Saturday, September 29, 2012

Los 3 minutos de infamia de Zoe Valdés


¿Cuánto cuesta oír o al menos dejar en casa la arrogancia, la prepotencia y el divismo?
Siempre se ha dicho que cuando damos el primer paso a la calle debemos dejar detrás en la privacidad de nuestro hogar nuestros problemas personales, y también nuestras angustias y tormentos. Quizás porque los cubanos nos consideramos muy diferentes, por algunas razones, esto no parece ser posible.
No sé, quizás porque hemos vivido más de 60 años sin una verdadera democracia nos hemos convertido en ese pequeño animalito controlador, ese dictador casual de cualquier otro cuando no coincidimos en ideas y pensamientos.
El elemento monolítico que se ha colado en nuestras vidas por demasiado tiempo nos hace olvidar que no se puede construir una sociedad democrática si seguimos diciéndole a algún otro “cállate”, dedícate a lo tuyo, no opines… solo porque ejercemos el derecho a expresar nuestra diferencia. Pero ese esencial derecho no nos permite en erigirnos nosotros mismos en dictadores de miniaturas contra cualquier otro. No se levanta una pieza de ajedrez de un tablero para poner la misma con nuestro rostro.
Esencialmente nos ha ocurrido a todos los que tenemos un blog, a los que se atreven a ejercer su derecho de ciudadano libre y publicar abiertamente su opinión, a escribir su nombre en algún medio, a tener un rostro y opinar. El anonimato circunda, sin embargo, las críticas dictatoriales del resto del conglomerado humano. Le ha ocurrido también, una vez mas, ahora a Zoe Valdés con su escrito.
Esta práctica la sufre, cotidianamente, todos los que en Cuba opinan y dicen algo diferente a la versión oficial de la dictadura. Los medios de prensa, las emisiones de radio y televisión, en esencia la Seguridad del Estado, están diseñados para ejercer este monolítico rol de castigador universal de la sociedad socialista.
No recuerdo, desde que he estado activo en los medios sociales en internet, un momento en que Zoe Valdés no haya promovido la labor de una figura disidente en Cuba para acto seguido echarle toneladas de barro a la pobre víctima cuando comete alguna sagrada “irreverencia” que no es de su gusto.
La señora Valdés nos ha acostumbrado a sus constantes ataques a Yoani Sánchez, Guillermo Fariñas y Estado de SATS (justas o no), después han venido las paletadas de groserías contra las Damas de Blanco y Martha Beatriz. El último ataque de ¿histeria? transcurrió unos días atrás cuando llego a calificar a “masantín-el-torero” de cuanta basura se puede imaginar, ofreciendo dinero por “huelgas de hambre” y cacerolazos, en son de broma… según aclaró después.
Con honestidad: yo no entiendo.
Zoe Valdés muchas veces ha puesto el dedo en la llaga y ha acertado a decir cosas que muchas otras “figuras estelares” de la sociedad civil alternativa en Cuba le han dado vueltas para eludir el claro compromiso. Y en eso yo la aplaudo: ha sido suficientemente honesta y sincera, ha hecho lo que muchos otros no han tenido el coraje de hacer y decir. Pero el problema medular de la señora Valdés es el tono, y un ensoberbido protagonismo que desea ejercer a toda costa.
Es precisamente ese divismo lo que una sociedad democrática debe eludir en la futura Cuba: es lo que hemos tenido por demasiado tiempo en la sociedad cubana. La peor herencia que Castro ha ejercido sobre nuestro país es haberle transmitido a más de tres generaciones la ¿esencialidad? de que una persona, una idea, un principio, una autoridad, un esquema social, cualquiera que sea, tiene que ser el eje central de todo un conglomerado humano.
Hay algo de verdad, sin embargo, en lo que Zoe Valdés escribe: los cubanos nos hemos convertido en cultivadores de la controversia banal olvidando lo esencial. La disidencia en Cuba no tiene programa claro en su lucha contra la dictadura y la pregunta debe ser: ¿hay alguno que intente encausar y unificar esa lucha?
La pregunta se la realicé, vía un expreso de conciencia, a Oscar Elías Biscet. El reconocido disidente eludió darme una respuesta. Ninguna agrupación disidente en Cuba hoy tiene un programa claro para la transición, con la loable excepción de la agrupación de Oswaldo Paya, que es bueno recordar fue bastante maltratada por la emigración cubana y los grupos anticastristas en el exilio, precisamente porque era moderada e intentaba crear el necesario puente entre las diferentes generaciones de cubanos.
Hoy, para total desgracia nuestra, seguimos esperando por esa figura, esa agrupación, ese esfuerzo aglutinador que provoque que los fragmentos que constituyen la sociedad civil cubana se perfile en algo más tangible y material para poder decir, definitivamente, que existe un futuro visible mas allá de Castro.
Mientras, lo que tenemos es este vodevil de controversias entre Zoe Valdés, la docena de blogs de exiliados cubanos, los tres o cuatro sitios de internet dedicados a emitir opinión y noticias sobre Cuba, y el bloque monolítico de oportunismo, delación y mentira que es el blog de la Seguridad del Estado en Cuba.
Porque, para darle una vez más la razón a Zoe, es aquí donde muchos nos equivocamos al darle nombres y situar individualidades en el rompecabezas de blogs de la Seguridad del Estado. Todos ellos son UNO: no nos equivoquemos. Insertan una palabra diferente aquí, engarzan un retruécano allá, pero las fuentes son las mismas. A los videos, conversaciones privadas e imágenes que insertan esos blogs todos le conocemos su críptica fuente: los archivos de la policía política de Cuba, que es la única fuerza autorizada y con medios para grabar conversaciones telefónicas de disidentes, instalar cámaras ocultas, sembrar agentes en los grupos opositores, ofrecer información a la prensa.
Derechos esenciales de todo ser humano diariamente violados por las autoridades de Cuba ante los ojos inertes de los órganos de prensa mundiales.
Y es así como la señora Valdés ahora se molesta de que su escrito haya aparecido en uno de esos pedacitos de blogs conque cuenta la Seguridad del Estado de Cuba. ¿De qué se queja? ¿A quién le echa la culpa? ¿Por qué blasfema de otros y no de sí misma?
Podemos tener ideas distintas, ofrecer opiniones diferentes, ejecutar nuestro derecho a diferir. Zoe Valdés tiene derecho a decir que los cubanos somos “pura mierda”. Ese es su derecho personal, y nadie se lo quita. Pero, ¿eso nos hace mejores? ¿Eso nos ayuda en algo?
Y si ayuda, ¿a quién?
No precisamente a los que pensamos diferentes a la dictadura como se ha podido comprobar con la publicación del post en los sitios de la Seguridad del Estado. Y permítaseme agregar aquí un detalle para ser totalmente justo con Zoe Valdés: hay elementos y grupos en el exilio que han hecho, y continúan haciendo, del tema de Cuba el centro de su actividad lucrativa personal, y de su actividad política. Quizás por eso debemos perdonarle un poco de que “somos todos pura mierda”. En esencia, nos hemos dejado de que esos individuos y grupos de poder controlen nuestro destino como sociedad y congregación humana.
Por desgracia siempre encontraremos eso en la historia de la lucha contra las dictaduras: ha existido siempre. Por lo que, por favor, pasemos la página y busquemos otras vías de llegar al consenso.
De todas formas, los tres minutos de fama que la señora Valdés, una vez más, se ha encargado de asegurarse en las redes sociales le han valido los más de tres días de infamia que merece su escrito.
¿Es que vale eso algún esfuerzo a su nombre?

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