Tuesday, April 3, 2012

La Iglesia, la Oposicion y el Castrismo

Benedicto XVI fue a Cuba y regreso al Vaticano después de tres escasos días en la isla. Desde entonces, mucho se ha escrito, y quizás mucho queda por ser escrito aún. Las opiniones han recorrido el espectro del desencanto, la irritación, la pura decepción y la crítica mordaz. Nadie ha quedado indiferente a su paso por Cuba.
¿Cuáles fueron los objetivos concretos, y a largo plazo, que el sucesor de Juan Pablo II intentó obtener en la visita?
¿Qué logró y qué hizo durante su estancia?
Y, sobre todo, ¿por qué fue a Cuba y no algún otro país latinoamericano?
Las respuestas son disímiles, las variables son aún más complejas, y la especulación siempre acaparará parte de cualquier análisis alejado de las fuentes vaticanas.
Lejos de abordar esa tarea, prefiero ver los tres componentes más importantes en el terreno isleño que estuvieron presentes en la visita pastoral del Vicario de Cristo. Y al final avanzar algunas ideas.
La Oposición
Días previos a la llegada del Papa a Cuba se desató un suceso que definió, en mi opinión, lo que sucedería con la oposición en la isla: la irrupción de trece disidentes en la Iglesia de La Caridad en la Ciudad de la Habana y su negativa de salir del templo, a la vez que exigía a las autoridades eclesiales un encuentro del pontífice con la oposición, y toda una serie de demandas de carácter democrático para Cuba.
El triste cuadro que ofreció la oposición cubana activa creo las bases para lo que vino después. Lejos de apoyar a sus colegas encerrados en La Caridad exigiendo demandas, la gran mayoría de los grupos disidentes o condenaron o se opusieron a la acción, llegando incluso algunos a tratar de desconocer a las trece personas como miembros activos de la disidencia interna cubana.
Lo que pudo ser el momento propicio, ideal para la unión, se diluyo en críticas amargas, desprecio de algunos e incluso, injustificables mentiras. Y así se abrió el camino diligentemente al accionar del gobierno castrista, y a la acción vergonzosa y colaboracionista de la Iglesia Católica en Cuba. La oposición, sin lugar a dudas, perdió el momento más ideal para unir fuerzas en la víspera de una visita papal, y sobre todo, se borro a sí misma en el mapa de Benedicto XVI.
¿De destacar? La excepcional grandeza de espíritu de Oscar Elías Biscet, que sí dio su apoyo a la acción de los 13 opositores y mantuvo una postura coherente.
Desde entonces, las fuerzas represivas tomaron la ventajosa división en el campo opositor para silenciar a más de 150 miembros de la oposición con arrestos preventivos ante la llegada de Benedicto XVI, y el resto quedó, horas previas al toque del avión de ALITALIA en Santiago de Cuba, mudo para el resto del mundo.
Servicio de celulares cortados, amenazas, y las medidas de encierro a todos los que eventualmente podrían realizar alguna que otra manifestación en la calle. El resto es esa oposición gandhista sin Gandhi que, de manera anticipada, ya había anunciado que no haría ninguna manifestación callejera en presencia del Papa, como Oswaldo Paya y el propio grupo de Damas de Blanco que decidieron mantener sencillamente la boca cerrada. Lo que yo llamo un suicidio político.
La oposición demostró lo que ha sido durante mucho tiempo: una larga sucesión de pequeños grupos aislados, divididos, sin plan conocido y sin estrategia de lucha y, de manera muy importante, una oposición sin líder que aglutine y genere respeto, cohesión y objetivos claros a alcanzar.
Por eso, lejos de echarle las culpas al enorme aparato represor gubernamental, la oposición debe entender, y reconocer, que ella misma abrió las puertas al claudicar ante el hacha del mismo verdugo que la ha estado castigando duramente durante todos estos años.
Algunas preguntas esenciales:
¿No era tiempo de que la oposición se reuniera y convocara a todos sus miembros para coordinar acciones?
¿No era el momento de despejar las diferencias personales, y de estilo, y buscar el elemento conciliador y unitario?
¿No era el momento de definir objetivos y planes de lucha para el cercano y mediano plazo en su lucha?
Nada de eso se hizo, y muchos de ellos terminaron aislados encerrados en algún cuartel militar, una estación policial o cualquier otro lugar destinado para ellos. Con toda seguridad, hoy están más débiles que antes.
A pesar de todo esto, hubo un valiente que saltó en Santiago y gritó “Abajo el Comunismo”, y hubo ese grupo anónimo de cubanos que en la Plaza Cívica, al final de la misa, gritaron “Libertad”. Y todo a pesar de las mil y una medidas tomadas por el gobierno, de los arrestos, de haber sembrado de agentes gubernamentales las plazas y lugares en que se celebraron las misas.
¿Qué hubiera pasado si la oposición hubiera tomado alguna iniciativa?
Nadie sabe, pero la historia sería distinta y hoy se le respetaría un poquito más dentro y fuera de Cuba.
El Castrismo
Por supuesto, lo que el castrismo esperaba y quería se pudo ver desde que Benedicto XVI bajo del avión en el aeropuerto de Santiago, y desde que Raúl Castro lanzó su discurso político, viejo y gastado, bien conocido de siempre. Un discurso que negaba todo intento apostólico de la visita de Benedicto XVI. Ese era el objetivo y ya lo había cumplido.
El resto era mostrar una Cuba “diferente”, “abierta al mundo” como se lo había pedido el antecesor de Benedicto, Juan Pablo II, y tolerante. Nada de esto es nuevo y en ese guión trataron de jugar el papel de estrellas. Pero fallaron.
Desde el mismo momento en que aquel moreno santiaguero grito “Abajo el Comunismo”, y un “miembro” de la Cruz Roja lo golpeó y maltrato con sus puños y los implementos de su labor “humanitaria” al hombre que solo había repetido lo que el Papa había declarado horas antes en su avión rumbo a México y Cuba, todo el guion milimétricamente escrito se fué a bolina, como el papalote que algún trovador raulista nos hace recordar a veces.
No era necesario ver más. Las imágenes viajaron por el mundo y el mundo pudo ver, y entender, por ejemplo, porqué los cubanos no portaban carteles saludando al Papa, porqué los rostros en las plazas o en el recorrido del papamóvil eran los de un pueblo que no estaba feliz con la llegada de su Santidad.
Pudieron entender porqué cientos de personas estaban sentadas en la Plaza Cívica aburridas, sin oír lo que en la ceremonia religiosa transcurría, como el mismo Oswaldo Paya logró testimoniar y presentar en testimonio gráfico (véalo en la foto que acompaña este post).
El gobierno sólo llenó las plazas, y mando a vestirse de blanco para encubrir con las apariencias al  pequeño grupito de mujeres, miembros de las Damas de Blanco, que lograron asistir para así ocultar lo inocultable: Cuba no ha cambiado en un milímetro en intolerancia y obstinación.
El castrismo logró acaparar la visita Papal. No hubo otro interlocutor que le entorpeciera su protagonismo. A nadie más vio el Papa más allá que a las autoridades castristas. Ni siquiera a los mismos miembros de la comunidad católica: monjes, monjas, obispos, miembros de la curia católica cubana. A nadie más.
La visita Papal centró al gobierno como principal y único interlocutor, y el gobierno trató de sacar todo el provecho posible, mediático y político, de la concesión de la Iglesia. ¿Lo logró?
Para nada. La misma prensa internacional reflejó que Cuba era la misma, que los cientos de personas no mostraban la alegría de los mexicanos ante el Papa. Es muy difícil pensar que el mismo Castro pretenda creerse  que su cosecha tuvo frutos. Nadie lo cree así, y en mi opinión, la propia Iglesia sabe que el gobierno no obtuvo muchos beneficios de la visita, a pesar de todos los pesares.
La evidencia la estamos viendo hoy cuando se reportan una ola de detenciones en el Oriente. Con todo y que la oposición salió debilitada de la visita del Papa, el gobierno se encuentra en el mismo lugar, si no peor.
La Iglesia
En 1998 la Iglesia Católica tenía un pontífice carismático, un hombre de inteligencia medular, que conocía muy bien los vericuetos del poder comunista y que lanzó a rodar la piedra en Cuba: Juan Pablo II. Su visita fue, sin lugar a dudas, histórica. Sólo comparar el pueblo que recibió a Juan Pablo II con el que vio Benedicto XVI demuestra que Cuba no ha avanzado al futuro, sino ha retrocedido a los peores momentos de represión.
Pero Juan Pablo II nos abandonó muy rápido, y en su lugar, se nos apareció un  Benedicto que no tiene ni su carisma ni su energía y conocimiento del comunismo, que se enfrenta a una Iglesia en franco retroceso en América Latina y Estados Unidos, gracias a los escándalos de corrupción y abusos. Y así, lo que podía haber sido el interlocutor coherente entre la oposición y el castrismo, se convirtió en algo diferente.
El Papa fue a Cuba, quizás, tratando de encontrar audiencia en un lugar donde el Vaticano puede encontrar seguidores, pero se equivocó en su cálculo porque en Cuba, y gracias a la posición colaboracionista de las autoridades eclesiales y en especial del Cardenal Ortega, los cubanos siguen sin confiar en la Iglesia, y muchos consideran a Ortega, en lo personal, como un cura comunista. Y esto no es simple especulación chovinista, es el verdadero sentimiento de muchos cubanos en la isla, y especialmente en La Habana.
La Iglesia liderada por Ortega, además, con la pérdida de una figura como Monseñor Pedro Meurice, ha tratado de arrinconar las voces disidentes, y quedan muy pocas. Al menos dos podemos mencionar: el Padre Conrado y Monseñor Dionisio García Ibáñez. Este último tuvo la osadía de mencionar a su predecesor en la Homilía de Santiago y, mostrando altitud de espíritu, le negó el saludo al dictador en el Palacio de Gobierno, algo que no fue pasado inadvertido por nadie.
Pero son pocos, la inmensa mayoría ha escogido el bando a servir, que no es precisamente el del pueblo de Cuba. Desde los sucesos de los 13 en la Iglesia de La Caridad, la Iglesia Católica Cubana demostró que su apuesta es por el gobierno, no por la oposición. Y aquí es todo lo contrario de lo que hubiera admitido, por ejemplo, Juan Pablo II si aún lo tuviéramos vivo.
El polaco se convirtió en factor de cambio en Polonia, no lanzando palabras de fuego, pero creando los espacios de apoyo a la oposición, tendiendo un puente a la democracia. En Cuba esto es precisamente lo que Ortega no ha permitido.
En mi opinión, y es muy personal, los regentes católicos encabezados por Ortega han visto y percibido una oposición débil, dividida, sin líder alguno, sin plan de lucha y objetivos mediatos y a largo plazo, y han decidido tender el brazo para compartir el poder. Como se dice: una mano lava la otra y las dos lavan la cara.
Y eso es lo que ha hecho la iglesia. Quieren acceder a espacios que perdieron y le ofrecen la mano al castrismo con la esperanza, inútil por cierto, de que este, arrinconado y débil, le conceda aquellos espacios perdidos: acceso a la educación, a los medios públicos de acceso al pueblo, espacios donde poder crecer su membrecía que aún es muy pobre esencialmente.
De inmediato, no han recogido más que un Viernes Santo “excepcionalmente libre”, solo por esta vez. Es así como responde una dictadura. 

El cálculo de Ortega es el que trajo como consecuencia que Benedicto XVI no intercediera por nadie de la oposición. En México el Papa rompió el protocolo y se encontró con las víctimas de la violencia. En Cuba no lo hizo… porque la oposición no existe para el Cardenal Ortega. Es pequeña, molesta, pero pequeña y descabezada, no tiene peso específico político dentro del pueblo de Cuba.
Esos son los pensamientos de la Iglesia Cubana.

Al final, ¿a qué fue Benedicto a Cuba?
Según el Secretario de Estado del Vaticano fue una visita apostólica, ¿sin encontrarse con los miembros de esa membrecía?
¿Qué logró con la visita?
Un solo y único Viernes Santo libre para el pueblo de Cuba, que nadie le agradecerá a ninguna de las partes, porque el cubano aún sigue desconociendo el lenguaje y las manifestaciones católicas, como se pudo demostrar en la Plaza Cívica cuando los estudiantes decían que no entendían las palabras del Papa ni su significado.
Aun hoy, y con completitud, me es imposible conocer con exactitud por qué el Papa decidió ir a Cuba y no a Venezuela, por ejemplo, un país con más cantidad de católicos, o aventurarse a Brasil o Argentina.
Al final, la Iglesia cubana perdió prestigio e independencia para un futuro democrático. El asalto de las tropas a la Iglesia de La Caridad desmarca las fronteras de seguridad que la misma oposición puede tener en un templo, algo nunca visto en el mundo contemporáneo.
La oposición, por su parte, se escindió mucho más, y se debilitó con su actitud pasiva, divisoria con respecto a los sucesos ocurridos antes de la visita de Benedicto, e incluso durante la propia estancia del pontífice. Nadie tiene a estas alturas objetivos claros y concretos que presentar. Hablando con entera franqueza: se desconoce con exactitud a donde marchan y cómo.
¿Y el castrismo?
El mismo de siempre, sin mucho que agregar a lo ya conocido. Tratando de transitar hacia un capitalismo de estado neoliberal feroz, sin las garantías democráticas de un estado contemporáneo. Sobreviviendo, esa es la palabra.
Lo gracioso, y aterrador de todo, es que estamos en el mismo punto de antes de que Benedicto XVI saliera del Vaticano a visitar Cuba, o quizás peor…

1 comments:

Arwen Evenstar said...

El Papa no fue a otro pais de Latinoamerica porque quizas ningun otro pais este mas necesitado de la presencia y de la restauracion de la FE catolica, mas que Cuba hoy dia, es mi opinion. Cuba durante mas de medio siglo ha estado completamente SOLA en la lucha contra los demonios de los Castro destruyendo cual langostas todo lo que encuentran a su paso dentro del pais, siendo la Fe religiosa una de las primeras cosas que casi exterminan por completo.
Lamentablemente, la situacion en Cuba, tras la visita Papal estara AUN PEOR. Quizas la reaccion de un regimen tiranico contra un pueblo que sabe que no lo apoya o quizas, solo quizas..... una estrategia para desenmascarar el salvajismo de los Castro ante el mundo y facilitar de esa forma que se abran en Cuba las puertas a una transicion, aun lejana, a un sistema politico economico mas justo y democratico.