Friday, March 11, 2011

Red de la Inhumana Defensa

Red de la indefensa humanidad

Los odios irracionales crean monstruos bicéfalos que se devoran a sí mismos. La izquierda internacional, y especialmente aquella que llaman “izquierda” instalada en regímenes como los de Cuba y Venezuela son como esos monstruos bicéfalos.

Supuestamente surgidos para alimentar lo mejor del hombre, barrer sistemas que atentaban contra los derechos más elementales de la humanidad en esos paises, especialmente el derecho a la vida. Estas “revoluciones” se han devorado a sí mismas, y se han convertido en enemigos de la humanidad de sus pueblos.

Hoy, los que ayer gritaban por derechos humanos en el mundo gritan por la inhumanidad de los derechos de un orate arrogante en Libia. Se desgarran sus vestimentas de salvadores de la “humanidad”, olvidan víctimas, ignoran los cuerpos calcinados de civiles bombardeados por la aviación criminal de Muammar Gaddafi, lanzan gritos salvajes de rebelión contra imperios que no han causado muertes en Libia, claman por genocidas y genocidios que ignoran, aún cuando las imagénes desgarran sus ojos mentirosos a través de las pantallas de las agencias de noticias.

Quizás por eso todos ellos amenazan con derrumbar las libertades de prensa que le exigen a otros, menos a sí mismos. Deciden demonizar internet, redes sociales y apuntar calamidades tecnológicas que causan subversiones sociales, cuando los desastres humanos provienen de sí mismos.

Para los que ayer firmaron ese espurio documento que alguien escribió en nombre de alguna agrupación que pretende reclamar ser la Red de Defensa de la Humanidad y que ,con la ironia de las grandes hipocrecias que adornan esa izquierda bicéfala, concuerdan nacimientos desde los puntos donde más se violan los derechos civiles en Latinoamérica, Venezuela y Cuba, los muertos libios no existen, las víctimas son cifras invisibles a su inteligencia, la criminalidad de Gaddafi desapareció del planeta con la negación de sus palabras. Todo lo que importa es el odio de clase, la doctrina de guerra a la sola mencion de la OTAN y de Estados Unidos.

Los odios irracionales no pueden tener racional cabida en quienes hablan como “luchadores sociales”. ¿De qué sociedades hablan y de qué lucha? Silenciando la condena al crimen y al criminal, ¿se puede ser luchador por alguna sociedad humana en este planeta?

No es de extrañar las ausencias visibles de la moral, el pudor y la verguenza ciudadana en estas 268 firmas. Podrán estar pataleando eternamente un ballet como Alicia Alonso, desdentando una canción ya vieja como Silvio Rodriguez o ensayando un ridículo sermón como el señor D’Escoto. ¿De qué sirve ser artista si no se condena un crimen, se tapa los ojos a las bombas y se enmudece la voz con la mentira?

¿Los artistas bailan, cantan y celebran la muerte o celebran la vida inalienable de cada ser humanno en este planeta?

No se puede pedir la paz si no se condena con voz clara al criminal y se defiende a la victima. No se puede pedir la paz cuando las bombas caen sobre los que piden el fin del crimen. No se puede pedir la paz cuando se ignora el significado de su alocución y la interpretación humana en cada vida que se pierde.

La bien conocida izquierda, que tantas veces ha cerrado el ojo a las represiones, crímenes y vejaciones de la más larga dictadura en el planeta, la de Castro en Cuba, hoy otra vez baja la mirada ante el odio irracional a un país que solo habla de detener al criminal en su salvaje matanza. Se apunta a los Estados Unidos para obviar Gaddafi. Se acusa a la OTAN para silenciar un crimen.

Es el odio irracional, apuntado desde La Habana, recogido en almohada de oro por manos sumisas venezolanas, y hoy camufladas por artistas que se llaman defensores “sociales de la humanidad”, ignorando lo que de humanidad tiene la vida.

Para los que, como el señor D”Escoto, son cristianos, catolicos o creyentes en la bondad de Dios, bueno refrescar sus calenturientas memorias de acusadores indignos con las sabias palabras bíblicas a través de sus proverbios:

“No es bueno tener consideración con el malvado para perjudicar al justo en un juicio.” (Proverbios 18,4)

Quien ejerce esa profesión, quien estampa una firma para acallar un crimen, esconder una muerte injusta, silenciar un genocidio, se convierte en accesorio de ese crimen.

Los intelectuales que firmaron esa proclama pidiendo paz sin condena al asesino. Los que sellaron con odio un documento que escamotea miserablemente lo que ha ocurrido en Libia, y aún ocurre, se hacen activos partícipes de esos crímenes. Sobre aviones de Gaddafi sus nombres lanzan fuego a víctimas en el norte africano y destruyen vidas que no interesan a su intelectualidad de mercenarios.

Es esta red silenciosa de odio visceral clasista esa parte del coro de voces culpables, y ensangrentadas, en el crimen de Cuba. Hoy se extiende a través del petróleo y el dinero venezolano del que detenta el poder en Miraflores, y lanza su salvavidas a un régimen de 42 años en Libia.

¿De qué utilidad le servirán las 268 firmas ilustres del mundo de izquierda que hoy ampara el crimen?

Muy posible que de casi nada. Después de todo, son los mismos que han firmado todas y cada una de las mentiras que los gobernantes de Venezuela y Cuba han estado dispersando en el mundo de esta “intelectualidad” decadente.

La izquierda no solo ha perdido todo el prestigio que alguna vez pudo haber tenido, ha perdido también las raices ideológicas que supuestamente debían ser el centro de su proyeccion social y su discurso filosófico.

Hoy apoyan a un tirano en contra de todo su pueblo. Mañana apoyarán cualquier crimen contra la humanidad toda. Ya no tienen voz, ni ideologia, ni raices sociales. En la propia red tendida de su inhumanidad están cayendo, uno a uno, los supuestos baluartes de los que alguna vez dijeron defender a los pueblos.

Hoy sólo defienden a Gaddafi… los pueblos ya han huido largamente de sus corazones.

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