Tuesday, March 1, 2011

Alaridos

Poster - Alaridos - Big Bad Wolf

Es fascinante la similitud en las ideologias de los regímenes totalitarios. Es fascinante también su frecuencia y recurrencia en la historia de la humanidad.

Mirando las imágenes que los medios de prensa han publicado de los mítines de repudio a las Damas de Blanco en Cuba, me sobrecoge el paralelismo ideológico y las coincidencias “accidentales” de sus principales ideólogos.

Asombroso resulta, por ejemplo, comprobar las “coincidencias” casi hasta en el mas mínimo detalle de las palabras del Adolfo Hitler de “Mi Lucha”, y el Fidel Castro de “La historia me absolverá”.

De repente, como saltando de las líneas aparece una frase que resuena familiar a mis oidos. Dice Hitler:

“Los jueces de este estado pueden condenarnos tranquilamente por nuestras acciones; mas la historia… romperá un día sonriente esta sentencia, para absolvernos de culpa.”

Una dácada mas tarde y un poco más, un oscuro abogado diría en las cortes santiagueras de Cuba, casi con las mismas palabras:

“Condenadme, no importa, la historia me absolverá.”

Aún cuando es dudoso que la historia pueda absolver a un hombre después de haber sumido su pais en 50 años de represión y falta de libertades civiles elementales. Causa asombro recorrer el libro del que fuera canciller de la Alemania Fascista y descubrir el recuento, orweliano y paradigmático, de lo que es Cuba hoy.

Las letras y escrituras de Hitler saltan a las instituciones cubanas, los sindicatos oficialistas y su esclavitud hacia el oficialismo comunista, las relaciones de la oficialidad gubernamental y la intelectualidad nacional, los cuerpos represivos, las instituciones básicas de la sociedad, la misma sociedad en su conjunto salen de ese libro escrito unas cuantas décadas antes queel caudillo caribeño entrara en La Habana.

Mucho mas perturbador, sin embargo, es descubrir como aquel estado totalitario alemán, en sus últimos momentos, degeneró en el mas cruel y bestial infierno que alguna sociedad humana haya tenido, hasta alcanzar los límites más profundos de la depravación, el crimen, el exterminio, todo el genocidio de una raza humana: los campos de exterminios masivos.

La recurrencia de los mítinesde repudio en Cuba es el eco modernizante del estado totalitario cubano de la tropa de combate de Hitler en los años previos a la toma del poder fascista.

Adivinamos, intuimos esa esencia básica, bestial, que todo ser humano comparte con los animales, en los alaridos y gritos de los que acosaban a las Damas de Blanco dias atrás en La Habana. Esos gritos le hacían eco a los cánticos germánicos de las SS de Hitler en su carrera hacia la ascención a la cancilleria de Alemania.

En el alarido de las bestias, y de los animales salvajes, no hay nada que descubra la inteligencia, y sí mucho del instinto básico de la supervivencia como raza animal.

Gritan, aullan, lanzan sus alaridos los depredadores para crear el estado de pánico que necesitan para atrapar a sus presas. Sus gritos apelan al miedo instintivo, básico, que todos los animales tienen, y entre ellos también el hombre.

No hay nada espontáneo en esos mítines donde los gritos y aullidos de esa tropa de soldaditos de plomo, muy bien coreografiada y ensayada, lanzan contra los opositores en Cuba.

Los ves llegar en autobuses, bajarse y recibir en algún punto cercano las órdenes. Minutos antes le indican nombres y direcciones, sólo minutos antes. Después de todo, los depredadores tienen la astucia instintiva que les hace desconfiar de la propia manada que alimentan.

Y allá los lanzan. Chequeando de cuando en cuando el “normal” comportamiento de la tropa de alaridos. Puedes intuir aqui, alli, al oficial con su equipo de comunicación que no cuida mucho en disimular. Señalando un rostro, indicando alguna presa, dando las órdenes a la manada.

Ningún rostro conocido. Ningún vecino, ninguna cara identificable. En el tumulto de alaridos las personas son todas desconocidas, no pertenecen al entorno natural a los que asaltan. Los que conviven con las víctimas de estos actos bochornosos sienten el horror, y hasta el miedo, de mezclarse en este asalto de bestias.

Saben muy bien, casi lo intuyen, que las presas, esas víctimas inermes de la manada de lobos, muy bien mañana podrán ser sus jueces, y que la frontera entre el victimario hoy y la víctima manana es una línea muy tenue, que algún dedo decididor puede borrar en cualquier momento.

En los regímenes totalitarios sólo hay victimarios y víctimas. Vigilantes y vigilados. Secuestradores y secuestrados. Y muy facilmente victimarios, vigilantes y secuestradores pueden convertirse, con el golpe de algún artero dedo, en víctimas, vigilados y secuestrados.

Para ello sólo basta incurrir en un error ante el jefe de la manada, que casi siempre olvida todo favor pasado  y no tiene nunca una buena memoria para las buenas acciones.

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