Pudiéramos llamarle a estos LOS TRES DE LA HABANA, con el permiso de los músicos cubanos… que ya también se fueron de La Habana. Y me explico. Son los últimos tres cantinfleros de turno.
El señor Abel Prieto hace unas semanas nos salió
con aquello de que “en los cubanos no
hay un solo chiste que aluda a la revolución”. Después se le unió el señor Bruno Rodríguez que dice es el Ministro del Exterior para añadir otra trompetilla al
coro: los cubanos exiliados “no tienen
suficiente dinero para invertir en Cuba”. Y ahora la dinastía de la UNEAC
agrega una bobería más de su cosecha. Según el vice-presidente de la UNEAC, esa
unión coral de limpiabotas del régimen, las últimas medidas sobre el tema
migratorio cubano son “trascendentales” y, esta lechuga es para morirse de la
risa:
“Esta actualización nos hace tan libres como hemos sido siempre” – nos dice Omar Valiño.
OK, señor Valiño, si eran “tan libres como siempre”, ¿por qué entonces
tienen que cambiar los términos de la ley de forma tan radical? ¿Cómo es que no
provocaban entonces el congestionamiento de las líneas aéreas anunciado por
Ricardo Alarcón?
Agréguese a este coro la reunioncita de
algunos castristas por España donde anuncian la “maravilla de la revolución”…
para acto seguido decir que se quedan lejos de Cuba. Ni en sueños desean
retornar a compartir las “esperanzas socialistas” en la isla. ¡Qué maravilla
ser emigrados, señores revolucionarios de España!
Los que hemos vivido en Cuba hemos podido constatar
cómo funciona la mecánica de la propaganda del régimen. El dictador de turno
anuncia la medida tomada, y acto seguido el coro de organizaciones sale a
cantarle a la patria socialista – por cierto, la verdadera Patria no tiene
apellido. Es así de sencillo. Ha ocurrido tantas veces que ya ni nos lo tienen
que decir para imaginarnos las declaraciones en la prensa, los mítines relámpago
en los centros de trabajo para aplaudir “la
libertad de siempre”, las cartas enviadas a Raul y a Fidel por las
instituciones oficiales, la pomposidad del locutor embigotado de voz engolada
en el Noticiero Único de Televisión.
¿A quién en Cuba hoy engañan más que a sí
mismos y hacen el ridículo de turno?
Todos son uno. Después ya se sabe, se agrega
el coro de abejas castristas en el exterior. Los tres gatos en España o Estados
Unidos y Canadá, el grupito de residentes permisibles, esos que gracias a la guataquería
senil, el aplauso automático y la chivatería institucionalizada se han ganado
el viajecito de trabajo en algún país democrático de Europa, o por estos fríos
lares de Canadá. Lo hemos visto siempre aplaudir. Ya nada sorprende.
Lo que aún sigue siendo un misterio, sin
embargo, es la fascinación que la mentira sigue provocando en los tontos útiles,
ingenuos ignorantes y algún que otro izquierdoso astuto que se logra colar e
insertar en la comparsa. La mentira siempre ha ejercido una fascinación alucinante
en los sectores liberales y de izquierda, hasta llegar al punto de confundir a
personas bien intencionadas pero desconocedoras del medio en que se insertan.
El escritor alemán Johann Seume dijo alguna
vez: “engañar y ser engañado, nada más común
en el mundo”. Y Shakespeare agregó en una de sus obras: “con el cebo de una mentira se pesca una
carpa de verdad”.
Nada más cierto. Por lo que no nos debiera
sorprender entonces que estos señores se precipitaran a aplaudir cualquier
cosa. Ya se sabe: Abel Prieto necesita publicar su libro en la editorial
oficialista, el señor Bruno Rodríguez no tiene más remedio que parlotear en New
York y Valiño al parecer ya hizo desaparecer la “B” del apellido paterno para no recordar en el futuro al precursor
comunista de nuestra última guerra contra España.
Todos son, sencillamente, miembros del coro de
payasos que fascinan al mundo libre con sus mentiras de adorno, pero ya se
sabe, con una mentira suele irse muy lejos… pero sin esperanzas de volver.
Es así de sencillo.









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