Saturday, September 29, 2012

Los 3 minutos de infamia de Zoe Valdés


¿Cuánto cuesta oír o al menos dejar en casa la arrogancia, la prepotencia y el divismo?
Siempre se ha dicho que cuando damos el primer paso a la calle debemos dejar detrás en la privacidad de nuestro hogar nuestros problemas personales, y también nuestras angustias y tormentos. Quizás porque los cubanos nos consideramos muy diferentes, por algunas razones, esto no parece ser posible.
No sé, quizás porque hemos vivido más de 60 años sin una verdadera democracia nos hemos convertido en ese pequeño animalito controlador, ese dictador casual de cualquier otro cuando no coincidimos en ideas y pensamientos.
El elemento monolítico que se ha colado en nuestras vidas por demasiado tiempo nos hace olvidar que no se puede construir una sociedad democrática si seguimos diciéndole a algún otro “cállate”, dedícate a lo tuyo, no opines… solo porque ejercemos el derecho a expresar nuestra diferencia. Pero ese esencial derecho no nos permite en erigirnos nosotros mismos en dictadores de miniaturas contra cualquier otro. No se levanta una pieza de ajedrez de un tablero para poner la misma con nuestro rostro.
Esencialmente nos ha ocurrido a todos los que tenemos un blog, a los que se atreven a ejercer su derecho de ciudadano libre y publicar abiertamente su opinión, a escribir su nombre en algún medio, a tener un rostro y opinar. El anonimato circunda, sin embargo, las críticas dictatoriales del resto del conglomerado humano. Le ha ocurrido también, una vez mas, ahora a Zoe Valdés con su escrito.
Esta práctica la sufre, cotidianamente, todos los que en Cuba opinan y dicen algo diferente a la versión oficial de la dictadura. Los medios de prensa, las emisiones de radio y televisión, en esencia la Seguridad del Estado, están diseñados para ejercer este monolítico rol de castigador universal de la sociedad socialista.
No recuerdo, desde que he estado activo en los medios sociales en internet, un momento en que Zoe Valdés no haya promovido la labor de una figura disidente en Cuba para acto seguido echarle toneladas de barro a la pobre víctima cuando comete alguna sagrada “irreverencia” que no es de su gusto.
La señora Valdés nos ha acostumbrado a sus constantes ataques a Yoani Sánchez, Guillermo Fariñas y Estado de SATS (justas o no), después han venido las paletadas de groserías contra las Damas de Blanco y Martha Beatriz. El último ataque de ¿histeria? transcurrió unos días atrás cuando llego a calificar a “masantín-el-torero” de cuanta basura se puede imaginar, ofreciendo dinero por “huelgas de hambre” y cacerolazos, en son de broma… según aclaró después.
Con honestidad: yo no entiendo.
Zoe Valdés muchas veces ha puesto el dedo en la llaga y ha acertado a decir cosas que muchas otras “figuras estelares” de la sociedad civil alternativa en Cuba le han dado vueltas para eludir el claro compromiso. Y en eso yo la aplaudo: ha sido suficientemente honesta y sincera, ha hecho lo que muchos otros no han tenido el coraje de hacer y decir. Pero el problema medular de la señora Valdés es el tono, y un ensoberbido protagonismo que desea ejercer a toda costa.
Es precisamente ese divismo lo que una sociedad democrática debe eludir en la futura Cuba: es lo que hemos tenido por demasiado tiempo en la sociedad cubana. La peor herencia que Castro ha ejercido sobre nuestro país es haberle transmitido a más de tres generaciones la ¿esencialidad? de que una persona, una idea, un principio, una autoridad, un esquema social, cualquiera que sea, tiene que ser el eje central de todo un conglomerado humano.
Hay algo de verdad, sin embargo, en lo que Zoe Valdés escribe: los cubanos nos hemos convertido en cultivadores de la controversia banal olvidando lo esencial. La disidencia en Cuba no tiene programa claro en su lucha contra la dictadura y la pregunta debe ser: ¿hay alguno que intente encausar y unificar esa lucha?
La pregunta se la realicé, vía un expreso de conciencia, a Oscar Elías Biscet. El reconocido disidente eludió darme una respuesta. Ninguna agrupación disidente en Cuba hoy tiene un programa claro para la transición, con la loable excepción de la agrupación de Oswaldo Paya, que es bueno recordar fue bastante maltratada por la emigración cubana y los grupos anticastristas en el exilio, precisamente porque era moderada e intentaba crear el necesario puente entre las diferentes generaciones de cubanos.
Hoy, para total desgracia nuestra, seguimos esperando por esa figura, esa agrupación, ese esfuerzo aglutinador que provoque que los fragmentos que constituyen la sociedad civil cubana se perfile en algo más tangible y material para poder decir, definitivamente, que existe un futuro visible mas allá de Castro.
Mientras, lo que tenemos es este vodevil de controversias entre Zoe Valdés, la docena de blogs de exiliados cubanos, los tres o cuatro sitios de internet dedicados a emitir opinión y noticias sobre Cuba, y el bloque monolítico de oportunismo, delación y mentira que es el blog de la Seguridad del Estado en Cuba.
Porque, para darle una vez más la razón a Zoe, es aquí donde muchos nos equivocamos al darle nombres y situar individualidades en el rompecabezas de blogs de la Seguridad del Estado. Todos ellos son UNO: no nos equivoquemos. Insertan una palabra diferente aquí, engarzan un retruécano allá, pero las fuentes son las mismas. A los videos, conversaciones privadas e imágenes que insertan esos blogs todos le conocemos su críptica fuente: los archivos de la policía política de Cuba, que es la única fuerza autorizada y con medios para grabar conversaciones telefónicas de disidentes, instalar cámaras ocultas, sembrar agentes en los grupos opositores, ofrecer información a la prensa.
Derechos esenciales de todo ser humano diariamente violados por las autoridades de Cuba ante los ojos inertes de los órganos de prensa mundiales.
Y es así como la señora Valdés ahora se molesta de que su escrito haya aparecido en uno de esos pedacitos de blogs conque cuenta la Seguridad del Estado de Cuba. ¿De qué se queja? ¿A quién le echa la culpa? ¿Por qué blasfema de otros y no de sí misma?
Podemos tener ideas distintas, ofrecer opiniones diferentes, ejecutar nuestro derecho a diferir. Zoe Valdés tiene derecho a decir que los cubanos somos “pura mierda”. Ese es su derecho personal, y nadie se lo quita. Pero, ¿eso nos hace mejores? ¿Eso nos ayuda en algo?
Y si ayuda, ¿a quién?
No precisamente a los que pensamos diferentes a la dictadura como se ha podido comprobar con la publicación del post en los sitios de la Seguridad del Estado. Y permítaseme agregar aquí un detalle para ser totalmente justo con Zoe Valdés: hay elementos y grupos en el exilio que han hecho, y continúan haciendo, del tema de Cuba el centro de su actividad lucrativa personal, y de su actividad política. Quizás por eso debemos perdonarle un poco de que “somos todos pura mierda”. En esencia, nos hemos dejado de que esos individuos y grupos de poder controlen nuestro destino como sociedad y congregación humana.
Por desgracia siempre encontraremos eso en la historia de la lucha contra las dictaduras: ha existido siempre. Por lo que, por favor, pasemos la página y busquemos otras vías de llegar al consenso.
De todas formas, los tres minutos de fama que la señora Valdés, una vez más, se ha encargado de asegurarse en las redes sociales le han valido los más de tres días de infamia que merece su escrito.
¿Es que vale eso algún esfuerzo a su nombre?

Sunday, September 23, 2012

Los Blue Jays y el “dilema” Escobar


Días atrás el torpedero cubano Yunel Escobar de los Blue Jays causó una pequeña tormenta en el vaso de algunos periodistas de la prensa canadiense e internacional. Especialmente en Canadá obtuvo, posiblemente, más repercusión que en el resto del planeta deporte, quizás porque los Blue Jays últimamente nos tienen acostumbrados a sencillamente darnos las usuales malas noticias de perder abrumadoramente contra casi todos sus oponentes.
¿Cuándo esa mala racha parará?
Pero no, no fue sobre la pérdida de un juego contra los yanquis de New York, ni porque el torpedero cubano se haya fracturado el preciado brazo. El asunto fue el pequeño letrero a que nos tiene acostumbrado Escobar debajo de sus ojos. Usualmente los jugadores de beisbol utilizan esa mancha oscura para combatir los efectos del sol cuando juegan pelota, Yunel acostumbra a poner algún mensaje en esa pequeña mancha negra. Esta vez, al parecer, fue demasiado … ¿lejos?
El mensaje dice: “TU ERE MARICON” (You are fag”, en inglés)
Para la teleaudiencia habitual el mensaje permaneció inadvertido. Es que nadie le presta la ridícula atención a lo que los jugadores escriben en su cerebro, perdón, quise decir debajo de sus ojos. Lo que importa es cómo se comportan en el cuadrilátero, después de todo el aficionado va a ver jugar pelota no a ver como alguien se pinta los ojos.
La prensa, sin embargo, es un mero buscador de noticias, las fabrica en toneladas, escrudiña cada uno de los detalles que se le escapan al tele-espectador y las lanzan para vender el medio al cual reportan. Nadie se hubiera percatado del suceso si algún cazador de noticias no hubiera escudriñado con recelo lo que Escobar tenía debajo de sus ojos. Pero eso es lo típico de la prensa occidental, especialmente la que se enfoca a escarbar algún detalle y echar a rodar la pelotica de nieve de la especulación y el chisme hasta convertirla en una avalancha mediática.
Ya se sabe, se necesita vender un nombre, un medio, un hecho escapado del suceso deportivo, cultural o político. Una miga de paja convertida en escándalo.
Esa es una parte del asunto. ¿Cuál es la otra?
La otra es, precisamente, Escobar.
¿Se han fijado lo que el cubano escribió debajo de sus ojos?
¿No notan los efectos de un español disfuncional en la escritura?
Sí, falta la S que necesariamente debe tener la palabra ERE al final como lo exige la conocida regla del idioma. Y es ahí donde está el pequeño detalle que descubre el verdadero rostro del “dilema” Escobar.
La educación cubana hoy día, esa de la que tanto alardean los oficialistas de la política cubana, el castrismo y sus secuaces en el mundo, es disfuncional. La falta de profesores, la falta de motivación de los que aun enseñan y las décadas de experimentos desastrosos en la educación han hecho del español de la isla un desastre. Y esto no es culpa del ciudadano común que va a recibir esa educación disfuncional, como lo fue Yunel en Cuba.
Yunel no es culpable de hablar y escribir disfuncionalmente como alguien lo ha hecho notar en la prensa canadiense.
No es, ciertamente, el único. Todos y cada uno de los deportistas cubanos de alto rendimiento tienen un español disfuncional. No es un suceso aislado, es la generalidad.
¿Acaso se nos pueden olvidar las hilarantes declaraciones de Teófilo Stevenson a la prensa y su peculiar forma de hablar? Y nada de eso lo disminuye de ser uno de los grandes atletas de todos los tiempos.
Cuando en la década del 70 la educación cubana abandonó el rigor por la masividad, ante el galopante incremento de la población infantil y adolescente cubana, el gobierno generó el mito de la masividad y se olvido de que la educación es, esencialmente, una labor de perseverancia, de rigor y de paciencia. La educación es una profesión de amor.
Adolescentes haciendo el rol sagrado del maestro, personas sin ninguna preparación psicológica y sin verdadero amor a la más importante profesión de una sociedad, individuos que veían en el magisterio la única puerta de salida para alcanzar una carrera, en inglés usualmente le llamamos a estas personas “dropouts”. El magisterio cubano fue centro de política de estado, especialmente en períodos donde se impulsaba la inclusión en las organizaciones políticas sólo a aquellos que la escogían…”voluntariamente”
Bueno, ya se sabe el significado que tiene la palabra voluntad en Cuba. Todo lo contrario de su definición en el diccionario ESPASA.
Y es así es como Yunel Escobar aprendió a decir “Tu ERE…”, lo que sea. Lo repiten miles de cubanos hoy día en sus calles y lo trasplantan, además, al idioma inglés cuando no pronuncian las terminaciones inglesas, lo que hace que tengan que encontrar un traductor para el famoso azulejo cubano-canadiense a la hora de dar explicaciones a la prensa… después de los sucesos.
Hay, además, un detalle que me hace sonreír. Luego de que la caja de Pandora de Escobar fuera “descubierta” por la prensa, el cubano fue suspendido y enviado a una “escuelita” para aprender tolerancia.. ¿en tres días? Es para caerse de espaldas de la risa.
No me sorprende la ingenuidad canadiense, o norteamericana, la he visto aparecer cotidianamente aquí y allá. A estas alturas Yunel Escobar es ya un adulto, un hombre joven cuya ética personal, educación sentimental y principios morales han sido delineados por una infancia en Cuba, la misma que sufrió los embates de los que hablaba antes en las escuelas cubanas.
La educación cubana es, además, una educación esencialmente homofóbica. La sociedad cubana siempre fue esencialmente machista, lo ha sido antes y después, a pesar de que el gobierno castrista creó códigos de familia y organizaciones feministas. El hecho cierto es que Cuba sigue siendo una sociedad profundamente machista donde la homosexualidad, en cualquiera de sus variantes, es profundamente rechazada. Y es gracias a los mismos que crearon estos códigos de familia y estas organizaciones feministas.
El deporte, además, fue un medio que el gobierno de Castro utilizó para erradicar las tendencias homosexuales de personas en el pasado, ¿o es que se nos olvida que en el UMAP se obligaba a los “gays” a jugar beisbol? ¿Se acuerdan de ese detalle?
1967, ese fue el año en que la máxima autoridad del país abrió los campos de concentración para homosexuales, disidentes e individuos que no se alineaban a la política oficial de Castro. Pero la homofobia no solo se “concentró” en el UMAP porque, quiéralo ocultar ahora el régimen por todas las formas posibles, los máximos representantes de la política oficial cubana eran homofóbicos… y lo siguen siendo.
No hace falta ir muy lejos en una sociedad donde la voluntad de un hombre impone políticas de estado, experimentos descabellados en la educación, cultura y economía, y un lenguaje agresivo esencialmente homofóbico para que la sociedad sea caldo de cultivo favorable a la intolerancia.
La cultura cubana sufrió de la intolerancia homofóbica, borrando nombres, ocultando de nuestra educación el acervo de grandes artistas solo porque en su vida personal eran homosexuales, mientras el discurso oficial se masculinizaba a grados superlativos. Es curioso, por ejemplo, como un artista como Bola de Nieve (conocídamente homosexual) decía que le gustaba la “revolución” cubana… “porque es macha”.
¿No les parece sugestivo el adjetivo del famoso artista?
Alguno puede decir, bueno, 70’s, 80’s, 90’s es tiempo pasado. OK, les recuerdo entonces ahora lo que ocurrió en el verano del 2003 cuando unos emigrados cubanos en Miami decidieron hacerle una broma al dictador en jefe en Cuba a través de la radio local de la Florida.
¿Se acuerdan del suceso de la llamada de “Chávez” a Castro sobre la dichosa maletica?
25 minutos de conversación telefónica entre el supuesto “Chávez” desde una radio de Miami a Fidel Castro descubren lo esencial en el dilema Escobar. La única respuesta que el dictador acierta responder luego que el bromista le descubre la broma es llamarle “MARICON”.
Es la misma palabra que empleo Yunel Escobar en su famoso letrero. ¿Hay algún periodista americano o canadiense que lo haya anotado por ahí en sus comentarios sobre el torpedero en estos días?
Siguiendo la ingenua forma de pensar de estos reporteros alguien pudiera sugerir de enviar a Fidel Castro a la misma “escuelita” que dicen va a asistir Yunel Escobar para aprender tolerancia.
El filósofo británico Karl Popper dijo alguna vez “… que debemos reclamar en nombre de la tolerancia el derecho a no tolerar a los intolerantes”.
Me pregunto hoy, ¿vale solo esto para pequeños individuos cuyo única función social es ser un buen jugador de beisbol en un equipo canadiense llamado Blue Jays?
Yunel Escobar es solo eso. Un pequeño ciudadano nacido en una pequeña isla donde la intolerancia a lo diferente ha sido la política de estado regida por un intolerante. Creció, se formo como niño y joven en ese ambiente. Llego a ser un gran torpedero en un medio esencialmente machista, homofóbico, en medio de una sociedad que estableció la homofobia como política estatal oficial y que aún, a la altura del 2003, tenía a un intolerante como rey supremo de un estado capaz de llamar por el mismo nombre, en una radio internacional, a otra persona con la misma palabra que Escobar disfuncionalmente escribió debajo de sus ojos.
¿Quién protesto entonces?
Yunel Escobar no es un “role-model” como algunos tontos tratan de encuadrarlo en la prensa. Es simplemente el producto social de su pasado como persona. Un pasado enmarcado por la política de este otro intolerante cuyo nombre es Fidel Castro.
Dejémonos, entonces, de hablar tanta bobería y pongamos los pies en la tierra, después de todo, Yunel solo juega con las pelotas… no con la suerte de millones de personas como Fidel Castro.

Saturday, September 15, 2012

Gerontologia de cambios


Desde que Raúl Castro llego a la primera posición en Cuba, un hecho que aun nadie se aventura a decir no esté controlado por la mano oculta del hermano discapacitado, comprobado el espíritu de divismo del viejo sátrapa, la prensa extranjera y algún que otro político occidental no dejan de aprovechar cualquier minúsculo asomo de cambio minúsculo para hablar de “reformas”.
Digámoslo de una vez: la Cuba de Raúl Castro no es la de Fidel, el tiempo ha corrido ya demasiado, la gente no cree en lo absoluto en “el modelo” y la apatía social y la doble moral es el sello distintivo del régimen. Pero, al menos, como dicen muchos de los cubanos, las largas descargas televisivas de la diva caribeña han desaparecido y el cubano puede disfrutar de las insoportables telenovelas espaguetis latinoamericanas.
El hecho es, ¿qué puede cambiar un tipo que estuvo secundando al viejo troll en el poder por 50 años?
¿Dónde están los cambios?
Personalmente yo veo curitas de mercuro cromo puestas aquí y allá. Sentaditas en el poder de militarotes que hoy ya no pueden levantar el zapato a la altura de la cintura por la Plaza Cívica y se acomodan en oficinas estatales refrigeradas.
No condenan a largos años a disidentes e infractores de la política oficial, pero le dan su cuota de días y semanas sin instrucción judicial en las cárceles, o el componte de actos de repudio. Permiten los timbiriches populares mientras las hombreras verde-olivo se sientan en gerencias empresariales.
Hablan de eliminar alguna listica negra de artistas de la radio, para después decir que no serán todos y más tarde negar que hayan existido esas “listicas”. Como dice la voz popular: “se ponen rolos o se enganchan papelitos”.
Me causa risa este contagio de “cambios” que la prensa extranjera, especialmente la norteamericana, nos regala de rato en rato. Nadie puede pensar que personas que han ocupado tanto tiempo el poder de manera unipersonal y sin posible cuestionamiento a la mas mínima opinión quieran abandonarlo hoy, ni cambiarlo.
Las estructuras políticas siguen siendo las mismas, las decisiones la siguen tomando a dedo los mismos personajes y el país sigue estructurado verticalmente sin opciones visibles de opinión. La prensa es un muro, una trinchera de silencio: no cuestiona, ni informa ni investiga, aplasta.
Los cubanos que vivimos fuera seguimos con el muro de burocratismo, imposiciones para visitar nuestro propio país, e imposiciones sacrílegas monetarias. Todo en aras de soportar financieramente un ideal político que fue suicidado por sus propios creadores hace ya mucho tiempo.
Yo he decidido no volver a visitar nunca más mi país de origen. Ni sus playas hoy me atraen. Hasta la arena fina de Varadero ha sido arrastrada por políticas locas por estos que hoy dicen “cambian y se reforman”. Y no exagero. El que haya visitado esa playa 30 años atrás sabe muy bien de qué hablo. Saqueada de su arena natural, Varadero sufrió los embates de decisiones verticales de esa estructura de poder que tuvo urgentemente que dar marcha atrás al saqueo y depositar en sus aguas transparentes una arena ajena.
Es casi la metáfora de lo que le ha ocurrido al país. Fuimos la nación que exportaba el mejor azúcar del mundo, y la mayor productora y exportadora, para convertirnos en la importadora de azúcar brasileña, con mucha menos calidad que la cubana.
De la gestora de artistas, telenovelas de éxito, la meca de la televisión, un país al que muchos artistas latinos aspiraban alcanzar el éxito para saltar al ámbito mundial nos hemos convertido en segundones, creadores de chupi-chupi, basura musical e intelectual. La verdadera raza de intelectuales cubanos o no está en el país, o disiente de la política estatal y recorre un mundo que no es el oficial cubano o sencillamente calla. El silencio es la obra del que no tiene palabra para expresar su pensamiento: por miedo, hipocresía social o sencillamente apatía.
Los que aun continúan abanicándose en las altas oficinas refrigeradas del régimen, y que deciden a punta de dedo, no han cambiado lo esencial: la represión a la opinión ciudadana, las estructuras políticas y sociales estalinistas, el poder vertical y omnímodo, la centralización del poder en unos contados dedos, y la centralidad de las decisiones económicas y políticas.
El parlamento cubano sigue siendo un teatro de marionetas. Por ahí están las anécdotas de una delegada del poder socialista a la que quieren aplastar por, precisamente, querer representar los deseos de sus electores. Y todavía sigue pensando, después de tantas amenazas y negativas, que se puede seguir siendo “revolucionario” en un país que abandono la revolución el mismo día en que se destruyeron las estructuras democráticas nacionales.
Ese es el surrealismo socialista que aun algunos cosechan en el país producto de décadas de  lavado continuo del cerebro. Pero ese mismo caso demuestra como el ciudadano común no tiene la más remota oportunidad de decidir el destino del país, de acceder al poder para cambiar en su favor las decisiones políticas y sociales y demuestra que el llamado poder político no está determinado por las estructuras temporales creadas por las elecciones surrealistas cubanas.
La Asamblea Nacional no determina nada, los órganos locales del poder popular no tienen poder de decisión alguna, el delegado local es un ser diminuto al que le dieron una silla en algun teatro una vez al año, solo para que levantara una mano a la hora de refrendar una ley que no ha creado, ni generado ni cuestionado. Es sencillamente la marioneta en ese teatro.
Por eso, cuando de análisis se trata, yo trato de hojear las incontables paginas en periódicos, websites y cadenas noticiosas con la sonrisa del que sabe, íntimamente porque vivió 41 anos allí, observando los mismos que disfrutaban buenas casas, autos privilegiados pagados por lo que no se le paga al cubano, viajes a ese Varadero con arenas ajenas, viajes y privilegios negados al resto de la población cubana, de que no habrá ningún verdadero cambio mientras los rostros del pasado estén encuadrados en la estructura antigua del estado cubano.
Es una arquitectura que permanece incambiable. Sencillamente, esos curanderos de mercuro cromo saben que sin un país de rodillas no pueden existir: el resto es puro cuento.

Sunday, September 9, 2012

¿Qué le pido yo a la Caridad del Cobre?


Un poco para marcar la diferencia, pues no le pido nada. En los 400 años los cubanos nos hemos dedicado mucho a pedirle a los demás y en muy pocas ocasiones pedirnos a nosotros mismos. Fuimos el último reducto del colonialismo español en este hemisferio, y costó mucho trabajo a nuestros próceres hacer que nuestra pedigüeña cubanidad retornara su rostro hacia nosotros mismos.
Hoy nada ha cambiado. Seguimos siendo la península pedigüeña de la humanidad.
Oscar Wilde dijo alguna vez que “un hombre que no piensa en sí mismo no piensa en nada”, y los cubanos nos hemos acostumbrados a pensar en los demás antes de pensar que hemos hechos nosotros mismos para pedirles a los demás, precisamente, eso que no hemos hecho.
Es un poco la historia secular de estos 54 años de castrismo. Y no es extraño encontrar en la prensa, los blogs oficialistas, en esas descaradas “reflexiones” de un personaje cansado de pedir a los demás lo que no ha hecho él mismo, y hasta en el mismo devenir común de los cubanos en el exterior la ansiosa y trágica pedantería de pedir, pedir, reclamar. ¿Qué hemos hecho en cambio?
Semanas atrás un grupo de emigrantes ilegales en México pedían y reclamaban trato justo, mejores condiciones, etc., a las autoridades migratorias mexicanas que los tenían retenidos. Y no es que este mal el exigir condiciones humanas para todos, es un derecho esencial de la civilidad, pero ¿lo habrán pedido ellos en Cuba?
Por décadas el gobierno de los Castro ha pedido el levantamiento del embargo en los organismos internacionales. Ha criticado las situaciones extremas y las condiciones de los retenidos en la base de Guantanamo – olvidándose que son terroristas los que están ahí, y olvidándose de las propias cárceles cubanas y de los presos cubanos -, ha inscrito el nombre de Cuba en resoluciones sobre homosexualidad, Siria, Libia, apoyado todos y cada uno de los movimientos desestabilizadores de los gobiernos latinoamericanos, para al final ser parte de organismos e instituciones internacionales que, en la gran mayoría de las ocasiones, no merecen tener a ese gobierno como miembro.
Hoy Cuba, su gobierno, sus voceros oficiales, emigrados y proxenetas siguen pidiendo a todo el mundo, reclamando algo que no han hecho suyo en su propio suelo. ¿También le pediremos ahora a La Caridad?
Hay un viejo refrán que dice: “contra el vicio de pedir hay la virtud de no dar”. No está del todo mal, pero lo cierto es que antes de reclamar uno tiene que mirarse en un espejo y preguntarse qué hemos hecho para pedir… sin que se convierta nuestro reclamo en vicio.
Vicio es estar reclamando lo que no hemos hecho en nuestro país: democracia verdadera, libertad personal, respeto al derecho a la diferencia, leyes justas, poder judicial independiente, libertad de comercio y de movimiento, derechos humanos incondicionales a la opinión política y la postura filosófica del individuo, elecciones verdaderamente libres y democráticas, estado de derecho, poderes reales, libertad de prensa, civilidad.
Cuando leemos estos conceptos en la prensa nacional nos encontramos con la trágica realidad de ser parte de una petición al resto del mundo, como si Cuba estuviera situada en otro orbita planetaria o en alguna orbita separada de la civilización humana terrestre. ¿Es que los cubanos y Cuba somos aliens en nuestro propio planeta?
Yo no puedo pedirle a La Caridad sin primero haberme pedido a mi mismo el pedacito de reclamo civilista. Y sobre todo, no puedo estar conforme con los que, sentados en el poder supremo del país, han estado pidiendo a los demás sin reclamarse a sí mismos el poquito de virtud que le exigen a los otros.
Eso es una inmoralidad.
Por décadas han retirado nombres, han condenado artistas, personalidades públicas, ciudadanos sencillos por su opinión. Han borrado y cambiado la historia y han reprimido civiles por sus personales posiciones políticas, filosóficas, religiosas y de género. Y aun hoy se resisten a la mera y civilista actitud de pedir perdón humildemente a aquellos que han castigado al olvido o a la muerte física o espiritual, o a ambas, olvidándose de esa frase del Apóstol que decía: Perdonar es vencer.
¿Es que no se definían como miembros de la generación del centenario de Martí?
¿Es que el perdón no existe en el diccionario personal de estos dictadores?
Por eso, cuando hoy se le pide a La Caridad lo que sea: tolerancia, mejores condiciones de vida y cambios verdaderos en mi país. Yo prefiero no pedirle nada.
Primero debemos proceder a pedirnos a nosotros mismos, después tendremos suficiente tiempo para pedirle a los demás… si es que hemos hecho algo para hacerlo.