Thursday, February 24, 2011

Martí disidente

Estatua de Jose Marti en la Plaza Civica de La Habana

Las autoridades ideológicas cubanas, esas que demonizan nombres, blasfeman epítetos y catalogan civismos ciudadanos, nos han querido levantar una estatua de mármol en el lugar donde hubo un hombre íntegro, ciudadano cabal a sus palabras e ideas, cubano singular, honrado político, delicado poeta. Un ciudadano del mundo moderno.

Si Martí viviera entre las generaciones de cubanos conformaria ese grupo de hombres que el régimen cataloga de mercenarios, agentes de la CIA y apátridas. Y no restringiría su obra movilizadora a escritos bloggers en páginas de internet. Se lanzaria a la calle, movilizaria al cubano, pondria su verbo encendido al servicio de la patria que adormece, en una oscura noche de represión y silencio.

Tengo la humilde, pero profunda convicción de que nuestro Martí seria disidente.

Habría cumplido largos años de condena en la cárcel, rechazaria el exilio y emprenderia una huelga de hambre como lo hizo Zapata. Para él no habria hombre pequeño en la lucha, y la Patria no seria pedestal sino ara. Hablaria por la libertad de pensamiento del mas oscuro ciudadano de la isla, en cualquier punto de la geografía cubana. Respetaria la opinión ajena aunque no compartiera el pensamiento. Seria un opositor de corazón y de alma.

El hombre que se mantuvo firme frente a militares de la talla de Maceo y Gómez por defender la república civil, alejada de los símbolos guerreros de los militares insignes del 68, desde mucho tiempo hubiera condenado como tirania militar el régimen de los Castro.

El cubano ilustre que preferia cultivar una rosa blanca para el cruel que le arracaba el corazón conque vivía, hoy hubiera condenado los largos años de los militares que no se han sometido al escrutinio civil en Cuba, en auténticas elecciones libres.

Martí seria disidente porque para él la “Patria era de Todos” y lo sigue siendo, aún a pesar de todos los pesares. Hubiera rechazado una ideologia extraña de la cual el cubano nunca ha sido el corazón de su sistema. Hubiera calificado a la “dictadura del proletariado” como toda dictadura es: tiranía, sin apellidos. Las dictaduras no tienen otro nombre mas allá de la coerción implacable a la razón popular, ciudadana

Ya lo habia hecho cuando murió Marx y condenó las ideas de lanzar el hombre contra el propio hombre, en razón de su clase. La república martiana seria una república sin apellidos. La constitución del Apóstol no tendría apelativos socialistas, calificativos discriminatorios, ni hubiera clasificado hombres en categorias sexuales, políticas y religiosas. Seria una república “con todos y para el bien de todos”.

Sus palabras a los intelectuales serian las de cultivar la honradez y honestidad, combatir la simulación y el oportunismo, y escribir para Cuba, cada dia siendo mas cubanos. Sin separaciones de filosofias ni credos, un arte universal levantado sobre las raíces autoctonas de la cubania. Ni realismos mágicos americanos, ni realismos socialistas europeos, realismos cubanos levantados a categorias universales.

Martí seria disidente y convocaria la carta magna de los derechos humanos como atributo esencial de la cubana. Nos recordaria que la vida humana es sagrada y todo disentimiento es imprescindible para construir la república de todos.

Hubiera mirado los errores nuestros en vez de estar acusando de cada mal algún lugar en el planeta. No se hubiera erigido un pedestal, no se hubiera levantado por encima de todo el pueblo en su conjunto. Seria el ciudadano presidente, quizás. Nunca el líder supremo, el comandante en jefe, el presidente vitalicio.

Hubiera perdonado insultos, acusaciones y credos diferentes al suyo. Dialogaria en vez de tronar por los periodicos oficiales. Defenderia la independencia de la prensa y la justicia como balance del poder soberano del gobierno. Pediria un ciudadano administrador de los bienes públicos, en lugar del autócrata que sólo reconoce una voz y acusa a cualquier otro de todos los errores personales.

Nuestro Martí seria disidente. Condenaria las leyes que encarcelan al ciudadano cubano a una ideologia, a un permiso vitalicio de viajar, al derecho esencial de entrar y salir al territorio cubano sin discriminaciones políticas. Cuba estaria insertada en el mundo, y el mundo estaria insertado en Cuba.

Dialogaria con amigos y enemigos. Compartiria voluntades comunes, pero no anexaria la soberania cubana a bloques estratégicos e ideologicos. No invadiría naciones en nombre de la libertad y la solidaridad. En su lugar ayudaria a la libertad ajena de los patriotas de otras nacionalidades ofreciéndole su mano protectora a los perseguidos. No encadenaria economicamente un gobierno a ninguna potencia extranjera.

Hoy Martí en Cuba seria disidente, y quien sabe cuantas amargas agresiones su pequeña estatura física hubiera tenido que soportar. Quizás huniera sido de esos que fusiló en La Cabaña el argentino guerrillero para hacerse ilustre, o estaria largos años en carcel para ser lanzado al exilio como le sucedió durante la colonización de Espana. Quien sabe !!!

La única verdad es que el Apóstol no hubiera estado entre la nomenclatura cubana en el gobierno. Y a pesar de que esos sargentos políticos que han masacrado Cuba por más de 50 años nos han querido poner su figura levantada en mármol y piedra, y cambiar su nombre por algún otro apelativo que no fuera de el Apóstol, todos los cubanos tenemos la más profunda convicción que Martí seria aquel hombre que leímos en el pequeño librito de Jorge Mañach, “Martí el Apóstol”.

Un hombre de verbo ardiente, apasionado y apasionante, enamorado y galante, extraordinario poeta y ciudadano del mundo, cubano único. Disidente.

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