No es de Kafka aunque el acto pueda parecerse
tanto a la transformación que sufre el protagonista del famoso relato del escritor
alemán. Ayer viernes 14 de Diciembre del 2012 una iglesia en La Habana vio
transformarse el sagrado Misal en un acto de la más repugnante tragicomedia que
sufre Cuba en los últimos días con el agravamiento de Chávez. Los hechos
siempre prevalecen en aparecer primero como una tragedia, y después se tuercen
y reaparecen como comedias, aunque siempre implique el sufrimiento de muchos más:
en el pasado, en el presente y aún en el futuro inmediato.
No creo tenga que comentar mucho, la foto lo
dice todo. Estos militares cubanos en la Misa dedicada a Chávez es la más clara
muestra del grado de desesperación que el gobierno de Cuba tiene frente a algo
que, en esencia, es una debilidad humana: la muerte de una persona.
Pero es que esta persona es Chávez, no la
persona, no el ciudadano, no el individuo minimizado en su íntimo entorno, sino
el jefe de estado que le ha dado al gobierno de Cuba años de sobrevivencia con
el petróleo gratuito, los millones de dólares en “colaboración” lujosamente
pagada, el apoyo político esencial en organizaciones internacionales. Es el
brazo que La Habana perdió en 1991 cuando la Unión Soviética colapsó y que con
alivio recuperó cuando un militarote golpista, inculto hasta la médula, pero
con el populismo a flor de piel le presentó al régimen cubano la tabla de salvación…
una vez más.
Hoy Chávez está en el camino de transición a
la muerte, en un corto o en un largo plazo, no importa cuál. Al ciudadano Chávez
yo no le tengo ningún mal que desearle, no es a la persona a quien se odia, o
se rechaza, o se combate con fiereza. Es al presidente Chávez, al militarote de
alma que ha hecho de una dictadura el referente para su régimen, para su ideal
político a quien no me guardo ni un minuto en degradarlo de estatura y
convertirlo en lo que ha sido todo este tiempo: un simple monigote en manos de
los hermanos Castros… para sus intereses.
Pero lo que me recuerda esta foto, sin
embargo, es aquel día de 1961 en que el régimen de Fidel Castro expulsó a 131
sacerdotes de Cuba. Los montó en el barco “Covadonga” anclado en el puerto de
La Habana y los envió a España. El objetivo era destruir la religión católica.
Ayer, sin embargo, el régimen de los mismos hermanos envió bien ordenaditos a
estos militares para asistir a la misa otorgada por un sacerdote español en una
iglesia en La Habana. Ironías que depara el decursar del tiempo: en el pasado
reciente los sacerdotes españoles fueron expulsados de Cuba por esos militares
que ayer asistieron a la misa por un militarote.
El tiempo le encarga de dar la bofetada a los
mismos culpables, a los mismos protagonistas del bochornoso acto. Hoy envían a
este grupo que, como las mismas imágenes lo demuestran, no saben qué hacer con
la flor y con la vela encendida, miran calladamente, con esa sincronía
cronometrada que todo militar conserva como disciplina en su alma.
¿Cuándo habrán recibido la clasecita de
instrucción de cómo se procede en una Misa?
¿Qué “general” habrá dado la instrucción
militar de religión para que estos rostros sepan qué hacer, qué decir, cómo
actuar, cuando reclinarse ante el altar?
¿Les habrán enseñado el Padre Nuestro en una
lámina bien coloreada en un aula de instrucción de combate?
El ridículo, la asquerosidad de este acto vil
es tan grande que faltan palabras para describirla. Estos mismos militares
nunca han acudido a ninguna de nuestras iglesias para pedir por nuestros
problemas, por los miles de muertos que se han cosechado entre las aguas del
estrecho de la Florida cuando cientos y miles de cubanos han intentado
escaparse, ni tampoco por los miles de problemas que los ciudadanos comunes
soportan con estoico sufrimiento. Pero aún mas allá del simple gesto grosero y
grotesco de acudir en marcha a una iglesia por un político extranjero, está lo más
esencial: a todos ellos se les prohíbe tener la mas mínima presencia de
independencia y acudir en su vida diaria y civil a la iglesia, a esa misma que
ayer acudieron. Ningún militar cubano puede hacerlo.
Entonces, ¿qué valor representa esta
tragicomedia?
Por supuesto, no se puede dejar de recordar
aquí a los militares vestidos de civil que han asaltado iglesias para golpear
disidentes, mujeres incluidas. Ni tampoco la vigilancia cotidiana que cada una
de ellas tiene. Nada mas falta llegarse a la esquina de Neptuno e Infanta y ver
la conocida cámara colgando en la esquina de la Iglesia, acechando al cotidiano
feligrés que entra por sus puertas.
Sin embargo, no fue ni en el ex arzobispo
auxiliar de La Habana Monseñor Eduardo Boza, en proceso de beatificación por el
Vaticano y, curiosamente, quien vivió después de su expulsión de Cuba en
Caracas, ni tampoco en las cientos de historias de esos sacerdotes expulsados
por el régimen castrista lo que me hizo recordar esta foto que encabeza el
post.
A mi mente acudió Kafka y su genial
“Metamorfosis”, ¿se acuerdan de ese clásico de la literatura mundial?
En la historia de Kafka Gregorio Samsa
amanece convertido en un insecto, nunca bien definido en el relato, pero con
todas las señas de ser una cucaracha. Pues bien, en eso es en lo que se ha
convertido a estos individuos, a los que se agolpan en los predios de las Damas
de Blanco para gritar como dementes, o golpear o asaltar propiedades privadas
de ciudadanos libres en Cuba por el solo delito de opinar.
Cuba ha convertido a estas personas en
cucarachas, insectos de una sociedad que actúa como una maquinaria demoledora
de la individualidad y los utiliza a la conveniencia de su necesidad imperiosa
de sobrevivir. Por eso ayer fueron estas botas a pisar el recinto sagrado de
una iglesia por alguien que no tiene, ni ha tenido, el más mínimo escrúpulo de
usar la religión a conveniencia.
Puro Kafka, pura metamorfosis…









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