Tuesday, March 8, 2011

¿Exiliados o Emigrados?

Exiliados o Emigrados

Hace unos pocos dias cinco bailarines cubanos decidieron quedarse en Canadá y no regresar a Cuba. Es un hecho ya usualmente cotidiano cada año en el nórdico país, cada vez que la compañia que aún dirige Alicia Alonso realiza su recorrido anual por esos lares.

En esta ocasión entre los que decidieron, ¿exiliar? ¿emigrar? ¿quedar? se encuentra una de las mas jóvenes estrellas de la formación cubana: Elier Bourzac.

Es precisamente ahí, en la respuesta que a esa controvertida pregunta el joven bailarín ofrecio al conocido rotativo canadiense, The Montreal Gazette, que las dudas, simpatias y cuestionamientos comienzan a describir un giro no muy afortunado en mis pensamientos.

Nos dice Bourzac que sus razones son “artísticas” y no políticas, y añade:

“En Cuba, que es exclusivamente danza clásica, llegué hasta donde quería en ballet clásico, y me gustaría seguir en ballet. Pero me gustaría explorar el baile contemporáneo y trabajar con coreógrafos internacionales.”

La primera pregunta que me asalta es: ¿conoce el joven Bourzac que para aplicar como refugiado en las oficinas del gobierno de Canadá debe ofrecer, mas alla de esas razones “artísticas”, razones políticas que indiquen que su retorno podria causar alguna forma de persecución?

Las autoridades de emigración de Canadá tienen que esclarecer que sus planteamientos para solicitar asilo no constituyen un abuso en el proceso de obtención del estatus de refugiado, es decir, que no es un “bogus refugee”.

Evidentemente, el joven bailarín tiene espanto de usar el término “político” para dejar la puerta abierta a un futuro viaje a su país natal, el de todos nosotros, Cuba. Es el caso de muchos cubanos que, siguiendo la retórica castrista muy socorrida en medios de prensa y la televisión del régimen, hablan de emigración económica. Ahora Bourzac agrega un ligero matiz de originalidad, lo llama “artístico”.

No lo condeno. Sé por qué cursos su vida y sus pensamientos corren en estos días. Lo hemos pasado todos, las últimas generaciones de cubanos hemos tenido que enfrentar el doloroso proceso que el talentoso bailarín está atravesando en estos momentos.

Es muy posible que allá queden sus padres, hermanos, familia y amigos que algún día quisiera volver a ver. Es humanamente entendible, pero es totalmente erróneo en el nivel político y en la realidad concreta de los cubanos.

¡Qué tragedia la nuestra!. Los cubanos estamos no solo marginados del proceso político, que se nos cuela en cada aspecto de la vida cotidiana empozoñándonos las relaciones mas íntimas, sino que hasta alejados de nuestro entorno natural estamos atrapados en la telaraña perversa del régimen de Castro.

En la vida cotidiana de nuestros nuevos paises tenemos que mantener la boca bien cerrada si queremos pisar suelo patrio para visitar algún familiar enfermo, nuestra madre que quedó al otro lado, algún amigo, o sencillamente respirar el aire de nuestra patria toda alguna vez más.

Cualquier palabra, declaración pública o mínimo gesto de independencia, civismo e irreverencia al régimen nos cierra las puertas de entrada a nuestra Cuba. Esa es la forma que el gobierno cubano viola cotidianamente nuestros derechos ciudadanos. A todos, a todos y cada uno de nosostros nos lo viola desde el mismo momento que nos condena al silencio, a tener que callar para mantener la puerta de entrada abierta.

Y entonces leemos diariamente, en la misma prensa castrista, las categorizaciones selectivas de nuestros nombres: exiliados o emigrantes, y estos últimos siempre con el socorrido apellido de “económico”.

Decia Marx, y aqui me remito al muy supuesto propio ideólogo de ese sistema monárquico en Cuba, que un hombre no puede hacer política si no tiene un techo donde poder cobijarse de la lluvia, comida para poder alimentarse y vivir, y un trabajo decoroso para poder formar y levantar una familia. ¿Lo tenemos en Cuba?

La respuesta todos la conocemos. Por eso emigramos del país, y esta vez es sin apellido. Porque emigrar, salir a construir un nueva vida donde tengamos donde dormir, comer y tener un trabajo para fundar una familia tiene un componente político inseparable.

Desde el mismo momento que cruzamos la puerta de salida en los aeropuertos cubanos estamos sometidos al control del silencio con respecto a la realidad de Cuba. Y eso es política y persecución, nos guste o no. Desde ese mismo instante cruzamos la barrera de la simple emigración, que un mexicano puede tener, o un suizo o un polaco hoy día tiene, y nos convertimos en exiliados.

La realidad es que quien nos borra y cambia de categoria no es nuestro deseo, ni nuestra voluntad, es la relación ideologizada que el gobierno de La Habana mantiene con sus ciudadanos residentes en el mundo libre.

Si no fuera así, si esta lógica castrista perversa no funcionara de esa manera, tuvieramos el mismo derecho que los ciudadanos latinos tienen hoy en Estados Unidos de votar por el candidato de su preferencia en su país de origen. O sencillamente tomar un avión y desembarcar en uno de los aeropuertos de sus paises respectivos, sin ninguna estampa en su pasaporte.

Nosotros, desgracia mediante una vez más, tenemos que obtener el certificado de conducta intachable con el régimen para poder entrar a Cuba. Entonces, Elier Bourzac, ¿son “artísticas” solamente las razones de su estancia en Canada?

Seria sí en un mundo donde la ideologia no se inmiscuyera con nuestro derecho a vivir en el lugar que desearamos. Desafortunadamente en Cuba o se vive dentro o se deja de ser ya miembro de ese país. Es así tan simple la logicidad de las autoridades cubanas.

Porque, a pesar de que Martí nos dijo que “La Patria es de Todos”, tenemos en la silla presidencial a una persona que usurpó las palabras del Apóstol a título personal y les cambio caprichosamente su significado.

Mientras muchos repitamos de la misma manera que no somos exiliados, seguiremos dejándole al señor Castro la puerta abierta para que nos siga negándonos el derecho inalienable que todos tenemos de acceso a nuestro país, a nuestra Patria, a Cuba. Sin exclusiones.

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