Tuesday, February 22, 2011

Las culpas ajenas

Las culpas ajenas

Sin respuestas razonables, ni razones convincentes que acoten preguntas, cierren capítulos en nuestra historia insular y hagan mover la sociedad cubana al futuro, el gobierno de Cuba se ha limitado a apuntar las culpas de las calamidades sociales y económicas del país a otros.

Las culpas ajenas llenan las páginas de esos periódicos que día a día blanquean razones, y silencian capítulos de nuestra historia. Mientras, florecen los titulares de optimismo y de glorificación a lo que no existe, callando la tragedia individual de la población cubana en su diario arrastrar por la vida.

Si los apagones eléctricos e informáticos existen, el argumento fácil y seguro es cargarle al bloqueo las culpas.

Nadie habla que La Habana recibe toneladas de petróleo gratis de Venezuela, ni tampoco que hoy un cable conecta internet a los voceros del gobierno. Cuba y el cubano sigue teniendo orfandad de conexión y de electricidad, mientras el papel impreso y las líneas de noticias del gobierno navegan por internet, deshojando culpabilidad en otros y vendiendo una bondad inexistente en el sistema.

Miles, millones de ciudadanos persiguen una visa para los Estados Unidos, o un pasaporte para España, una balsa para escapar a República Dominicana u Honduras. Y la culpa aparece señalando otras direcciones perdidas de la geografía política cubana.

La juventud rechaza el estudio porque el futuro no le brinda oportunidad de dinero en la profesión, o porque los años de servicio social les encarcelan los sueños de huir, escapar es la diaria profesión de sobrevivir un país encarcelado en la política de desgobierno.

Pero los culpables son otros. Que en nuestra mesa no haya café, el azucar haya que importarla de cualquier lugar alejado de las costas cubanas, la comida del turista tenga que venir de Estados Unidos o de España, y el cemento solo exista para hoteles y no para reparar La Habana en derrumbe, son culpas ajenas que rutinariamente oímos en la prensa única y en los medios sociales de la web.

Para nada sirve recordar que antes de que los que hoy maltratan la silla presidencial subieran al trono, Cuba se autoabastecía de azucar y exportaba, de café, construía hoteles y viviendas, y los principales componentes de nuestra cocina criolla venían del mercado nacional.

Que existían problemas. Nadie lo ocultaba, y nadie culpaba a los gobiernos ajenos mas allá que a los políticos locales. Hoy esos problemas son los mismos y peores. Las villas miserias de los 50 hoy se han multiplicado en las ciudades, como metastasis de un cáncer que no florece en Varadero, y en los resortes turísticos para extranjeros.

Pero la culpa sigue siendo ajena. Hasta en eso la razón ha abandonado la isla. Y una prensa absolutista y muda solo regala el triste cuadro de la abulimia comunista: mentir, callar, apuntar el dedo a cualquier otro. Casi siempre con la mente sentada en el Norte.

Legiones de voceros, oficiales y ministros hoy colorean el mapa mundial. Escriben libros unos en España, ofrecen entrevistas en la television local de Miami, o lanzan una carrera de pintura para ganar unos dólares que condenaron ayer en la isla.

Son los mismos. Las mismas máscaras adornan su rostro. La legión de justificadores se extiende hasta los miembros de una catedra que ha ganado líneas en la prensa mundial como bloggers independientes. Aquí, allá, todos apuntan hacia algún lugar, diferente a sí mismos.

Si no admitimos nuestra propia culpa, y asumimos personalmente la responsabilidad por lo que ocurre en Cuba, mucho menos se puede escribir para que otros lancen la primera piedra y rompan a ídolos de barro que han usurpado la voluntad ciudadana en nombre de ideologías y revoluciones inexistentes.

Las culpas siguen siendo nuestras. Si ayer, en los períodos más oscuros de la república, se podia publicar una línea disidente, y hoy no se puede en virtud de divinidades ideológicas, es nuestra culpa personal. No hay culpables ajenos a nuestra condición de esbirros y víctimas.

Creamos nuestros propios grilletes y tenemos que quitarnoslo nosotros, y no esperar que el mana liberardor nos venga del cielo, o de algún punto de la geografía libre del planeta.

Mire Cuba hacia Libia, mire Cuba hacia Egipto, mire Cuba hacia cada uno de los puntos donde sus pueblos se levantan ellos mismos.

La vida ha demostrado que las culpas tienen nombres cotidianos: la resignación al silencio, el escape y el pesimismo a la lucha. Cualquier otra respuesta es pura hipocrecia del que escribe, venga de donde venga la escritura, aún si la tinta es del propio lápiz y no del que le presta el gobierno.

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