Saturday, March 12, 2011

La jaula cubana de internet

Castro's internet

Se enjuicia a los demás con la perspectiva personal del que enjuicia.

Para los carceleros, el mundo es una cárcel y los ciudadanos sus prisioneros y víctimas. Para el dictador el sistema social es una dictadura, el mundo un totalitarismo ordenado y la sociedad una jaula humana de nombres.

Es así de simple. Y por eso vemos como esos regímenes totalitarios coinciden en acusaciones, visiones parcializadas y manipuladas de la realidad, y ceguera intencionada de los fenómenos que rigen la vida social del mundo libre. Juzgan a los demás de la misma forma que piensan ellos de sí mismos.

La tecnología, entonces, no escapa a esa mirada cerrada. Para la izquierda dictatorial, que es casi una redundancia apellidarla,, las democracias funcionan movidas desde las oficinas secretas de Washington. Así las redes sociales, internet y la tecnmología son cómplices del gobierno americano. Y los hombres y mujeres que pasean sus opiniones por el mundo informático son “agentes del imperio”, enclaustrados en refrigeradas oficinas en el sur de la Florida.

Este es la pintura glacial que el recién destapado “agente” Carlos Serpa nos lanza desde Cuba via Twitter. A resultas, los que tuiteamos sobre Cuba en esa hashtag estamos todos en Miami o en la SINA (Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana).

Se entiende, para el castrismo no existen los ciudadanos, sino las marionetas que repiten las voces que les dictan. Es su diario quehacer. Así los vemos en Twitter las 24 horas del día. Si ellos repiten, según sus propia filosofia, el ciudadano libre repite, las redes repiten, la tecnología repite, el mundo es una cápsula en las manos del presidente americano de turno.

Pobre simples marionetas: no ven mas allá de sí mismos. Como duplican personalidades para llenar la hashtag Cuba de mentiras, manipulaciones y blasfemias, los que vivimos en Canada, Chile, Australia o España tenemos solo dos opciones: o viajamos diariamente a “nuestras” oficinas en la Florida o estamos anclados allá duplicando cuentas y personas.

Para ellos, la globalizacion es un término inexistente porque su mundo es la finquita personal del tirano local que los guia. Plutarco, el historiador y ensayista griego, dijo alguna vez: “Los traidores, ante todo, se traicionan a sí mismos”.

Si el señor Serpa ha tuiteado algo de ese espécimen de mensaje responde a la misma coherencia de traidor que tiene. Responde a la misma filosofia castrense que domina La Habana desde hace 53 años. Nada mas, no hay que asombrarse.

Internet en Cuba, a pesar de ese cable que une umbilicalmente La Habana y Venezuela, no llegó a esa isla para abrir puertas y ventanas virtuales al ciudadano común. Llegó a las oficinas de los que censuran, crean una red interna virtual, aislando artificialmente del mundo crítico a Cuba.

De ese modo, la internet descansa apaciblemente en Cuba en una pequeña jaulita de imágenes edulcoradas y filtradas, sólo accesibles desde oficinas autorizadas por una legislación y un organismo castrense, con reglas rígidas de instalación, supervisión y chequeo. La tecnologia digital llegó a La Habana no para dar libertad, sino para controlar el acceso a la libertad. Nada más.

Y de la misma forma que Cuba sólo emite una señal oficial de televisión, radio y prensa, la internet castrista es un hilo muy fino de control, monitoreado desde cómodas oficinas refrigeradas. Y esto no es un mito, es la realidad diaria cubana. Por eso ellos enjuician del mismo modo al mundo libre.

Los que, como Serpa y otros, tuitean y se pasean en las redes oficiales lanzando el mensaje oficial de Cuba lo hacen desde las fronteras de esa jaula hacia fuera. Dentro, ni Twitter ni Facebook se cuelan. La isla es el paraiso de la “impureza” noticiosa.

El pajarito informático, que se pasea libre por el mundo, está encarcelado en La Habana. Y le tienen miedo, un terror informático que aletea en cada blasfemia de 140 caracteres que se lanza desde el mundo oficioso habanero.

Lo curioso detrás de todo esta informática caceria es la doblevida de estos agentes tuiteros castrenses cubanos. Lanzan consignas detenidas en un tiempo olvidado ya por la historia contemporánea, pero por detrás colectan moneditas para su personal subsistencia. La realidad siempre paga con su moneda al hipócrita.

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