Sunday, October 9, 2011

Los indignados y los disidentes

Leyendo las noticias sobre las protestas en Madrid, en muchas partes de Europa y en New York una pregunta me asalta constantemente: ¿Cuál es la diferencia entre estos “indignados” que protestan contra Wall Street, o contra las medidas del gobierno de estos países occidentales en tiempos de crisis, y las escasas protestas masivamente reprimidas en mi país de origen, Cuba?
Un detalle que no puedo dejar de destacar. Las protestas ocurridas aquí, en Toronto, durante la cumbre del G20 terminaron de manera violenta, con estos “indignados” destruyendo comercios privados, vidrieras de grandes edificios, cambiando el rostro hermoso de la ciudad en un campo de batalla. Entonces, y ahora mismo, mi pregunta siempre ha sido: ¿Por qué estas protestas, que claman ser “pacíficas”, terminan en actos de vandalismo totalmente bochornosos? ¿Será porque parte de sus integrantes son también vándalos?
A Toronto viajaron miles de estos “indignados pacifistas” desde muchas partes de Canadá y del mundo, muchos tenían los mismos rostros de estos que vemos en las fotos en Madrid. Hoy mismo se reporta que la última manifestación en New York terminó con unos cien manifestantes tratando de romper las exhibiciones en el National Air and Space Museum. ¿Por qué, entonces, estos elementos terminan en acciones vandálicas y no continúan con su propósito “pacifista”?
Les dejo la pregunta abierta para que saquen ustedes mismos sus conclusiones.
Volviendo al tema en cuestión. Lo primero que llama mi atención en las manifestaciones de “indignados” es su espontaneidad, buena o mala, pero el ciudadano de estos países demuestra que tienen el derecho de expresar su furia e indignación, y salen a la calle en una muestra de civilidad que es típico de la persona como ciudadano social en una democracia. Que diferente esto en Cuba, ¿verdad?
En mi país al ciudadano se le robó su identidad como ser social, su vocación civilista y su derecho a la protesta. Por 50 años se reprimió, se estigmatizó y se criminalizó la acción de expresar su opinión como un derecho público, esencial a su condición de ciudadano. Esa última palabra fue arrinconada, en última instancia, para uso exclusivo de la policía cuando abordaba al cubano frente a la posibilidad de un delito cometido, probado o no. La implicación sicológica para todos fue, y es, que ese ser social se “convertía” en ciudadano cuando estaba frente al delito, y solo frente a él.
La segunda conclusión importante es, y sin dudarlo la mas definitoria, que el ciudadano de estas latitudes geográficas no sienten el temor a salir, expresar su opinión y marchar por avenidas y parques, criticando al sistema, sin que su acción genere represión policial. Alguien, bien torcidamente astuto dirá: ¡pero fueron reprimidos ayer en New York! Si, es cierto, pero solo cuando el “pacifismo” se convirtió en vandalismo y trataron de entrar en el dichoso museo.
En Cuba, a los ciudadanos que piensan diferente al gobierno y tienen la voluntad de expresarlo, le impiden la libre circulación en las calles, los golpean, los agreden y les violan sus domicilios con pogromos típicos del fascismo alemán. Usted puede leer las noticias, y ver las imágenes. Aquí le pongo dos pequeños enlaces para que lo puedan apreciar.
Golpes y empujones contra las Damas de Blanco
Detenidos y golpeados mas de diez activistas y Damas de Apoyo en Santiago de Cuba
Hay un tercer aspecto decisivo. Los que marchan por Madrid y por New York quieren un cambio de sus vidas en su país, y marchan por sus calles. Usted dirá: bueno, ¿y qué hay en eso?
Detalle importante. En Cuba mucha gente ya desprecia al gobierno, su política doméstica, su vocación hipócrita de igualdad cuando los oficiales del gobierno viven una vida fácil, y se burla cínicamente de sus “queridos” líderes, especialmente la juventud. Pero no marchan en las calles para expresar su indignación, prefieren buscar el boleto de salida para el mundo democrático, este mismo donde usted encuentra los indignados marchando por New York.
Más de un millón de cubanos buscan su pasaporte español diariamente en la embajada de este país en La Habana. Cientos de miles aplican para ganar la lotería de emigración a los Estados Unidos, otros intentan salir hacia Canadá, como mi propia persona. Y los más desesperados se marchan a cualquier lugar, como esos que encallaron recientemente en Honduras (quizás buscando la vía para llegar a Miami, que es el destino soñado por el cubano medio).
Una muy pequeña porción de los cubanos se convierten en lo que llamamos disidentes, que es la manifestación política de esta indignación contra el sistema autocrático, establecido por más de la mitad de un siglo en el país. Esos son las personas que rompieron el automatismo en que el sistema comunista convirtió al cubano y abrazan su civilidad con valentía.
Las tendencias políticas de los disidentes cubanos no es importante, algunas yo mismo no las comparto, pero lo esencial e importante es que han dejado de ser esa pequeña hormiga automática, han encontrado su voz y tratan de expresar su indignación…  en un país que no la permite.
He ahí la esencial diferencia entre una democracia, limitada o no, las teorías sobre qué es una democracia en occidente son infinitas y no terminaríamos nunca en mencionarlas. En Madrid o en New York, los ciudadanos de esos países protestan, expresan su indignación. En Cuba, no se les permite asomarse a sus calles y terminan enfrentados al sistema judicial en manos del gobierno.
Irreprimiblemente cada vez que leo, y comprendo porque vivo en uno de estos países occidentales (Canadá), los reportes y análisis sobre el movimiento en Wall Street y en Europa, y observo la radical diferencia con mi país de origen, me viene a la memoria ese proverbio hindú que reza:
“Yo no tenía zapatos… y murmuraba, hasta que encontré a un hombre que no tenia pies.”
Más claro ni el agua, ¿no les parece?

0 comments: