Monday, October 8, 2012

Perdió Venezuela y Ganó el Castrismo


Las elecciones venezolanas se han terminado y el final, aunque previsto, es una muestra de lo que el populismo, la ignorancia y el uso de la fuerza puede lograr en un país dividido. No se puede dudar un segundo de que el más importante logro de Chávez en Venezuela durante todos estos años ha sido la división. Y ahí hay un desgraciado paralelismo con lo ocurrido en la Cuba de los 60: la abismal división de la sociedad en su conjunto mediante el odio programado, la mentira y la manipulación.
Mientras Capriles  apeló a la razón y a la serenidad, Chávez utilizó el simple arsenal que tiene todo caudillo populista: apelar a los sectores más bajos de la población venezolana, utilizar su mismo lenguaje, que en definitiva es el suyo propio, manipular la ignorancia de ese enorme sector venezolano para impregnar el miedo al cambio, el odio y el sectarismo. Machacar sobre las raíces antiguas en un líder que no tiene ninguna fuente cercana a la vieja oposición venezolana, en resumen, mentir.
Algunos analistas internacionales le han criticado a Chávez que utilizara su enraizado antisemitismo, y estigmatizara a su oponente con los peores epítetos que le acudían a su pequeño vocabulario. ¿Qué se le puede pedir al lobo!? ¿Qué no esquilme ovejas?
Chávez apela a lo que es: un líder de odio, es la historia personal la que refleja su discurso y su política, además de su estrechez intelectual y de razonamiento. El es la Venezuela de los bajos sectores de la sociedad. Visto desde allí, en su propio círculo, se puede aventurar a decir que es “atractivo” y “magnético” en su propia lógica. Desde lejos se ve lo que es: un ignorante, una persona con muy pocos recursos intelectuales pero con la voluntad de mando de un general, y es eso lo que es. A sus pies permanece una mina de oro: el petróleo, y con eso cosecha voluntades y amistades.
La Venezuela de Chávez, la que él quiere instalar, es la de los generales, la de la voluntad de acero de un Castro. Trató de hacerlo en los inicios de su carrera política en el poder, pero no lo pudo lograr y hoy cosecha sus pérdidas: ya no es la estrella que arrasaba con la opinión publica, mas de 12 años de erosión y desastres pesan demasiado en un país que suavemente despierta. La continuación del éxito meteórico de Capriles ahora depende de que la oposición continúe consolidada y empuje unida a un único propósito: sacar a Chávez.
Personalmente, desearía que ese suceso ocurriera de manera natural: en una elección donde el caudillismo cayera ante la democracia. Pero con toda sinceridad, y sin ningún escrúpulo intelectual y espiritual, si la derrota del chavismo viene en caja rectangular para el “reparto boca-arriba” lo aplaudiría sin ninguna vacilación.
Lo que sucedió ayer fue la victoria del castrismo, no la de su pupilo en Venezuela. Una victoria donde las fuerzas ocultas de la mano cubana se emplearon a fondo. Fue la continuación de una alimentación necesaria, de una oxigenación imprescindible. Sin Chávez, Castro quedaría “colgando de la brocha”, como decimos los cubanos, y esta vez peor que en 1991 durante la caída del elefante ruso. Es así de sencillo.
La lección de la jornada del domingo es clara para el chavismo: ha perdido terreno, el estrecho margen con que retuvo el poder dice mucho de lo que ha significado ese desastre para el país y para la región. La realidad es que 5 años atrás nadie hubiera podido imaginar que un candidato de la oposición  pudiera desafiar el poder del caudillismo chavista, y la gran importancia es que Capriles lo hizo contra todo el poder de la maquinaria con que cuenta Chávez: contra cientos de horas de discurso y propaganda televisada, ataques masivos de puro odio en cadena, zancadillas y mentiras de todo tipo.
La lección para el chavismo es que la próxima vez, si la oposición logra mantener esta unidad, el margen de posible retención del poder será absolutamente nulo, y esa es una lección que también tiene que recordar la oposición. El gran perdedor, sin embargo, es el país en su totalidad que permanecerá por otros 6 años en “manos amigas”. Y este es el suspiro del elefante temeroso de la picada de la hormiga. El petróleo seguirá fluyendo hacia La Habana y de allí al mercado internacional, y así Raúl Castro podrá seguir suspirando armoniosamente por un corto periodo de tiempo.
No, no ha ganado Chávez, ni tampoco ha perdido Capriles: ha ganado el castrismo y, en consecuencia, ha perdido Venezuela.

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