Saturday, November 3, 2012

Entre La Habana y Miami: la delgada línea de demarcación entre la verdad y la mentira


No es la primera vez que el diario del Sur de la Florida El Nuevo Herald se ve involucrado en una controversia, alguna manipulación de determinada información o algún que otro escándalo de menores o mayores proporciones. En las últimas semanas todo ha sido en torno a una supuesta presencia de un represor del régimen de La Habana en Miami.
Geográficamente la corriente del Golfo de México separa estas dos ciudades yuxtapuestas en la historia geopolítica cubana. A través de esa corriente impetuosa han fallecido cubanos tratando de escapar y buscar refugio y un mejor porvenir en la Florida. El sueño americano ha estado y está cada vez más presente en las generaciones jóvenes en Cuba, cualquiera que visite la isla lo sabe, puede palparlo a cada paso. Las largas cola en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana lo atestiguan, y la constante fluencia de balseros y emigrantes a través de las corrientes impetuosas de ese estrecho, o de las fronteras de Estados Unidos con Canadá y México.
Los cubanos atraviesan el estrecho con una masividad cotidiana y se refugian en Miami. No es extraño así ver en la prensa floridana, la televisión, los órganos impresos del sur de la Florida y la radio la presencia de antiguos deportistas, miembros de los órganos de prensa castristas, ex oficiales de las Fuerzas Armadas Cubanas, burócratas de la nomenclatura del Partido y el gobierno cubano, ex generales y ex miembros del Comité Central del PCC, ex integrantes del MININT y la Seguridad del Estado de Castro, toda la oficialidad rampante de la Cuba castrista.
No es la primera vez que vemos en ese bochornoso programa de la llamada “periodista” María Elvira (*) entrevistas a flamantes miembros de la escolta del dictador, o a cualquier otro integrante de esa burocracia partidista. ¿Alguien puede negar esto?
Muchos de los que se desgajan de la oficialidad cubana van a vivir a alguna ciudad de esa alargada península que parece desprenderse de los Estados Unidos. Algunos escogen vivir calladamente, olvidar un pasado opresivo que los persigue con tormento por el resto de sus vidas. Eligen olvidar, esconder lo que fueron, no recordar nunca más los compromisos a los que tuvieron que acceder para sobrevivir la vida social cubana durante su historia personal en la isla.
Otros han decidido lo contrario. Volver a comprometer su conciencia, vender la información que poseen, utilizarla en la prensa y la televisión, acceder al dinero que no tenían en Cuba concediendo entrevistas, escribiendo libros, redactando artículos para los periódicos locales de Miami o sencillamente volviéndose a erigir en los cancerberos ideológicos de lo que un día ellos mismos fueron sus más fieles representantes.
Lo hemos oído todos, lo podemos buscar en internet, cada vez que se especula de la salud de Fidel Castro reaparecen en los dichosos programas, y de vez en cuando se aparecen con artículos en El Nuevo Herald a condenar a la hoguera a otros nuevos y recién llegados “herejes”, como es el caso de Crescencio Marino Rivero.
¿Es verdad lo que cuenta El Nuevo Herald en su artículo sobre este supuesto represor?
No lo sé. No puedo saberlo.
¿Es verdad lo que contesta el señor Marino Rivero a los que lo acusan en el diario miamense?
Tampoco lo sé. Tampoco puedo saberlo.
La demarcación entre la verdad y la mentira tanto en Miami como en La Habana a veces parece diluirse. Se ha ido demasiado lejos en las dos orillas. El sistema cubano es muy cerrado, no permite la más mínima transgresión a su fidelidad “monolítica”. Y a la misma vez, los que atraviesan las corrientes impetuosas del Golfo de México y se instalan en la Florida se olvidan que algún tiempo atrás ellos estuvieron en la misma piel del señor Crescencio Marino Rivero. Las dictaduras no perdonan: o te comprometes o eres un enemigo más.
Unido a toda esta controversia se nos adjuntan los congresistas cubano-americanos de la Florida. ¿Qué pretenden hacer en este ajiaco? ¿Por qué insisten en el señor Marino y se olvidan de los demás? ¿Qué importa uno mas si hay ya unos cuantos cientos en el mismo suelo donde gobiernan?
En lo que respecta al señor Marino solo tengo un comentario. Si usted considera que quienes escribieron esas informaciones en El Nuevo Herald son unos mentirosos y tratan de calumniarlo PUEDE RECURRIR A LOS TRIBUNALES PERTINENTES. Las leyes americanas lo protegen, señor Marino, algo muy difícil de hacer por un ciudadano medio cubano en su país de origen bajo el régimen de Castro, y mucho menos un disidente como Guillermo Fariñas.
Acuda a la justicia, presente sus cargos y sus pruebas. ¿No dice ser usted abogado? Ejerza sus derechos como ciudadano residente en la Florida: la ley americana le da ese derecho que le es negado a los cubanos en Cuba. Esa sería mi personal opción.
(*) Nota sobre María Elvira:
No me gusta mencionar un tema sin aclarar ni decir mi opinión personal. La señora María Elvira, que se dice llamar “periodista”, comete todos y cada uno de los errores que un periodista NO DEBE COMETER: interrumpe continuamente a sus entrevistados, insulta cuando alguno de los que entrevista no apoya sus palabras, en lugar de preguntar objetivamente insinúa en sus preguntas las respuestas que quiere obtener del entrevistado, y nunca presenta una fuente alternativa a las opiniones que incluye en su programa.
Los que han estudiado periodismo, o los que conocen algo de la prensa americana y de programas y personalidades similares saben de lo que estoy hablando. Por desgracia esta persona sigue siendo referenciada por muchos sitios cubanos en internet, muchos blogs y muchas personas que hablan del tema de Cuba.
Yo nunca lo haré.

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