Saturday, September 15, 2012

Gerontologia de cambios


Desde que Raúl Castro llego a la primera posición en Cuba, un hecho que aun nadie se aventura a decir no esté controlado por la mano oculta del hermano discapacitado, comprobado el espíritu de divismo del viejo sátrapa, la prensa extranjera y algún que otro político occidental no dejan de aprovechar cualquier minúsculo asomo de cambio minúsculo para hablar de “reformas”.
Digámoslo de una vez: la Cuba de Raúl Castro no es la de Fidel, el tiempo ha corrido ya demasiado, la gente no cree en lo absoluto en “el modelo” y la apatía social y la doble moral es el sello distintivo del régimen. Pero, al menos, como dicen muchos de los cubanos, las largas descargas televisivas de la diva caribeña han desaparecido y el cubano puede disfrutar de las insoportables telenovelas espaguetis latinoamericanas.
El hecho es, ¿qué puede cambiar un tipo que estuvo secundando al viejo troll en el poder por 50 años?
¿Dónde están los cambios?
Personalmente yo veo curitas de mercuro cromo puestas aquí y allá. Sentaditas en el poder de militarotes que hoy ya no pueden levantar el zapato a la altura de la cintura por la Plaza Cívica y se acomodan en oficinas estatales refrigeradas.
No condenan a largos años a disidentes e infractores de la política oficial, pero le dan su cuota de días y semanas sin instrucción judicial en las cárceles, o el componte de actos de repudio. Permiten los timbiriches populares mientras las hombreras verde-olivo se sientan en gerencias empresariales.
Hablan de eliminar alguna listica negra de artistas de la radio, para después decir que no serán todos y más tarde negar que hayan existido esas “listicas”. Como dice la voz popular: “se ponen rolos o se enganchan papelitos”.
Me causa risa este contagio de “cambios” que la prensa extranjera, especialmente la norteamericana, nos regala de rato en rato. Nadie puede pensar que personas que han ocupado tanto tiempo el poder de manera unipersonal y sin posible cuestionamiento a la mas mínima opinión quieran abandonarlo hoy, ni cambiarlo.
Las estructuras políticas siguen siendo las mismas, las decisiones la siguen tomando a dedo los mismos personajes y el país sigue estructurado verticalmente sin opciones visibles de opinión. La prensa es un muro, una trinchera de silencio: no cuestiona, ni informa ni investiga, aplasta.
Los cubanos que vivimos fuera seguimos con el muro de burocratismo, imposiciones para visitar nuestro propio país, e imposiciones sacrílegas monetarias. Todo en aras de soportar financieramente un ideal político que fue suicidado por sus propios creadores hace ya mucho tiempo.
Yo he decidido no volver a visitar nunca más mi país de origen. Ni sus playas hoy me atraen. Hasta la arena fina de Varadero ha sido arrastrada por políticas locas por estos que hoy dicen “cambian y se reforman”. Y no exagero. El que haya visitado esa playa 30 años atrás sabe muy bien de qué hablo. Saqueada de su arena natural, Varadero sufrió los embates de decisiones verticales de esa estructura de poder que tuvo urgentemente que dar marcha atrás al saqueo y depositar en sus aguas transparentes una arena ajena.
Es casi la metáfora de lo que le ha ocurrido al país. Fuimos la nación que exportaba el mejor azúcar del mundo, y la mayor productora y exportadora, para convertirnos en la importadora de azúcar brasileña, con mucha menos calidad que la cubana.
De la gestora de artistas, telenovelas de éxito, la meca de la televisión, un país al que muchos artistas latinos aspiraban alcanzar el éxito para saltar al ámbito mundial nos hemos convertido en segundones, creadores de chupi-chupi, basura musical e intelectual. La verdadera raza de intelectuales cubanos o no está en el país, o disiente de la política estatal y recorre un mundo que no es el oficial cubano o sencillamente calla. El silencio es la obra del que no tiene palabra para expresar su pensamiento: por miedo, hipocresía social o sencillamente apatía.
Los que aun continúan abanicándose en las altas oficinas refrigeradas del régimen, y que deciden a punta de dedo, no han cambiado lo esencial: la represión a la opinión ciudadana, las estructuras políticas y sociales estalinistas, el poder vertical y omnímodo, la centralización del poder en unos contados dedos, y la centralidad de las decisiones económicas y políticas.
El parlamento cubano sigue siendo un teatro de marionetas. Por ahí están las anécdotas de una delegada del poder socialista a la que quieren aplastar por, precisamente, querer representar los deseos de sus electores. Y todavía sigue pensando, después de tantas amenazas y negativas, que se puede seguir siendo “revolucionario” en un país que abandono la revolución el mismo día en que se destruyeron las estructuras democráticas nacionales.
Ese es el surrealismo socialista que aun algunos cosechan en el país producto de décadas de  lavado continuo del cerebro. Pero ese mismo caso demuestra como el ciudadano común no tiene la más remota oportunidad de decidir el destino del país, de acceder al poder para cambiar en su favor las decisiones políticas y sociales y demuestra que el llamado poder político no está determinado por las estructuras temporales creadas por las elecciones surrealistas cubanas.
La Asamblea Nacional no determina nada, los órganos locales del poder popular no tienen poder de decisión alguna, el delegado local es un ser diminuto al que le dieron una silla en algun teatro una vez al año, solo para que levantara una mano a la hora de refrendar una ley que no ha creado, ni generado ni cuestionado. Es sencillamente la marioneta en ese teatro.
Por eso, cuando de análisis se trata, yo trato de hojear las incontables paginas en periódicos, websites y cadenas noticiosas con la sonrisa del que sabe, íntimamente porque vivió 41 anos allí, observando los mismos que disfrutaban buenas casas, autos privilegiados pagados por lo que no se le paga al cubano, viajes a ese Varadero con arenas ajenas, viajes y privilegios negados al resto de la población cubana, de que no habrá ningún verdadero cambio mientras los rostros del pasado estén encuadrados en la estructura antigua del estado cubano.
Es una arquitectura que permanece incambiable. Sencillamente, esos curanderos de mercuro cromo saben que sin un país de rodillas no pueden existir: el resto es puro cuento.

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