Thursday, October 13, 2011

El tropezón de Zoe Valdés

Un tribunal en Paris acaba de encontrar a la escritora cubana Zoe Valdés culpable de difamar a exiliada cubana Ileana de la Guardia y al periodista Jorge Massetti. Los cargos contra Zoe proceden de su muy conocido método de acusar a siniestra a cuanta persona aparece en su línea de visión. Por lo que, ¡cuidado!, no le cruce por el lado… o al menos no se le interponga en algún premio, mención, aparición repentina en la prensa o en algún blog...
El grave problema de la señora Valdés es que no tiene límites a la hora de abordar a otra persona que difiera de su punto de vista sobre algo. Y este algo, generalmente, coincide con el tema Cuba. Un tema al que ella parece aspirar a jugar el rol principal, con ribetes de divismo. Ya lo hemos sufrido varias veces cuando se ha referido a bloggers, escritores cubanos y disidentes.
Desgraciadamente para los del patio cubano, aquellos que aun viven y sufren en Cuba, están muy lejos del alcance de la mano judicial que interceda a favor de la cordura. Desgraciadamente para la Valdés, en esta ocasión al menos, las víctimas de su verbo desmesurado tenían las herramientas a la mano.
No se trata de que las opiniones de la escritora cubana no puedan sostenerse, y que no esté en su real derecho ejercerlas. Pero en primer lugar para decirlas tiene que demostrarlas, y en segundísimo lugar, tampoco tiene el derecho a la ofensa y a la difamación impune, que es lo que ha causado el ligero tropezón jurídico a la conocida escritora.
Personalmente, pienso que el problema de Zoe es de índole cultural-personal.
Muchos que la leen y le critican su escatológico lenguaje, lo vulgarmente lúdicro de sus novelas y escritos, y el salvajismo populachero de su lenguaje en el blog caen en el error de pensar que es un recurso estilístico de la cubana. Pero no lo es.
Zoe Valdés es vulgar primero porque es la forma en que ha logrado subirse a la escalera de la fama, la inmediatez periodística y el éxito editorial. Y segundo porque esa es su persona.
La literatura, la buena y la mala, es un género artístico personalísimo. Se desborda en lo que se escribe el carácter del autor. Nadie puede suprimir su personalidad en lo que narra y cuenta. Y en última instancia, por muy sagaz y agudo que se sea, la uña personal del artista aparece, sino en la tinta y la pluma, en el estilo, el lenguaje y en los temas que se escoge.
No se podría pedir a Zoe que escriba como Lezama, como tampoco podría pedirse a Lezama que intentara escribir como Zoe. Y sin embargo, los dos abordan situaciones donde el sexo llega a momentos extremos, pero ¡qué diferencias y lejanías entre uno y otro!
¿No lo cree usted?
Sin embargo, aquí estamos. Se podría decir que Zoe encontró en el camino la suela de su mismo zapato. Y algo más triste aún, que muchas de sus opiniones siendo tan certeras y agudas, pero dichas en el lenguaje verdulario que utiliza, las ensucia y destruye con las mismas manos que las escribe. Es una gran pena, pero es algo que se veía venir, a corto o largo plazo. Y aquí está.
Espero que este pequeño tropezón le haga abrir los ojos y sea más cauta, y a la vez más inteligente en su sincera opinión… sobre los demás.

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