Saturday, January 28, 2012

Fernando Ravsberg: El mensajero y la información

Recientemente leí el post del periodista uruguayo, reportero de la BBC en La Habana, Fernando Ravsberg, sobre las vicisitudes de informar desde La Habana sobre la muerte de Wilmar Villar. Y en general, sobre informar sobre Cuba en un medio tan hostil como es la claustrofóbica sociedad cubana.
El artículo en cuestión lo incluyó en su blog en el sitio de la BBC: Cartas desde Cuba y se titula “La difícil labor de informar”. Les recomiendo lo lean y saquen ustedes mismos sus opiniones. Esta que van a leer aquí es la mía.
Al final del post, el uruguayo afirma, y cito:
“… al final todos culpan al extranjero, un periódico en Miami cuestiona ‘la apatía de más de un corresponsal extranjero’ por la muerte de Villar y Granma se indigna porque a ‘Cuba se le niega el mas mínimo espacio en los medios de comunicación internacionales’
Para finalizar diciendo, cito una vez más:
“Pero la misión de un corresponsal extranjero no es tomar partido en su batalla política sino informar sobre lo que en ella acontece, esquivando manipulaciones para tratar de alcanzar la objetividad e imparcialidad que exige nuestra profesión.”
Bonitas palabras. Frases elegantes. Verdad poco objetiva. Al menos por mi parte, y me explico.
Nunca le he pedido a un corresponsal extranjero que tome partido, sino que informe de lo que ocurre. Tampoco le he pedido que manipule, sino que escriba e indague en los hechos que diariamente suceden. Y suceden… y nadie los reporta o informa. Tampoco Ravsberg.
Sucede que el reportero, o informador, o periodista uruguayo no es el único en La Habana, y la BBC no es el único medio occidental de noticias que tiene representantes en Cuba. ¿Por qué entonces hay tan pocas informaciones sobre Cuba en esos medios?
Los que del lado de acá, lejos de Cuba, criticamos a los reporteros de CNN y BBC, para citar solo dos medios occidentales con representación en la isla, lo hacemos porque vemos con verdadero estupor como ninguno de esos medios informan en tiempo, demoran el reporte oportuno, o incluso eluden los temas difíciles.
Más de una vez CNN ha eludido por días una “información objetiva” sobre Cuba, y los cubanos sabemos de muy cerca cuán difícil es la estancia en La Habana de un periodista extranjero. Y digo mucho más: del entorno estrecho de la capital muy pocos de ellos se aventuran… con la excepción quizás de darse un saltito a Varadero.
Pero atengámonos a lo que dice Ravsberg en su artículo. Según él se hizo difícil de reportar la muerte de Wilmar, ¿y reportó su huelga de hambre entonces? Porque él mismo habla de ella. ¿Buscó información con los medios oficiales? ¿Se acercó a la oposición para conocer los hechos? ¿Contrastó una y otra información?
Todo puede parecer muy difícil para el periodista bajo el manto de palabras bien escogidas y redondeadas en su post. La realidad, como él mismo bien dice en ese mismo escrito, es que fueron fuentes independientes del gobierno… y también de la prensa extranjera en Cuba, las que alertaron a tiempo la huelga de Wilmar Villar.
Pregunta: ¿Dónde estaba Fernando Ravsberg entonces para reportar?
Hay otro detalle curioso y muy revelador, y que los representantes de la prensa extranjera conocen: la propaganda del régimen mostró en los medios un certificado médico sobre una supuesta agresión de Villar a su esposa (que ella ya se ha encargado de refutar). ¿No es esto una descarada intromisión a la privacidad de una persona punible en los códigos occidentales de esos reporteros extranjeros?
Es punible aquí, en Canadá, como revela el Código Penal de ese país. Lo es también en Estados Unidos, de donde procede el reportero de la CNN. Y también lo es en Uruguay, país natal del señor Ravsberg. ¿Dónde está entonces esa pregunta en su artículo? ¿Es en aras de ser “objetivos” que lo calla?
Y a propósito de la “toma de posición” de un periodista, que según Ravsberg no debe suceder, traigo aquí la opinión de un veterano de la prensa catalana, Lorenzo Gomis, quien consideraba que:
“… el periodismo es un método de interpretación, primero porque escoge entre todo lo que pasa, aquello que considera interesante. Segundo, porque interpreta y traduce a lenguaje sencillo cada unidad de la acción externa que decide aislar, es decir, la noticia; además, distingue en ella entre lo que es más esencial e interesante y lo que no lo es. Tercero, porque trata de situar y ambientar la información para que se comprendan, explicarlas y juzgarlas.”
Más claro ni el agua, pienso yo. ¿No lo creen ustedes así?
La interpretación siempre pasa por la percepción política del periodista o reportero, dejémonos de cuento, y la objetividad depende de las percepciones personales y del conjunto de valores políticos, filiaciones internas sociales y filosóficas.
Y después viene el miedo. Sí, el miedo a arriesgar mucho la visión crítica en una Cuba que expulsa a reporteros que se acercan a fuentes independientes. Como le paso a Mauricio Vicent de El Pais, o como le sucedió a Carlos Hernando de El Mundo.
Las dos expulsiones fueron condenadas por Reporteros sin Fronteras. Desconocer esto es otra de las variables con que Ravsberg juega a malabares. Sus reportes precisamente demuestran que elude, con todo el propósito “objetivo”, el caer en los “errores” de sus colegas de España: ofrecer fuentes independientes del poder establecido.
La labor de un periodista es informar, llegar a las fuentes primarias de la noticia. Solicitar información, contrastarla con otras y ofrecerlas al público. Eso es periodismo.
Si la noticia sobre Cuba alcanza hoy día los periódicos y las agencias de noticias, no es por la presencia de reporteros como Ravsberg - quien elude objetivamente temas difíciles ante los ojos de las autoridades cubanas -, sino porque existe una cadena de periodistas independientes que, a ciegas, envían sus tweets, posts a internet o a los cubanos exiliados y estos la cuelgan en los sitios diseñados para ellos en el mundo web.
En el artículo en cuestión Ravsberg critica al periódico oficial Granma, el príncipe de la desinformación y la mentira, porque tuvo tiempo de investigar e informar a Cuba de lo que pasaba y no lo hizo.
¿Es que se le puede pedir a Big Brother que investigue seriamente sobre su muy odiado Goldstein e informe “objetivamente”?
¿Qué juego es este, señor Ravsberg?
Y lo más importante: si Granma no lo hizo, ¿Por qué no lo hizo usted? ¿Le fue difícil viajar desde La Habana a Santiago de Cuba donde estaba Wilmar Villar? ¿No se lo podía financiar su agencia de prensa, la BBC?
Inconsecuencias, incoherencias y mentiras para justificar un olvido necesario.
Es muy oportuno, por ejemplo, recordar lo que una vez Umberto Eco habló sobre la objetividad en la noticia, y su imposibilidad de serlo. El semiótico italiano afirmó:
“Aun separando cuidadosamente comentario y noticia, la elección misma de la noticia y su confección constituyen elementos de juicio.”
Y eso no ha cambiado, señor Ravsberg.
No se puede ser un simple mensajero a secas, ya la selección de la información, cómo y cuándo “constituyen elementos de juicio”… como nos recuerda Eco.

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