Saturday, October 8, 2011

John Lennon… ¿en La Habana?

Alguna vez el escritor y humanista francés François Rabelais  dijo que lo importante no era correr mucho si no empezar pronto la carrera. Desgraciadamente para que John Lennon fuera descubierto por la oficial Cuba, y su nombre traspasara definitivamente el oscuro silencio que en vida sufrió en mi país, el músico inglés tuvo que esperar hasta un 8 de Diciembre del 2000. Entonces, se le encargó a la carrera a uno de esos artistas de la nomenclatura una pequeña estatua para colocar en un oscuro parque habanero, de una zona tranquila, sosegada, lejos del bullicio  y de las posibles tormentas que aquella pequeña figura pudiera causar en el populoso corazón de La Habana. El músico británico cumplía 20 años de muerto, asesinado por el mismo hombre a quien había brindado un autógrafo en la mañana, y la necesidad del marketing político de ocasión y su potencial trascendencia en todos los periódicos del mundo no se podía perder. John Lennon había traspasado la barrera de la herejía para convertirse en una figura conveniente para la oficialidad cubana.
No importaba ya que esas mismas desgatadas autoridades fueran las fuentes de la prohibición de su música en el pasado. No importaba más que esa misma oficialidad había lanzado a la oscuridad al ex-Beatle y lo había condenado en el mismo corazón de la juventud que intentaba creer en esa “revolución” verde olivo en minúsculas. Entonces, ese día de Diciembre, la encorvada figura en el minúsculo verde olivo color necesitaba a John Lennon en La Habana, y hacer el festín de palabras con el cual cautivar a la prensa acreditada, y a la claque inevitable de aplaudidores de ocasión. Lo que olvidó y nunca estuvo planeado para la ocasión, fue la necesaria disculpa por las expulsiones de las universidades cubanas de esos cientos de jóvenes que un día degustaron al famoso integrante de Los Beatles, los que peinaron cabellos largos imitando a esa figura de bronce sentada en el tranquilo parque habanero, y a los que calumniaron por el impúdico “delito” de vestir un desteñido jean en la “uniforme” Cuba. A todos ellos, ese señor de verde olivo olvido mencionarlos, nunca existieron para él.
¿Cuántos de ellos fueron expulsados, condenados por los mismos cobardes compañeros de nocturnidad, en un acto despreciable de vileza y sumisión y terminaron lejos, perdidos sus nombres en alguna lejana geografía, su juventud y sus sueños robados en la epifanía revolucionaria de los 60 y 70, en la cacería de brujas en nuestros centros de estudios superiores?
Para ellos, para mí, y para todos los cubanos, la estatua de Lennon llego muy tarde, y lo que pudo haber sido un acto de reconciliación con el olvido, las vidas aplastadas por intolerancias ideológicas y el silencio, se convirtió en una ridícula payasada, en otro acto miserable de deslealtad con la verdad.
Anecdóticamente, los redondos lentes de Lennon en el parque habanero fueron robados, más de una vez, hasta que el orfebre artista opto por fundirlos con el resto del cuerpo metálico del músico inglés. Ironías. La figura de Lennon en el parque habanero parece contemplar algo perdido a lo lejos, mas allá de la figura encorvada en aquel acto simiesco, casi por encima de los lentes, como si desde su metálica naturaleza aun rondara la duda en la honestidad de aquel hombre que un día lo condeno por oscuros diversionismos ideológicos. Y la verdad no estaría muy lejos entonces.
Para el caminante cotidiano de ese oscuro parque, para los niños que juegan y quizás se aventuran a tocarles los lentes, la pequeña figura hoy no tiene el significado de entonces. Hoy los nombres prohibidos en Cuba son otros, ¿o quizás los mismos? Para la Cuba oficial todas las carreras siempre comenzaron muy tarde.
John Lennon nació un 9 de octubre de 1940, y murió una fría noche de Diciembre del año 2000, a las 10:50 de la noche en la entrada del edificio de apartamentos donde vivía. Una corta vida para un hombre que supo vivir sin compromisos más allá de su honestidad con su propia conciencia. Como dijo su viuda, Yoko Ono:
“No hay funeral posible para John.  El amo y rezo por la raza humana. Recemos ahora por él.”

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