Sunday, October 21, 2012

La fascinación de la mentira


Pudiéramos llamarle a estos LOS TRES DE LA HABANA, con el permiso de los músicos cubanos… que ya también se fueron de La Habana. Y me explico. Son los últimos tres cantinfleros de turno.
El señor Abel Prieto hace unas semanas nos salió con aquello de que “en los cubanos no hay un solo chiste que aluda a la revolución”. Después se le unió el señor Bruno Rodríguez que dice es el Ministro del Exterior para añadir otra trompetilla al coro: los cubanos exiliados “no tienen suficiente dinero para invertir en Cuba”. Y ahora la dinastía de la UNEAC agrega una bobería más de su cosecha. Según el vice-presidente de la UNEAC, esa unión coral de limpiabotas del régimen, las últimas medidas sobre el tema migratorio cubano son “trascendentales” y, esta lechuga es para morirse de la risa:
Esta actualización nos hace tan libres como hemos sido siempre” – nos dice  Omar Valiño.
OK, señor Valiño, si eran “tan libres como siempre”, ¿por qué entonces tienen que cambiar los términos de la ley de forma tan radical? ¿Cómo es que no provocaban entonces el congestionamiento de las líneas aéreas anunciado por Ricardo Alarcón?
Agréguese a este coro la reunioncita de algunos castristas por España donde anuncian la “maravilla de la revolución”… para acto seguido decir que se quedan lejos de Cuba. Ni en sueños desean retornar a compartir las “esperanzas socialistas” en la isla. ¡Qué maravilla ser emigrados, señores revolucionarios de España!
Los que hemos vivido en Cuba hemos podido constatar cómo funciona la mecánica de la propaganda del régimen. El dictador de turno anuncia la medida tomada, y acto seguido el coro de organizaciones sale a cantarle a la patria socialista – por cierto, la verdadera Patria no tiene apellido. Es así de sencillo. Ha ocurrido tantas veces que ya ni nos lo tienen que decir para imaginarnos las declaraciones en la prensa, los mítines relámpago en los centros de trabajo para aplaudir “la libertad de siempre”, las cartas enviadas a Raul y a Fidel por las instituciones oficiales, la pomposidad del locutor embigotado de voz engolada en el Noticiero Único de Televisión.
¿A quién en Cuba hoy engañan más que a sí mismos y hacen el ridículo de turno?
Todos son uno. Después ya se sabe, se agrega el coro de abejas castristas en el exterior. Los tres gatos en España o Estados Unidos y Canadá, el grupito de residentes permisibles, esos que gracias a la guataquería senil, el aplauso automático y la chivatería institucionalizada se han ganado el viajecito de trabajo en algún país democrático de Europa, o por estos fríos lares de Canadá. Lo hemos visto siempre aplaudir. Ya nada sorprende.
Lo que aún sigue siendo un misterio, sin embargo, es la fascinación que la mentira sigue provocando en los tontos útiles, ingenuos ignorantes y algún que otro izquierdoso astuto que se logra colar e insertar en la comparsa. La mentira siempre ha ejercido una fascinación alucinante en los sectores liberales y de izquierda, hasta llegar al punto de confundir a personas bien intencionadas pero desconocedoras del medio en que se insertan.
El escritor alemán Johann Seume dijo alguna vez: “engañar y ser engañado, nada más común en el mundo”. Y Shakespeare agregó en una de sus obras: “con el cebo de una mentira se pesca una carpa de verdad”.
Nada más cierto. Por lo que no nos debiera sorprender entonces que estos señores se precipitaran a aplaudir cualquier cosa. Ya se sabe: Abel Prieto necesita publicar su libro en la editorial oficialista, el señor Bruno Rodríguez no tiene más remedio que parlotear en New York y Valiño al parecer ya hizo desaparecer la “B” del apellido paterno para no recordar en el futuro al precursor comunista de nuestra última guerra contra España.
Todos son, sencillamente, miembros del coro de payasos que fascinan al mundo libre con sus mentiras de adorno, pero ya se sabe, con una mentira suele irse muy lejos… pero sin esperanzas de volver.
Es así de sencillo.

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