Monday, October 22, 2012

Fidel Castro y el precio del ridículo


Esta historia tiene tres partes, todas ellas con su merecida moraleja.
Hace más de 4 semanas los rumores de la posible gravedad de Castro, o su muerte, han estado de boca en boca en los cubanos. En las redes sociales el rumor llegó tarde, y la prensa internacional la vino a recoger en los últimos días de la semana pasada. Ya se sabe, cada vez que este señor desaparece los rumores de su “escapada” para el reparto boca-arriba “se hace” noticia.
La primera parte de este rompecabezas, sin embargo, es precisamente cómo se viene a “derrumbar” la enésima muerte mediática del dictador: una foto mostrada por el Vice-Presidente de Venezuela Elías Jaua. Es decir, ni un solo periodista cubano, ningún sitio oficial de Cuba, ningún canal televisivo ni ningún representante del gobierno de Castro tuvo el más mínimo gesto de mostrar públicamente la evidencia. Y la verdad es que los rumores no comenzaron en las redes sociales, sino en las calles de La Habana, como ya lo dije en otro post.
¿Qué hacían los periodistas o los que se dicen llamar así en Cuba?
Ante la inminencia de los rumores y la especulación nacional que saltó al plano de los medios internacionales, ¿por qué tuvo que el vice-presidente de Venezuela venir a adelantarnos “la nueva”?
¿Es que los periodistas cubanos no van a la bodega, no caminan por las calles de Cuba, no conversan con  el cubano de a pie, tienen los oídos sordos?
La primera trompetilla y el primer ridículo lo tienen que sufrir esta prensa oficialista cubana que tiene que esperar a que Jaua en Venezuela ofrezca la maravilla de la foto para que el Lunes venga la edición de Granma, con un atraso de 4 semanas, a demostrar lo evidente.
Por supuesto, no se demora el sátrapa en hablar tonterías de la “prensa imperialista” de estar propagando mentiras, etc., etc., etcétera. Pero, ¿de qué prensa imperialista usted habla, señor Castro?
La BBC, la CNN, el New York Times y hasta el Nuevo Herald lo único que se dedicaron fue a reportar la ola de rumores de las redes sociales, que era precisamente el eco tardío de lo que acontecía en Cuba, en sus calles. Y en muchos de esos reportes aparecía la oportuna coletilla de que no era la primera vez que esto acontecía cuando no había señales del dictador cubano. Sencillamente, lo único que hicieron fue informar, cumplir con su función de prensa.
Pero, por supuesto, es muy posible que este no sea el perfil de un periódico socialista cubano. De hecho, nunca lo ha sido, de acue4rdo a como razona este viejito desbarbado ya.
La locura de la desinformación que ese país vive me ha hecho, en lo personal, que tenga que enviar recientemente no una, sino varias veces, la información de la Gaceta de Cuba sobre las cacareadas “reformas migratorias”. Resulta que en La Habana, por estos mismos días, la “bola” era que para salir y visitar a los familiares en el extranjero, las personas “tenían que depositar 10 mil CUC en una cuenta en un banco cubano”. Tal como lo digo.
Locuras de Cuba, locuras de un país que publica la información sobre leyes en una Gaceta a la que nadie tiene acceso. Y entonces el rumor aparece como esa bola de nieve para después hacerse eco en las redes sociales, cruzar internet y aparecer como grandes titulares en los periódicos occidentales y en los canales de televisión.
Ah, y que no se me olvide, para que después aparezca la vieja momia a acusar de “aves de mal agüero” a la “prensa imperialista”. Ridículo.
La segunda cara de este ridículo, y muy significativa, es que el señor Jaua en Venezuela haya sido el eje que escogió el señor Castro para iniciar el proceso de desmentido de la muerte física del dictador cubano. ¿Por qué no Chávez?, me pregunto.
¿Es que de esta forma  la dictadura cubana comienza el proceso de mediatización de Jaua para un futuro sin el burro Perico?
¿Es esta la forma de elevar el papel protagónico del vice-presidente venezolano para una Venezuela post-Chávez?
Muy interesante el detalle. Es parte de esta comparsa del ridículo a que nos tiene acostumbrado el régimen de La Habana.
Y entonces llegamos a la tercera historia del ridículo. La que le toca a los cubanos. No, no me refiero ni a la prensa ni a la oficialidad cubana. Me refiero a los cubanos de allá y de acá que ante la ausencia de la momia comienzan a rodar el rumor oportuno.
¿Cuántas veces van a volver a caer en el ridículo?
¿Hasta cuándo vamos a estar dándole un minuto de historicidad a este idiota?
Es como el cuento de la buena Pipa: si está porque es que habla demasiado, y si no está por qué es que no habla o no sale la fotico. ¡Vaya trabalenguas el nuestro!
El hecho cierto es que ocultar la muerte de este tipo ya no tiene sentido alguno. Fidel Castro ya no tiene peso específico en el esquema de poder en Cuba, ¿Qué se gana con ocultarla?
Y, además, ¿qué va a ocurrir después de su muerte?
De inmediato no ocurrirá NADA. Raúl Castro tiene los hilos del poder bien firmes en la mano, y hasta que todos estos no desaparezcan no comenzará el desmontaje del sistema. Es así de sencillo. Ocurrió en la Rusia Soviética, y ocurrirá en Cuba. ¿Es que no nos damos cuenta de esto?
¿Por qué nos encaprichamos en caer en el mismo ridículo? ¿Qué sentido tiene?
La realidad es que 54 años de dictadura cubana no han cambiado la raíz del problema en Cuba con los cubanos: muchos – no digo todos -, muchos siguen pensando de manera ridícula y tonta que la simple desaparición del fantasma terminará con la película de terror.
Así estamos.

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