El Parlamento de Cuba ha sido convocado para el 13 de Diciembre. Este evento por tradicional, ya mecánicamente coreografiado, es harto conocido e ignorado por la población cubana. Es prácticamente un no-evento, algo que mecánicamente surge una jornada a mediados de año y otra en los días de Diciembre. Quizás algún año aparezca alguna tercera extraordinaria convocatoria: por alguna razón imprevista o porque quienes de manera bien visible, e invisible, mueven los hilos del poder en Cuba necesiten perentoriamente aprobar nuevas leyes… cualesquiera que fuesen. Formalmente, la Asamblea Nacional del Poder Popular es el máximo órgano de poder del estado en ese país, pero solo sesiona dos veces un día, u ocasionalmente dos. Tiene el extraño y habitual record de haber aprobado todo, con la unanimidad autómata que presenta todo mecanismo de transmisión.
Para el cubano de la calle el Parlamento es un
actor mudo, una pantomima donde un grupo de adultos levantan la mano en una
maratónica jornada. Nada más. Y, sin embargo, esos actores, esa pantomima de
manos que se levantan sí afectan a 11 millones de seres que no le prestan
atención, que recorren las calles de Cuba sobreviviendo sus discursos y leyes,
y que para cuando ya se la prestan el tiempo se les ha hecho demasiado tarde.
Siempre es demasiado tarde para las verdaderas víctimas de ese grupo de adultos
que ejecutan la conocida pantomima dos veces en el año en Cuba.
Tanto para el que toda la vida se la pasa
lanzando preguntas sin esperar respuestas, como para los que solo delimitan su
papel en una sociedad a responder sin nunca levantar la voz para preguntar, el
mundo se divide de manera muy elemental: los que mandan y hacen preguntas, y
los serviles tornillos de un estado que solo responden. Este es el orden de una
sociedad autoritaria. Así de sencillo.
Y es así como, por ejemplo, una sesión
parlamentaria en un país como Cuba puede durar solo un día. Los actores listos
a preguntar tienen el guión bien cocido, los documentos bien impresos, la tinta
bien emborronada y las manos contadas porque ya saben que el presupuesto, (si
existe y se presenta), las leyes, los estatutos, las declaraciones importantes
y los documentos necesarios para regular ya están previamente aprobados... por
los mismos que los emiten.
Cuba tiene el record histórico de tener un
Parlamento que nunca habla, que nunca cuestiona a sus Ministros, que nunca
pregunta ni sugiere diferentes soluciones a los pocos problemas que se le
presentan. ¿Cómo se le puede entonces llamar a un Monólogo “Parlamento”?
¿Qué galimatías es este?
Esta contradicción sintáctica de la gramática
socialista cubana no presenta para los que la defienden en las redes sociales,
en los foros internacionales, en la prensa mundial y en las declaraciones públicas
ninguna sinrazón, ninguna barbaridad intelectual, ni siquiera una burla anecdótica
a la inteligencia del hombre medio. Esta es la arquitectura del Socialismo
Cubano que, si alguna vez se llega a escribir en su totalidad en algún libro,
podría resultar más enrevesada y fantástica que el poblado de la obra insignia
de García Márquez: Macondo.
Nunca fui miembro de la Asamblea Nacional de
Cuba, ni de ningún órgano de estos poderes que están desprovistos de todo
poder. Nunca fui delegado de ninguna Circunscripción, que es el delegado de
base, ese que da la cara diariamente al ciudadano común, el que representa este
Mono-Parlamento Cubano en las calles.
¿Qué resuelve este delegado?
Hagámonos mejor esa pregunta. ¿Acaso resuelve
algo?
Quizás que alguna vez le rellenen un bache a alguna calle de algún
punto de la geografía capitalina, mientras que en el resto de Ciudad de La
Habana prolifera una tormenta de huecos por doquiera que usted pasa. Que el pan
le agreguen un poco más de la grasa que desaparece “misteriosamente” de las panaderías
locales… por un tiempo. O que alguien reciba una “respuesta” a su casa cayéndose
en pedazos, sin que sea necesariamente la oportuna reparación. Nada que
implique poder de decisión política, social, nada que haga cambiar una ley
torcida, una decisión apresurada que implique la sociedad en su conjunto o un
cambio estructural en la economía y el bolsillo ciudadano. Esas decisiones están
fuera del límite de los que son miembros del “poder supremo del estado”: el
poder popular.
Por eso cuando esa pequeña ciudadana de
Limones, Shirley Ávila León, se levantó de su estatura y logró entender que,
por la Constitución de Cuba, esa que es la que aprobó y debe regir este
Parlamento, ella era el máximo representante de su pequeño conglomerado de
ciudadanos en un pueblo pobre del interior del país, casi venido a menos por
fatalidad geográfica – digámoslo de una vez, allí no llega ni prensa
extranjera, ni visitantes de Hollywood ni de la FAO, y tampoco los organismos
internacionales de las Naciones Unidas, no llega ni el idiota que en Twitter y
en los “treplecientos” blogs
oficialistas cantan loas al Parlamento del cual ella es un representante de
base, o lo era -. Cuando esa ex Delegada
del interior del país comprendió en la necesaria estatura quién era y
qué era de acuerdo a esa ley, comenzó a ejercer su derecho a hacer preguntas,
muchas preguntas, fastidiosas preguntas, molestas preguntas. A exigir a los
demás y a dejar de ser un simple instrumento de respuesta. Se convirtió en CIUDADANA, una palabra que solo en Cuba la utilizan los policias en el acto de represión, pero que en el mundo libre significa DEMOCRACIA, OPINION.
Pedía sólo que le reinstaurasen una escuela
para los hijos de los ciudadanos de los que ella era la máxima representante en
el poder de una sociedad que se dice es “con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Y tropezó con la misma
piedra que todos conocemos: los poderes constitucionales de Cuba son para los
elegidos al cargo que tienen el derecho sagrado a NO SER CUESTIONADOS… por
nadie. Ni aún por la pequeña ciudadana de Limones.
Y así se le terminó el cuento de la revolución
del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Aún hoy cuando leo las últimas
declaraciones de esta persona me pregunto cuánto de ingenuidad aún le queda,
cuánto de verdadero espíritu “revolucionario”, entendido como lo entienden los
que la amenazan con meterla en la cárcel por EXIGIR precisamente lo que un
Delegado de Circunscripción tiene que exigir, amparado en el cuerpo de la Ley que
aprobó ese Parlamento que se va a reunir un 13 de Diciembre.
La bloguera Yoani Sánchez hoy comentaba en uno
de sus tweets:
Siento mucho contradecir a la conocida
bloguera, y siento defraudarla con lo que creo es la realidad de ese Parlamento
que ella misma decía solo aprobaba, aplaudía… y el resto de los etcéteras que
todos conocemos. Los cambios no vendrán desde ese Parlamento. No pueden venir
incluso de la ex Delegada de Limones porque aún ella sigue a ciegas, con la
ingenuidad del que toda una vida creyó en ese proceso con los ojos vendados y
hoy ve que se le desgaja de las manos y no sabe hacia dónde caminar, qué hacer,
a qué lugar conducir sus pasos.
Los que diseñaron el sistema político cubano
lo crearon para que el ciudadano medio, y su títere en el Mono-Parlamento, no pudieran
dar ningún paso a favor de ninguna reforma que implicara reforzar su estatura
como ciudadano, como miembro activo de una sociedad.
Y para hablar con propiedad, en Cuba no hacen
falta reformas, ni cambios. Cuba necesita inevitablemente la Revolución que
nunca llegó a tener.
Así de sencillo.










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