Un poco para marcar la diferencia, pues no le pido nada. En los 400 años los cubanos nos hemos dedicado mucho a pedirle a los demás y en muy pocas ocasiones pedirnos a nosotros mismos. Fuimos el último reducto del colonialismo español en este hemisferio, y costó mucho trabajo a nuestros próceres hacer que nuestra pedigüeña cubanidad retornara su rostro hacia nosotros mismos.
Hoy nada ha cambiado. Seguimos siendo la península
pedigüeña de la humanidad.
Oscar Wilde dijo alguna vez que “un hombre que no piensa en sí mismo no
piensa en nada”, y los cubanos nos hemos acostumbrados a pensar en los demás
antes de pensar que hemos hechos nosotros mismos para pedirles a los demás,
precisamente, eso que no hemos hecho.
Es un poco la historia secular de estos 54 años
de castrismo. Y no es extraño encontrar en la prensa, los blogs oficialistas, en
esas descaradas “reflexiones” de un personaje cansado de pedir a los demás lo
que no ha hecho él mismo, y hasta en el mismo devenir común de los cubanos en
el exterior la ansiosa y trágica pedantería de pedir, pedir, reclamar. ¿Qué hemos
hecho en cambio?
Semanas atrás un grupo de emigrantes ilegales
en México pedían y reclamaban trato justo, mejores condiciones, etc., a las
autoridades migratorias mexicanas que los tenían retenidos. Y no es que este
mal el exigir condiciones humanas para todos, es un derecho esencial de la
civilidad, pero ¿lo habrán pedido ellos en Cuba?
Por décadas el gobierno de los Castro ha
pedido el levantamiento del embargo en los organismos internacionales. Ha
criticado las situaciones extremas y las condiciones de los retenidos en la
base de Guantanamo – olvidándose que son terroristas los que están ahí, y olvidándose
de las propias cárceles cubanas y de los presos cubanos -, ha inscrito el
nombre de Cuba en resoluciones sobre homosexualidad, Siria, Libia, apoyado
todos y cada uno de los movimientos desestabilizadores de los gobiernos
latinoamericanos, para al final ser parte de organismos e instituciones
internacionales que, en la gran mayoría de las ocasiones, no merecen tener a
ese gobierno como miembro.
Hoy Cuba, su gobierno, sus voceros oficiales,
emigrados y proxenetas siguen pidiendo a todo el mundo, reclamando algo que no
han hecho suyo en su propio suelo. ¿También le pediremos ahora a La Caridad?
Hay un viejo refrán que dice: “contra el vicio de pedir hay la virtud de
no dar”. No está del todo mal, pero lo cierto es que antes de reclamar uno
tiene que mirarse en un espejo y preguntarse qué hemos hecho para pedir… sin
que se convierta nuestro reclamo en vicio.
Vicio es estar reclamando lo que no hemos
hecho en nuestro país: democracia verdadera, libertad personal, respeto al
derecho a la diferencia, leyes justas, poder judicial independiente, libertad
de comercio y de movimiento, derechos humanos incondicionales a la opinión política
y la postura filosófica del individuo, elecciones verdaderamente libres y democráticas,
estado de derecho, poderes reales, libertad de prensa, civilidad.
Cuando leemos estos conceptos en la prensa
nacional nos encontramos con la trágica realidad de ser parte de una petición al
resto del mundo, como si Cuba estuviera situada en otro orbita planetaria o en
alguna orbita separada de la civilización humana terrestre. ¿Es que los cubanos
y Cuba somos aliens en nuestro propio planeta?
Yo no puedo pedirle a La Caridad sin primero
haberme pedido a mi mismo el pedacito de reclamo civilista. Y sobre todo, no
puedo estar conforme con los que, sentados en el poder supremo del país, han
estado pidiendo a los demás sin reclamarse a sí mismos el poquito de virtud que
le exigen a los otros.
Eso es una inmoralidad.
Por décadas han retirado nombres, han
condenado artistas, personalidades públicas, ciudadanos sencillos por su opinión.
Han borrado y cambiado la historia y han reprimido civiles por sus personales
posiciones políticas, filosóficas, religiosas y de género. Y aun hoy se
resisten a la mera y civilista actitud de pedir perdón humildemente a aquellos
que han castigado al olvido o a la muerte física o espiritual, o a ambas, olvidándose
de esa frase del Apóstol que decía: Perdonar
es vencer.
¿Es que no se definían como miembros de la generación
del centenario de Martí?
¿Es que el perdón no existe en el diccionario
personal de estos dictadores?
Por eso, cuando hoy se le pide a La Caridad lo
que sea: tolerancia, mejores condiciones de vida y cambios verdaderos en mi país.
Yo prefiero no pedirle nada.
Primero debemos proceder a pedirnos a nosotros
mismos, después tendremos suficiente tiempo para pedirle a los demás… si es que
hemos hecho algo para hacerlo.









1 comments:
Muy bueno.
Yo diría, donde dices que después tendremos tiempo suficiente para pedir, que realmente debemos decir:
Después tendremos tiempo suficiente, pero no nos hará falta pedir porque todo lo que necesitemos lo tendremos a nuestro alcance producto, logicamente, de nuestro comportamiento hacia nosotros mismos y hacia la sociedad, el trabajo y la Patria.
Un abrazo cubanísimo;
Simón José Martí Bolívar.
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