Tuesday, May 10, 2011

La tragedia de las pequeñas cosas

Tragedia de las pequenas cosas

Hay veces que la opción mas sencilla parece ser la mas compleja. Lo digo pensando en qué decir para expresar, en pocas palabras y sin caer en la rutina y el lugar común, lo que la indignación me trae a las palabras, el espíritu y la racionalidad que como ser humano comparto con los cinco billones de habitantes de este planeta.

El pasado domingo Dia de las Madres murió en Santa Clara Juan Wilfredo Soto Garcia. ¿Su crimen? Haber estado compartiendo con unos amigos en un parque en la capital de la provincia central de Cuba.

Resulta que es politicamente incorrecto en un pais insular del caribe disfrutar del aire libre… si se es disidente, se piensa distinto o no se prescribe la receta oficial que distribuye la prensa del gobierno.

Soto Garcia era un hombre físicamente enfermo, pero eso no arredró que la policia le exigiera retirarse de un lugar público, con derecho a compartirlo cada ciudadano de este planeta… excepto en Cuba. Y el que una vez fuera un ser humano vivo, fue golpeado y conducido a la estación policial para morir horas después producto de la golpiza recibida.

Todo por disfrutar de unos minutos en una plaza pública de una ciudad central en Cuba. Qué triste y desafortunada historia.

Al parecer, también de las plazas y los parques los cubanos tienen prohibido disfrutarlos… si se expresan con libertad y piensan diferente.

Puede parecer un cinismo, una broma absurda y dramática de la vida, o el destino. Solo que esa broma, ese destino venia vestido con uniforme policial, y la víctima fatal era un hombre marcado por el gobierno.

Cosas así, pequeñas, sencillas, casi intrascendentes marcan definitivamente el compas de una nación enclaustrada. Donde el simple acto de respirar, sentarse inocentemente en un parque, conversar con amigos se convierte en un acto barbárico de opresión, salvajismo  y pura criminalidad estatalizada.

Y es bueno recordar que son estas pequeñas cosas, que parecen casi intrascendentes, perdidas en el anonimato de su simplicidad, las que hacen a la vida cobrar un valor profundamente histórico. Y no lo digo en vano.

La historia de Juan Wilfredo me recuerda a la Rosa Parks que se negó a ceder su asiento al primer americano blanco en un omnibus americano. Así, un sencillo y rutinario acto de una mujer levantó en la nación americana el primer gran acto de protesta contra la discriminación racial en los Estados Unidos de los 60.

A Juan Wilfredo no lo dejaron disfrutar del aire libre de un parque, Rosa Parks no podia estar sentada en un asiento para blancos. Dos hechos de naturaleza sencilla, profundamente humanos, trascendentemente genuinos por su simplicidad y su cristalina simpleza.

Robert Brault, escritor americano, dijo en cierta ocasión:

"Disfruta de las pequeñas cosas, porque puede que un día vuelvas la vista atrás y te des cuenta de que eran las cosas grandes"

La muerte de Juan Wilfredo Soto Garcia pertenece a ese selecto grupo pequenas cosas que algún dia haga volver a uno la vista atrás y darse cuenta de que eran las verdaderas e importantes en esta vida. Son los simples actos de libertad personal los que importan, y no los grandes gestos teatrales de figuras que buscan escribir con su propio lápiz la historia.

Las naciones las hacen muchos, y cada uno de los hombres sencillos, que alguna vez se sientan en esos parques donde las autoridades cubanas no dejan disfrutar del aire libre… a sus hombres libres.

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