cuando tengan la oportunidad de atraparlo.
Así termina la alegoría de la caverna de Platón.
¿No les suena conocido? ¿No les parece ser parte de una historia que todos compartimos y llevamos dentro en nuestro espíritu desde que nacimos en esa pequeña isla, en aquella pequeña cueva, atados a la conocida pared, encadenados de manos y cuello?
Para mi Cuba es la re-encarnación de esas palabras de Platón. No hay que agregar ni una más. Todo está allí. Sin embargo…
Más de dos millones de cubanos viven fuera de esa cueva en forma de isla y, aparentemente, han escapado de la cueva y miran la luz, caminan libres por el mundo, son incluso capaces de retornar para liberar a sus compañeros encadenados.
Pienso, sin embargo, que de este lado de acá, ya fuera de la cueva hay un grupo de cubanos que se han encadenado, a sí mismos, a otra caverna diferente. Como sus compañeros en Cuba comparten una pared, unas sombras, unas cadenas, no miran alrededor, no creen en el hombre libre que sale de todas las cuevas, y son capaces de matar, ofender, herir hasta lo profundo del espíritu a quien intente liberarlos de sus cadenas… una vez más.
Pobres y ricos, letrados y hombres sencillos, escribientes y escribas, intelectuales e iluminados. Muchos, aunque no tantos como se piensa y ellos mismos creen. Encontrarlos y encontrarse ellos mismos es parte de su liberación. Porque esta vez, y para su propia desgracia, nadie vendrá en su rescate.
O se salvan a sí mismos o desaparecen en vida encadenados a su propia cueva.

1 comments:

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