Wednesday, March 2, 2011

Nido de Pájaros

Havana 149

No es la casa de alguno de los hijos de Fidel Castro. Tampoco de ninguno de los miembros de Buró Político del partido único en Cuba. De la alta jerarquia del ejército ninguno vive en la calle Neptuno, casi esquina Amistad, mucho menos en algo que se asemeja mucho más a un nido de pájaros en la azotea del edificio que a la casa de una familia cubana.

Una silla blanca plástica, de esas tan comunes en los patios elegantes de los intocables de Cuba para saborear una buena cerveza, y la inevitable antena para alcanzar una televisión que sólo transmite los programas aprobados por la censura del gobierno, son las unicas señales que nos indican de que en ese casucho, en el mismo centro de La Habana, una familia cubana sobrevive una mala vida.

¿Donde trabajaran sus modestos habitantes? ¿Qué autobus alcanzaran a coger cada dia para ir rumbo a un trabajo que no les produce lo suficiente como para asegurarse un hogar decente, cómodo?

¿Cuantos niños vivirán bajo ese techo?

Un antiguo amigo me dijo una vez una frase lapidaria para nombrar la capital de Cuba, esa que pintan los periódicos y sitios cubanos oficiales en internet como un paraiso. Mi amigo la llamaba cotidianamente: San Lázaro. Refiéndose claramente a la cantidad de viviendas apuntaladas en la capital cubana. Era su irónica manera de referirse a las muletas del santo venerado patrón de todos los enfermos en Cuba.

Pues, sí, también La Habana esta enferma y necesita del milagroso santo. Más del 75% de las viviendas están en malas condiciones o se consideran inhabitables, y el estado socialista tiene materiales para construir hoteles para turistas, pero “carece” del dinero para venderles a sus ciudadanos el cemento que necesitan para reparar sus casas. O para que los que viven en este “nido de pajaros” puedan tener un hogar confortable.

Sin embargo, en el periodico oficial de ese partido único, GRANMA, diariamente el cubano puede leer como se construye alguna obra en cualquier resorte turístico de su largo archipiélago. Lo que no oye es cuando esas construcciones llegaran a su maltratada capital y no se desviara tampoco para las casa de los que eligen el Comite Central del Partido.

Esos, de seguro, no viven en casas como las de la foto. Ni tienen que coger algún autobus para llegar al trabajo que no les da para vivir. Y los productos que ya desaparecen de la libreta de racionamiento, hace mucho tiempo dejaron de serles necesarios a ellos mismos. No los necesitan, tienen suficiente como para elegir muchas veces más a los actuales gobernantes de Cuba. Gracias a ellos no viven como los que habitan en esta vivienda.

Mi Habana se desvanece apuntalada. Parches cosméticos rodean las estructuras turisticas alrededor del Parque Central, donde una austera y amenazadora estatua del Apóstol señala con su dedo al Oriente. Quizás como recordando que por alla comenzo la rebelión por la libertad de Cuba.

Hoy La Habana se cae, y miles de sus ciudadanos viven en pequeñas casitas clavadas en edificios que la humedad, el tiempo y la indiferencia de su gobierno ladino han hecho del cubano un ser apático a vivir en Cuba.

Todos se marchan. Todos huyen. No pueden seguir viviendo en nidos de pajaros…

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