Friday, March 18, 2011

La otra cara de Alicia

Alicia Alonso, Cuba's prima ballerina assoluta and director of the Cuban National Ballet, attends an event asking for the release of five Cuban agents arrested by the United States 12 years ago, September 21, 2010. The so-called "Cuban Five" are celebrated by many in Cuba as national heroes who were spying on armed exile groups in Miami to prevent attacks on their country and were believed to be victims of Washington's campaign against the island. REUTERS/Enrique De La Osa (CUBA - Tags: POLITICS SOCIETY)Lo esencial es invisible a los ojos” escribio Saint-Exupery en “El principito” hace más de 50 años atrás.

Por un motivo oculto esa frase me recuerda un nombre conocido, unos ojos tristes y una historia que me golpeó dias atrás al leer un email de una amistad en Cuba.

Mi amigo tiene una hija que adora el ballet y ha estado en la escuela de ballet para niñas que existe en La Habana. Desde que la conozco el sueño de su hija ha sido entrar en la Escuela Superior de Ballet que Alicia Alonso mantiene en la capital de Cuba. Es un sueño que loa ha mantenido como la mejor figura entre las niñas de la escuela, por mucho tiempo.

Tiene la figura de aquellas fotos de Alicia que los que la conocen recuerdan: desgarbada, delgada y estilizada. Una figura moldeada al entrenamiento diario, la voluntad férrea de mover estilizadamente el cuerpo y acomodar pies y manos como veletas al viento.

¡Cuanto debe amar una niña al ballet para sacrificar juegos, tiempo de compartir con amigas y juguetes y dedicar horas de descanso y solaz a la rutinaria dolorosa mecánica de la danza clásica!

¿Cuanto sacrificios el de los padres por llevarla diariamente a ella a la escuela, y recogerla, en un país como Cuba donde un transporte no lo tiene cualquier padre?

Hablar de ballet a esta niña era abrirle los ojos al mundo. Veias desde lo profundo de sus ojos negros, enormes, la futura ballerina bailando su pirueta al brillo de su mirada. Era la imagen que todos tenemos de Alicia de niña. Así de simple.

A la hija de mi amigo, a esa niña que veía al mundo a través de la danza, le han cerrado las puertas de la escuela de ballet de Alicia Alonso. No porque haya hecho nada malo, ni se haya equivocado a la hora de la prueba de admisión, tampoco porque no haya sido de las mejores en hacerlo. Ella es una niña buena, tranquila, callada, y era feliz con la ilusión de ir a bailar en el ballet de de Cuba.

Entre ella y su sueño se interpuso el nombre de otra niña, la hija de un funcionario cualquiera que habló con Alicia, y la dueña del ballet cubano dictó sentencia para la primera hija de nadie que encontraran los maitres cubanos entre las posibles candidatas a la escuela: y el nombre fue el de la hija de mi amigo.

Es una historia triste. Porque esa otra niña, que no tiene otra culpa que ser la hija de un burócrata von conexiones al poder en Cuba, tronchó los sueños de una cubanita con más talento y tesón y con ninguna otra culpa que ser hija de un “don nadie” ante los ojos de Alicia.

¿Qué hubiera pasado si a Alicia Alonso no le hubieran dado la oportunidad de reemplazar a Alicia Markova en el papel de Giselle en 1943, y se lo hubieran otorgado a alguna hija adoptiva del Ballet Theater?

Esa pregunta viene a mis pensamientos cada vez que leo las amargas líneas que mi amigo desde Cuba me envia en su largo recuento de la historia de su hija. Reclamos, intentos de que se revise el fallo y las notas otorgadas. Nada ha funcionado. Calladamente, casi en un susurro le dijeron que no insistiera más, que era una decisión de “mas arriba”. Se comprende, el padre de la otra niña.

La hija de mi amigo ha perdido la ilusión. Hoy sus buenas notas ya no existen en la escuela. Casi ni habla, y los ojos negros se han hundido en una mirada perdida. Sigue sin jugar ni hablar con sus amigas. No quiere salir de casa. Mi amigo busca desesperadamente una solución, cualquiera sea, para irse de Cuba y poder darle a su hija la oportunidad que le negaron en la escuela de ballet de Alicia.

Dispone de poco tiempo porque la niña se acerca a los 12 años, una edad en la que peligrossamente pueden cerrarle definitivamente las puertas en cualquier lugar del mundo. Intentó buscar ayuda en otra escuela de ballet en Camaguey, pero hasta allá el veto de la Alonso viajó en labios mezquinos. Alguien dijo, comentó, transmitió un susurro de veto.

Esa voz de censura viajó recientemente a Canadá, acompañando la visita anual de la compañia de la Alonso, en la misma visita donde 5 bailarines se negaron a regresar a Cuba.

Mientras, en La Habana Alicia Alonso sigue dirigiendo los hilos invisibles de la escuela cubana de ballet. Es aún la sacerdotiza del templo de la danza. Una dictadora estética dentro de un país de tiranos, cortando los dulces sueños infantiles de algunas niñas.

(Nota: Omito con todo propósito los nombres implicados. Mi amigo y su familia aún están en Cuba, quizás algún día pueda revelarlos. Quizás pronto…)

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