Tuesday, October 9, 2012

De rumores y mucho BLA BLA BLA


No me gustan los rumores, sobre todo por aquello que se acercan más al chisme, la manipulación intencionada  que tan bien conocemos los cubanos – debiera haber dicho manipulación malintencionada – y a la pura mentira. Generalmente la falta de información, el silencio o sencillamente las largas “ausencias” provocan el inevitable asomo de este fenómeno social que todos conocemos como “bola”.
En Cuba el rumor es un hecho cotidiano. Comienza por la falta total de información y, sobretodo, por la total lejanía entre lo que se publica y lo ocurre. La realidad informativa del país está en otro planeta y no precisamente en las calles cubanas.
El rumor también ha sido una herramienta del castrismo para, incluso, avergonzar y poner de rodillas a empresas noticiosas tan poderosas como la CNN, aún cuando era propiedad del antiguo “amigo” norteamericano de Castro: Ted Turner. Fue utilizado abundantemente por los órganos de la policía política cubana durante los grandes juicios mediáticos de Ochoa, y previos a la muerte del flamante ex ministro del interior, Abrahantes.
Después que Fidel Castro desapareció de la vida pública, enfermedad misteriosa de por medio, los rumores sobre su situación personal han circulado en Cuba y rodado estrepitosamente por las redes sociales. Más de una vez con una sistematicidad misteriosa. Y más de una vez para bochorno del que lo generó. Por lo que sencillamente ME NIEGO a creer nada que sea sencillamente UN RUMOR. Por supuesto, es la falta de información lo que genera todo esto, pero también puede interpretarse de muchas formas.
En el caso cubano la paranoia tiene ilimitada vida propia, y también el deseo popular de que acabe de desaparecer una figura que ha mediatizado, para mal, toda la vida pública y privada de los cubanos.
Por todo esto, y por muchos más factores, yo no hago caso de los rumores que circulan en las redes, y tampoco de lo que me llega por otras vías más personales.
Pero es que en los últimos 10 días a mi buzón personal han acudido, mas de una vez e insistentemente, mensajes de mis amistades en la isla sentenciándome la muerte inminente – otra vez – de la “momia”. Ya saben, de Fidel Castro. Es la muerte electrónica repetidamente anunciada, me he dicho siempre.
No son dos, ni tres, ni aún cuatro. Y su insistencia, aún cuando les he expresado mis más sinceras dudas, me dejan este sabor amargo de que esta vez soy yo ese estoico incrédulo que no quiere oír, o leer, lo que realmente puede estar pasando. ¿Es otro rumor más en el enorme listado?
No lo sé. Días atrás me anunciaban que ya estaba “fuera del aire” y que lo iban a publicar después de las elecciones de Venezuela. Ayer los últimos mensajes me repetían que estaba “muy grave”.
Esta vez, con honestidad, yo creo que la paranoia o quizás el deseo ferviente de mis amistades quieren hacer fallecer la vieja calamidad de Cuba. Quizás es ese deseo oculto lo que siempre se esconde, o casi siempre, detrás de cada rumor echado a rodar sobre el personaje. Su presencia en todos y cada uno de los momentos de la vida del cubano hizo que viéramos detrás de cada esquina ese inevitable fantasma, y hoy que no está ya estamos enterrándolo sin aún tener sepultura.
La pregunta, sin embargo, que yo siempre le dirijo a los que me escriben sobre esos rumores es: y si está muerto ¿qué?
¿Qué ocurrirá? ¿Significará algún cambio en el espectro político cubano? ¿Comenzará con ello la inevitable caída de esta sociedad artificial que es Cuba?
Yo se que la esperanza es lo que siembra siempre la semilla de estos rumores. La esperanza de que con la muerte del sujeto todo cambie… para bien, se entiende. Pero, ¿responde esto a alguna realidad?
Honestamente, yo creo Castro ya desapareció desde aquel día en que anuncio su enfermedad y se vio en la imposibilidad de asumir su puesto televisivo. En realidad desapareció mucho antes.
Los cubanos hace muchos años no contamos con su presencia, no nos importa su figura mas alla de la generación de malas noticias que siempre trajo. El está ahí, o estuvo, presente o ausente, moviendo la vida política del país a su antojo, pero el cubano común ya lo había dejado mucho tiempo de escuchar. Usted podía notarlo cuando caminaba por las céntricas calles de La Habana cuando la televisión única lanzaba sus largas monsergas mediáticas: era extraño escuchar un televisor encendido, alguien que en alguna cuadra le prestara un minuto de atención. Dejamos de escucharlo, dejo de existir.
Cuba apago hace rato la televisión a las descargas castristas y eso lo saben muy bien los que gobiernan el país. Por lo que la pregunta se mantiene: ¿de qué vale estos rumores?
Cuba no cambiará si no la cambian los cubanos. Nada se cae por sí mismo, ni aún con la desaparición de lo que lo sostiene. Por lo que si el tipo está muerto, o grave, o con un pie en la tumba o sigue en su sillón de ruedas ¿qué importa si nadie mueve un dedo?
Esa es mi pregunta siempre a los que han lanzado rumores en todas las épocas. ¿De qué sirven estos rumores si no se hace nada a cambio?
Honestamente, nunca pensé hacer este post, lo he estado rechazando desde hace diez días. He respondido más de un mensaje diciendo que todas estas “bolas de humo” no son más que los mismos rumores de siempre. Pero la avalancha sigue. No sé, quizás esta vez peque de ser demasiado escéptico e incrédulo porque, pese a que he expuesto a los que me lo envían mis dudas, y he preguntado pruebas, hechos concretos y fuentes, los mensajes siguen acumulándoseme en mi buzón y sencillamente ya estoy harto.
¿Podremos los cubanos dejar de producir estos rumores, por favor, y en cambio hacer algo más concreto y útil?
Yo no puedo, evidentemente, evitar que me sigan escribiendo lo mismo, pero el hecho cierto es que ya este BLA BLA BLA ha dejado de ser agradable a mis oídos, o al menos a la lectura de ellos.
Pasemos la página y olvidemos al sujeto. ¿Ok?

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