Monday, October 15, 2012

Algunas reflexiones a raíz de los sucesos con Daisy Granados


En más de una ocasión me he preguntado qué nos hizo pensar que la integridad de un ser humano puede ser violada en honor a una idea, un principio, una filosofía, una manera de pensar y ver la vida. ¿Se demuestra fortaleza cuando se golpea y se grita visceralmente contra alguien? ¿O es precisamente lo contrario?
Fidel Castro logró salvar su vida en aquellos días en que escapaba del cerco de las fuerzas de Batista luego de asaltar un cuartel en Santiago por dos hombres totalmente diferentes en sus mundos, creencias y profesiones: un guardia negro de Batista y el Obispo de Santiago de Cuba. El primero evitó que algún tira-tiros de gatillo alegre disparara la bala inevitable, y el segundo logró convencer a Batista de que a Castro se le preservara la vida, ya cuando el guardia negro lo entregó a sus captores en Santiago para celebrarle juicio.
¿Fidel Castro le hizo justicia a esos dos hombres con su historia personal después de 1959?
Las palabras del guardia negro fueron esenciales, y siguen siéndolo a la altura de este siglo, 59 años después del suceso: “Las ideas no se matan”.
¿Por qué entonces las ideas las quieren matar los mismos a los que le preservaron la vida entonces?
¿Por qué el autor del ataque del Moncada no puede dictar amnistía a prisioneros políticos cuando se le fue dictada a él por quien entonces intentó destronar?
¿Por qué instauró órganos de vigilancia, patrullas civiles de asalto, soplonería estatalizada, censura total, control estricto de los medios visuales e impresos?
Bohemia publicó su llamado a derrocar el gobierno de Batista, ¿por qué hoy el Granma no publica las declaraciones de opositores y grupos pacíficos?
Los que hoy detentan el poder tuvieron su baño de sangre y crearon el terror “revolucionario” en la capital cubana durante aquellos años. Llegaron a explotar 100 bombas en una noche, sembraron el terror en la capital cubana con bombas y ejecuciones de “chivatos” y guardias de Batista. Hoy acusan de terrorismo a Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, pero no hablan de los asaltos planificados a las viviendas de los opositores en Cuba, las golpizas, el terror de los pelotones que ejecutan el circo de los mítines de repudio.
¿No es eso también terror?
Las ideas no se matan” le increpaba el guardia negro a los que querían ejecutar al líder del asalto a la fortaleza de Santiago en su captura. ¿Por qué tratan de matar las ideas hoy en Cuba?
Los sucesos del Mariel abrieron el cauce para lo que desde entonces ocurre a los que intentan cambiar el curso de una dictadura en Cuba. Muchos recuerdan las piedras, los huevos tirados contra personas que nunca habían hecho daño a nadie, que ni siquiera habían públicamente expresado sus ideas en contra de nada. La generación del Mariel vivió en carne propia el inicio de lo que después fue política estatal: la lapidación.
La lapidación pública la comparte La Habana con Irán y con otros países musulmanes, es una manifestación de odio visceral ejercido desde el poder. No se entiende que las generaciones jóvenes, cínica y mil veces descreída ya de los valores de esa “revolución”, aún siga participando de esos mítines de odio. De la misma forma no se explica que la delación siga siendo, y haya sido desde la toma del poder por  Castro, un acto revolucionario, una demostración de fe en principios filosóficos y políticos. Es una delación. El cubano siempre tuvo del chivato la peor opinión, pero ese fue el camino escogido por los que instalaron los juicios sumarios contra los “chivatos de Batista”. ¿Habrá entonces juicios contra los chivatos de Castro en el momento de la democracia en Cuba?
¿Cómo entender esto?
No me refiero a Castro, me refiero al pueblo, al ciudadano común que siempre rechazó la delación, el atropello. ¿Cómo es que contempla impasible la ejecución de este circo de odio?
Podemos reclamar en nuestra ayuda los sucesos de la Alemania fascista, los asaltos planificados de las SS contra judíos, la masacre, el Holocausto, acúdase a lo que se desee. No hay explicación plausible para estos actos bochornosos que se generalizaron en el Mariel y aún hoy continúan.
Han penetrado tan profundamente en el alma del cubano que hoy, lejos de las calles de Cuba, en la Florida, lo practican contra supuestos verdugos de entonces. Sucedió hace unos días contra Daisy Granados, ha ocurrido contra figuras como Pablo Milanés y otros artistas cuando viajan a ese territorio. Y estos que provocaron los hechos contra el famoso ícono del cine cubano no fueron los miembros del exilio “histórico” como siempre acusa el castrismo.
Yo no soy partidario de los intercambios culturales cuando ese intercambio es unilateral, como ocurre ahora. No se logra nada con eso, y el hecho concreto lo tenemos en Canadá quien nunca rompió relaciones con Cuba, nunca estableció embargos ni exclusiones, nunca se sumó a ninguna política americana contra La Habana. La pregunta: ¿qué ha logrado Canadá con su política de “acercamiento”?
Nada.
Pero para lograr que Cuba cambie, que la dictadura desaparezca y que la democracia al fin ancle en nuestro país se necesita reconciliación con justicia. Una justicia objetiva, calmada, que no aspire a “la sangre” y que sea lo más imparcial que se pueda en su momento. Los crímenes tienen que ser condenados y los criminales deben responder ante la justicia: bajo leyes que respeten su integridad.
No se logra nada con la histeria, no se logra nada con crear la confusión y el circo castrista de los “mítines de repudio”.
Yo no sé si Daisy Granados participó en algún acto de repudio cuando el Mariel. Las acusaciones provienen de una persona, ¿cuán objetivas son esas acusaciones? ¿Cómo se puede saber si es que esas acusaciones no responden a motivos más personales?
Si yo fuera esa persona que acusa a Daisy de esos actos yo me le hubiera presentado y le hubiera preguntado si no se arrepentía de aquellos hechos – si es que realmente ocurrieron, todo es posible en este mundo. Le hubiera hecho entonces algunas preguntas y le hubiera pedido de manera personal que emitiera alguna opinión pública al respecto. No tenia que personalmente reconocer el bochornoso suceso, no tenía que pedir perdón públicamente de su pequeña contribución personal a la desgraciada historia del Mariel. Yo no hubiera pedido eso en un lugar como Miami.
No se puede estar condenando públicamente lo que no se ha sido capaz de condenar en persona. Para pedir una diferencia hay que ser diferente. Estaríamos repitiendo el mismo procedimiento castrista si creamos el mismo circo, el mismo acto de repudio, si repetimos el Mariel en Miami. Para poder denunciar a otros se tiene que tener una moral superior a la del que se condena, y una actuación también superior.
Sucedido el hecho, ejecutada la histeria, provocado el motín de los facinerosos, ¿qué queda?
La duda. Yo no sé cuán cierto es lo que esta persona afirma contra la Granados, y tampoco creo enteramente lo que la artista manifiesta. Las dudas y la división han sido políticas que Castro sembró entre las masas de simples cubanos para mantener el poder. Y es lo que hoy aún continúa vivo en Cuba y en Miami.
¿Cómo terminará todo esto? ¿Cómo podremos aspirar a una democracia usando los mismos bochornosos instrumentos de poder del enemigo de la democracia?
Esas son las preguntas que siempre me hago cuando sucesos como los de Daisy Granados en Miami suceden. Y las respuestas no son fáciles… si es que existen.

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