Saturday, March 5, 2011

La hija del mercenario

LEBANON/

Hay un proverbio cubano que reza: hijo de gato caza ratón. Es la mejor frase que pueda acuñarsele a Aleyda Guevara.

La historia del mercenario argentino Ernesto Che Guevara es singular y el fiel reflejo de los vaivenes curiles de un régimen autoritario centrado en la figura sacra de un hombre: Fidel Castro.

Ya en la Sierra Maestra este argentino se las ingenió para instalar, muy bien engrasado, un pelotón de fusilamiento.

Era casi su destino, entonces, que la primera orden que recibiera de Castro, aquel último dia de Diciembre del año 59 en Santa Clara, fuera que entrara en La Habana y fuera directo para La Cabaña. Cumplia así dos importantes misiones: enterraba su nombre fastidioso ya para el líder “indiscutible” en aquella prision militar, levantada desde los tiempos de España, y comenzaba a engrasar la maquinaria de fusilamiento de la cual era un muy buen especialista.

El nombre de este individuo se habia hecho muy grande y alcanzaba demasiada estatura al lado de Castro, habia que apartarlo, convertirlo en alguna sombra. Y así empezó su ronda por cada uno de los ministerios de aquellos primeros años.

Aparecio entonces un tal Ministerio de Industrias y allá lo lanzó el comandante, aunque el supuesto medico no sabia nada de industrias, y si mucho de gatillo alegre.

Después paso un tiempito por el Banco Nacional, firmando esos billetitos que aún circulan con su firma. De ahi el líder supremo lo mandó a dar alguna vueltecita por los paises socialistas. Hasta que el gatillo alegre se cansó y se fue de rumba por el Congo, para rapidamente recular alicaido a La habana a través de aquella cueva de la Gestapo cubana que era la Checoslovaquia de los 60.

El ultimo rincón que acogio su sombra fue Bolivia, donde un día fue capturado y fusilado como él mismo habia hecho años antes en La Cabaña. La vida da sus propias vueltas, casi en un ciclo. La diferencia fue que los que el señor Guevara fusiló en aquellos muros españoles no suplicaron cobardemente por la vida que les arracaba este mercenario, y el murio suplicando por la suya. La misma historia de todos los cobardes.

Esta es la historia que Aleida Guevara, la hija de este mercenario, debiera contar en todas sus travesias turísticas alrededor del mundo. Pero no, la historia es distinta tiene otro color en nombre de ella.

A la hija de ese argentino le han dado la mision sagrada de dedicar su vida a ir reonstruyendo la leyenda de su padre, ahora que es una muy lucrativa actividad comercial. Da charlas, se entrevista con la prensa, firma posters con la foto tomada por Korda. Por cierto, ¿le pagará algo de lo que gana a la viuda del famoso fotógrafo por su comercial labor?

Esta señora viaja regularmente con los gastos pagos por el gobierno cubano, que es decir, con el dinero que el gobierno de Castro deja de pagarle a sus colegas médicos, los profesionales todos, y el pueblo de Cuba en general.

Recorre Moscú, Bélgica y España para mantener viva la estampa mítica de ese Che. Un Che que ya sabemos esta muy bien decodificado por el régimen cubano. Es un negocio importante en las arcas del estado cubano que alienta a las izquierdas ilusas, que muchos conocemos, a viajar a Santa Clara para ver la mole horrenda eregida sobre los huesos dudosos de una banda de mercenarios.

La Habana ha hecho de la figura de este hombre seco, de árido o escaso sentido del humor e intransigencia criminal un mito. Y Aleida se ha convertido en la sacerdotiza principal de este negocio, que no es ni familiar, ni cubano y que solo cae en las arcas de Castro

La señora Aleida Guevara no se acuerda, ni ella dice, que su señor padre desde la sierra ya fusilaba cubanos miembros de su propia guerrilla. No dejen de olvidar que este tipo era argentino.

Algunos hasta mistifican la presencia de algún juicio preliminar, pero conociendo los procedimientos que el argentino presidió en la fortaleza de La Cabaña, desde los primeros dias de esa comedia barroca llamada revolución cubana, poca credibilidad tiene esas leyendas.

Tampoco menciona la señora Guevara, ni por asombro, el entierro burocrático de su padre en manos de Fidel Castro en todos aquellos asuntos ministeriales de los cuales no conocia nada. En su lugar, un muy incisivo Carlos Franqui lo ha descrito con medular presicion en su libro sobre el ególatra dictador cubano.

Pero como bien dice otro dicho cubano: muerto el perro desaparece la rabia. Y muerto el Che la astuta maquinaria de propaganda Castro re-descubrió que el “mito Che” tenía muy buen ranking de marketing. La fuente más jugosa de atrapar ingenuos, izquierdistas frustrados y cualquier intelectual perdido en los paises del mundo libre.

Para eso ni tuvo escrupulos en procurarse, por cualquiera de los medios imaginables (ellos son muy buenos en eso), las cercenadas manos del mercenario argentino. Pero el botín era demasiado macabro y no fructificó. Tuvieron que esperar un poquito mas en la historia.

Así, se agencio de la figura regordeta y vulgar de esta mujer, estampada con el apellido del que es un mito en la izquierda mundial y la lanzó a su rol estrella: ser la vocera de todas y cada unas de las doctrinas y principios que el sistema quiere vender en cada rincón del planeta.

¿Qué esperar de la hija de un mencenario?

A Aleida Guevara le gustó el tratamiento de superstar revolucionaria se le asignaba. Viajaba gratis, conocia lugares que de otra forma nunca hubiera conocido, degustaba platos que ningún cubano de la isla pudiera imaginarse. Su figura demuestra lo bien que ha desempeñado su estrellato. No tenia que hacer ningun esfuerzo, es la tipica estampa de su padre: una perfecta mercenaria.

Hasta lograba engolar y distorcionar la voz para darle aquel acento argentino que su padre tenia, pero que ella nunca conoció. Que una niña de tan pocos años no puede recordar la voz del padre eso lo conoce todo el mundo, pero me imagino haya tenido buenos maestros fonéticos para lograrla entrenar a la perfección. Por ahí la pueden ver. Dando una pequeña tertulia sobre las enormes ventajas del sistema cubano en cualquier cosa.

Hasta en algun oscuro sitio en internet, con asombro, mencionansu nombre junto a la de ser una defensora de los derechos humanos… ¿en un pais como Cuba? ¿Qué ha hecho la señora Guevara para preocuparse por los presos que encierra el que le paga los viajes?

¿Cuando en su vida esta hija de mercenario se ha preocupado de darse una vuelta por uno de esos barrios marginales que pudren la capital de su pais?

¿Donde estaba esta médico cuando los muertos del Hospital Psiquiatrico de La Habana? ¿Acaso exigió la renuncia y la presentación en corte del entonces Ministro de Salud? ¿Cuales son los avales de esta mujer defensora de derechos humanos en Cuba?

La señora Guevara no tiene que ir muy lejos del lugar que mucho frecuenta, el Consejo de Estado. Unos pocos metros mas allá está “La Timba”, que muy bien se divisa desde las ventanas laterales de ese Palacio donde Castro ha gobernado por más de 50 años.

A juzgar por su figura, tampoco Aleida Guevara ha pasado mucha hambre, por lo que no se le puede pedir que haya intercedido por Orlando Zapata Tamayo en su huelga de hambre. Ya se sabe, los mercenarios no estan interesados en ideas sino en la buena paga.

Hoy día, esta persona, que agrega a su curriculum el ser la “directora” de algún documental sobre la “revolución” bolivariana de Chavez, se pasea por las plazas libres del mundo democrático, utiliza las tribunas de las sociedades donde sus gobernantes tienen que rendir tributo a su pueblo, para hablar de un hombre que llevo una tirania a Cuba en nombre de una ideologia extraña, siendo él mismo un extraño en ese país.

Y así hoy, con una figura de clown, sin mucho maquillaje ni mucho disfraz, la veremos subir en una de esas carrozas que alguna escuela de samba brasileña le ha dado la locura de vestirse del color de los que fusilan en Cuba, el verde, montar en un tanque a la gorda hija de un mercenario (¿qué mejor escenografia para su propia figura?, me pregunto yo) y quizás lanzar uno de esos estribillos que el gobierno de Castro le enseña a todos los niños de Cuba, cuya inocencia les hace desconocer por quién es el que juran: “Pioneros por el comunismo, seremos como el che”.

No me equivoque, lo puse en minúsculas, y así se queda, es como siempre debio estar. Pero que es como decir: Pioneros por la Dictadura, Seremos como el Mercenario!!!!

De todas formas, démosle la mínima decencia de ponderar al padre como se merece, así sobre la carroza de una escuela de samba brasileña en forma de tanque. Todos los hijos tienen el derecho de encontrar algo bueno hasta en el mas vil asesino.

Sin embargo, seria recomendable que alguna vez esta mujer, que dice ser médico y haber profesado los principios de Epicuro en algunos lugares como Haití (¿por qué no en el Hospital Psiquiatrico de LA Habana?), buscara en ese archivo que debe existir, y existe,  en Cuba de todas las ejecuciones que firmó su señor padre el Che Guevara y acabara de reconocer su culpa, su propia culpa.

Mercenario no es sólo el que empuña un arma y mata en nombre de una ideología extraña y asesina para esclavisar a un pueblo, sino tambien aquel que sirve de payaso para regar una leyenda ensangrentada con labios  mentirosos.

La vida tiene sus ciclos. Todo vuelve al que lanza la piedra. Hoy Aleida Guevara camina las calles libres de cualquier pais dispersando la mentira de su mercenario padre. Nada de eso pueden hacer sus compatriotas cubanos. A ellos nadie les paga sus viajecitos al mundo. Pero eso a esta defensora de los derechos humanos no les interesa.

Hay una bien conocida frase de Maquiavelo que retrata con exactitud fotográfica la doctrina de esta obesa señora. Dice Maquiavelo sobre Aleida Guevara:

“Viene observando los hechos y dando color a sus embustes.”

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