Wednesday, October 12, 2011

De premios, injusticias y otras divinidades insulares

Mi post de hoy pudiera titularse: Yoani Sanchez y el Premio Jaime Brunet 2010 de la Universidad de Navarra. Pero ocurre que es algo mas, porque con sinceridad pienso la promoción excesiva de premios a esta bloguera va mas allá de lo que el sentido común y la inteligencia permiten, aún cuando pienso esos académicos tengan algo de inteligencia para premiar, y un poquito más de sentido común de la población media de este planeta. 
¡Pero al parecer no!
Honestamente, y más allá de toda consideración humana, social o política, el último premio otorgado a la bloguera no le pertenece. No entiendo cual es el sentido de una institución académica cuyo premio, y cito, surge por la necesidad de:
“…promover y difundir la defensa de los derechos humanos y para contribuir a la erradicación de las situaciones o tratos inhumanos o degradantes, vulneradores de los derechos inherentes a la dignidad de la persona.”
Repito, no entiendo como esta institución académica premia un blogger. Y no es, necesario es aclararlo, porque la información no sea un principio básico y un derecho de todo ser humano, como la misma Naciones Unidas lo reconoce. El hecho concreto es que Yoani Sanchez solo ejerce su derecho personal de opinión… en una Cuba virtual que no existe dentro de las fronteras geográficas del país. Mas allá, ¿Qué ha hecho la bloguera?

Me pregunto, por ejemplo, ¿qué hace ella frente a la estatura de un hombre como Jon Cortina Garaigorta, Premio Jaime Brunet del 2007, ah, y por Dios, con uno de los pensadores más importantes de la segunda parte del siglo XX, como lo es Jürgen Habermas también ganador del dichoso premio?

Quizás la pregunta debía haber sido: ¿Qué gana la Universidad de Navarra y este premio? ¿Publicidad mediática?

Pero más allá de estas comparaciones, la pregunta que siempre me he hecho es: ¿Por qué se premia a alguien que no tiene el mas mínimo peso especifico entre las fuerzas opositoras a Castro dentro de la isla, en vez de a figuras establecidas y bien conocidas como Oscar Elias Bicet o el grupo de las Damas de Blanco?

¿Algún miembro del equipo que otorga ese premio puede responder esta pregunta?

Cada vez que una institución internacional escoge a Cuba para otorgarle un premio, así sea de Derechos humanos, de periodismo, de “heroicidad” y demás se va por la vía mas fácil, y quizás la que menos molesta al régimen: premiar a la bloguera cubana. ¿Es esto justo?

Más importante que cientos de post en el mundo virtual en internet son las marchas pacíficas de las Damas de Blanco por las calles de Cuba, porque esto ofrece una presencia. La oposición al régimen no hace nada con “protestar” virtualmente en internet. Ahí no se va a conseguir cambiar las reglas del juego de ese sistema. En los países del norte africano donde han ocurrido estas “revoluciones” en contra de los regímenes dictatoriales, la tecnología solo ha servido para aunar esfuerzo, coordinar acciones y emitir al mundo lo que está ocurriendo en la calle. “En la calle”, he ahí la importante clave en el asunto.

Nada de esto hace la bloguera. Lo siento, esa es la verdad, y sé que con esta afirmación me estoy buscando la enemistad de miles de personas que han encumbrado ese nombre en un sitial divino. Siempre me he preguntado ¿Por qué los cubanos queremos sustituir un falso ídolo por otro? ¿Qué hacemos dándole divinidad, sacralocracia a personas que solo viven virtualmente?

A Yoani Sanchez los sicofantes en las redes sociales, y también algunas personalidades anticastristas la han calificado de oportunista, de estar haciendo un nombre a costa de Cuba. Zoe Valdés no se oculta en decirlo, cada vez que tiene la oportunidad o le dan un premio la señora Valdes le da la pataleta. Esa es también otra verdad. Pero me permito darle la vuelta a lo que tantas veces Zoe le ha achacado a la bloguera.

¿Es que no todos utilizan el nombre de Cuba para sus muy personales objetivos?

¡Entiéndase! Fidel Castro lo hace cada vez que apunta al norte, habla del imperialismo, de las conspiraciones contra su persona, etc. Lo hacen los disidentes cuando atacan las injusticias del régimen, la represión, el crimen diario al pueblo de Cuba. Lo hace también Zoe cuando publica sus pequeños escandalosos libritos con trasfondo cubano. Lo hace la bloguera cuando pinta la realidad desde La Habana.

No hay nada despreciable en utilizar nuestro país para nuestros más personales propósitos. Ese no es el asunto ni es lo cuestionable. Se escribe de lo que se conoce, de lo que somos parte y de donde surgimos. Somos cubanos, pues de Cuba nos ocupamos y punto.

La injusticia aquí está en la forma sesgada que estas instituciones internacionales, académicas o no, premian. Me explico y repito la pregunta: ¿Por qué se premia a Yoani Sanchez y no a una mujer como Laura Pollan, cara visible de las Damas de Blanco?

¿Será por desprecio a la disidencia tradicional o porque estas personas no tienen el aval tecnológico que la joven bloguera tiene?

¿Será porque es más fácil recurrir a un nombre ya conocido y así hacerse de la fácil cobertura de prensa en el mundo editorial mundial?

¿Será para no provocar la ira del régimen de Castro?

No sé. Este juego de malabares ha ido tan lejos, es tan loco e impreciso que me es sencillamente inextricable. Pero la injusticia está ahí, es evidente, la persona más común la entiende: quienes realmente arriesgan las vidas en las calles de Cuba se les ignora. ¿Por qué?

Tratando de redondear otra de las posibles aristas de la bloguera multi-premiada, otro detalle que conozco de muy cerca es la sicología de las jóvenes generaciones de cubanos en mi país, de esa generación a la que pertenece Yoani Sanchez. Por experiencia propia, porque lo conozco de cerca y la he vivido en mi vida como emigrante, pero sobre todo en mi vida en Cuba, las últimas generaciones de cubanos no cree en nada, ni en nadie. Sus vidas han sido despojadas de los más sagrados valores humanos que tiene el ser social: la dignidad, el valor del trabajo como vía honesta para el crecimiento material, espiritual y social. Los jóvenes en Cuba no creen más allá de sí mismos, del jean de moda, el dólar imprescindible y la salida a Miami, o a algún otro rincón del mundo. Y es posible esta sea la clave en tiempos de Yoani, para decirlo de alguna forma.

Por largo tiempo estuve buscando en internet, en las entrevistas a la bloguera y en sus escritos, la razón, por ejemplo, de por qué retorno a Cuba después de vivir en Suiza. Por Dios, ¿es que alguien se marcha de Suiza?

Dejémoslo ahí. De todas formas, nunca lo había explicado con claridad, siempre había eludido esta pregunta y su respuesta era vaga, sin solidez suficiente para convencer. Por fin, hace unos días la bloguera lo respondió en un diario español, a raíz de su último libro. Según ella, su padre estuvo enfermo y tuvo que regresar y quedarse –rompiendo el pasaporte para que no me pudieran expulsar”. ¿?

Hasta donde es cierto o es parte de su propia leyenda, no lo sé. Pero en esa misma entrevista Yoani Sanchez confiesa que se ganó la vida en Suiza en trabajos de ínfima importancia hasta que regreso a Cuba. Y aquí, ese diablito que todos tenemos y salta contento cuando encuentra ese pequeño resquicio de verdad me hace preguntar: ¿es que regresó porque se frustró de no poder ser nada más que una “don nadie”, un nombre mas, una línea en la lista interminable de emigrantes en ese frio país de Los Alpes?

Mi experiencia con cubanos aquí, en Canada, y los contactos que tengo con algunos otros en este mundo, mas allá de las fronteras líquidas de Cuba, me lo hacen sospechar. Después de todo, no sería la primera vez.

Sin embargo, le concedo el margen de la duda que todo ser humano merece. Pero ahí está mi pregunta, ¿Por qué Yoani Sanchez otra vez mereció un nuevo premio?

¿Cuántas veces la disidencia, esa que sale a la calle y arriesga su vida tiene que ser atropellada, maltratada y lapidada para que alguna institución académica, una organización de derechos humanos o una agencia de prensa importante le conceda un espacio, le otorgue un premio, le brinde el soporte moral, sicológico e intelectual para su lucha?

No se trata de desacreditar a nadie, y mucho menos a la bloguera. De lo que sí tiene derecho, todo el derecho en este mundo, Yoani Sanchez es en expresar su opinión, escribir su pequeña bitácora en internet y disfrutar del intercambio de opiniones que normalmente en el mundo existe. Para una sociedad enclaustrada como Cuba eso es una herejía, pero nada más que para esa sociedad. Y eso no es noticia, ni tampoco una contribución a la lucha por los derechos humanos.

Sin embargo, existe el otro lado de la naranja. Si la bloguera aspira a ser periodista, como tantas veces lo ha divulgado en Twitter, en entrevistas, en la radio extranjera, en su aparición en foros internacionales, ¿por qué entonces no entrevista, por ejemplo a Laura Pollan?

¿Por qué no le envía unas interesantes preguntas a Pablo Milanés y a Silvio Rodríguez sobre las últimas polémicas diatribas entre los dos trovadores?

¿Por qué no concede un espacio a una entrevista con Elias Bicet y con Paya, dos de los nominados al Nobel de la Paz que ella también ha mencionado en Twitter?

Son formas de ayudar a la disidencia, o en última instancia convertir su blog en algo de más actualidad y peso para la realidad interna de Cuba. ¿Es miedo al compromiso político lo que detiene ese gesto, o simple astucia oportunista?

Hay un hecho cierto con todo esto. Con las dictaduras no existe objetividad posible. Cada gesto y acción que se salga del marco estrecho permisible es una herejía total, intolerable, devastadora para el ser humano que se arriesga. Por lo que el hecho de la existencia de su bitácora es ya una herejía per se. Entonces, ¿por qué no se da el paso? ¿Temor a perder el protagonismo mediático? – al parecer, Zoe Valdés me está murmurando algo al oído.

Tantas preguntas, tantas dudas que provocan estos inmerecidos premios. Es así de sencillo.

Para colmo de males, la prensa occidental anclada en la isla, como los propios corresponsales de CNN, ignoran los actos de heroísmo de los disidentes, los atropellos a las Damas de Blanco en la casa de Laura Pollan y las campañas de la propaganda castrista en contra de la tradicional disidencia. El colmo es que hasta la administración Obama ha expresado desprecio por darle cobertura a la verdadera oposición a Cuba, como algunos cables de Wikileaks sugieren.

El silencio de los representantes de la prensa occidental en La Habana es la clara señal de su bochornoso compromiso con el poder dictatorial en el país. No reportan nada, y cuando lo hacen acuden al tema fácil, acuden a Generación Y y a su autora.

Un detalle final para apreciar el verdadero merito y crédito que le conceden estos premios internacionales a la bloguera cubana son sus muy conocidas y publicitadas palabras a no participar, nunca mas –cito textualmente-, en un acto público para no soportar la lapidación fascista de la hordas organizadas de Castro, esas que enfrentan diariamente las Damas de Blanco en su deambular por La Habana.

No solo ella, toda esta generación de blogueros alternativos ha escrito, en uno u otro post, que no saldrán a la calle, que no ofrecerán “su sangre” a nombre de otros, evidentemente aludiendo a los exiliados. Lo hizo Miriam Celaya explícitamente en escritos donde criticaba con acritud a los exiliados cubanos en el mundo democrático. Lo ha hecho también Orlando Pardo Lazo en un brumoso post en su blog.

Entonces, ¿qué esperar de ellos? ¿Sólo que sigan ganando premios a costa de estar sentados detrás de las computadoras personales?

¿Es esto lo que se premia y no la verdadera acción a favor de los derechos del hombre, de su libertad y de su legítima defensa de la vida y la dignidad humana?

Les dejo la respuesta a ustedes. Yo ya estoy harto, sinceramente.

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