Wednesday, February 2, 2011

Ir o no a Cuba

Cubanos de Miami llegando al aeropuerto de La Habana No es la pregunta existencialista de Hamlet, pero es la que por más de 50 años ha dividido al exilio cubano. Es también la pregunta que muchos cubanos se han hecho a sí mismos, mas allá de políticas de gobiernos, trampas castristas y leyes a ambos lados del estrecho de la Florida.

La nacionalidad cubana ha vivido atrapada por 50 años en una encrucijada donde las ideologías exóticas han dividido la familia, destrozado los lazos naturales entre la patria isleña, pequena encerrada entre los límites líquidos del Mar caribe, y la patria grande que es la de todos los cubanos, vivamos en cualquiera de los puntos geográficos de nuestro planeta azul.

Los que abogan por la posibilidad de viajar a Cuba alegan que es el gobierno castrista quien sale fortalecido, con todo el dinero que los cubanos que vivimos en el mundo libre tenemos que gastar para pisar nuestro propio suelo. Soportamos, según ellos, al regimen castrista, entregándoles dólares frescos al arca vacia del estado comunista.

Los que quieren viajar, por otra parte, claman el derecho natural a visitar su familia y ver su suelo patrio, y justifican el costo castrista del viaje con la alegórica carga de libertad que encierra la presencia de ellos en Cuba, creando un punto de referencia que Castro no puede borrar en la mente del cubano.

Los gobiernos americanos, por su parte, han tenido la incoherencia que los dos partidos siempre han agregado a muchas de sus políticas exteriores, y que con respecto a Cuba se hacen más obvias.

Los demócratas tratan de abrir la puerta de Cuba con politicas blandas, los republicanos tratan de cerrarla con politicas duras. Y así, en esta política de malabares entre republicanos y demócratas 50 años han transcurrido con una total incoherencia en lo que respecta a qué línea adoptar frente a Cuba.

Si a todo esto unimos el oportunismo de la Europa Occidental y del frío Canadá, quienes han aprovechado la ausencia del hombre de negocios americano para tratar de copar un mercado virgen a los Estados Unidos, tenemos un retrato bastante fiel de lo que ocurre.

De todo esto, el gobierno del cínico Castro ha sacado su zafra. Por 50 años la emigración ha sido la principal industria generadora de dinero fresco a Cuba. Impuestos por el envío de dinero a nuestros familiares. Dinero a través de la compra del permiso de entrada a nuestro país. Dinero a través de la compra del imprescindible pasaporte cubano, porque ser ciudadanos del mundo libre no posibilita la entrada a Cuba. Dinero por la estancia de nuestros familiares en nuestros paises de residencia. Todo es dinero constante y sonante.

El dinero de la emigracion cubana agrega más que cualquier negocio que hoy el gobierno castrista sostiene, sobre todo teniendo en cuenta que no tiene que invertir nada para obtenerlo.

La industria del turismo tiene que importar casi el 75 porciento o más de lo que consume el turista. La industria del emigrado cubano es totalmente generadora de dinero, y el gobierno de Castro no tiene que invertir nada en ella.

Ese dinero, ¿adonde va? ¿Qué destino tiene? ¿Donde se usa y cual es su proposito?

Muy posible que haya sido gastado en las aventuritas militares de Castro en Africa. O comprando los buenos vinos que le gusta apetecer y degustar, como bien García Márquez detalla en su conocido testimonio sobre el sátrapa caribeño. O en la guerra de banderitas de los 5 espías que cada sábado tenían que soportar algún municipio del país alternativamente.

No importa adonde va, el caso es que ese dinero entra fresco a las arcas de Castros y les ha ayudado a sobrevivir y ventilar un poco su desastre financiero.

Los cubanos que vivimos en el mundo libre estamos en atrapados entre nuestro corazón y nuestro sentimiento patrio. Somos de la patria que un jenízaro degenerado ha robado para sí mismo y le ha negado a 11 millones de cubanos. Ese trozo de terruño es tan nuestro como el de cualquier cubano de aquí o de allá, en la isla.

El castrismo no puede vivir sin ese dinero que nosotros, voluntariamente, le entregamos para pisar el suelo donde nacimos y que también nos pertenece por derecho propio. Como bien dijera Martí: La Patria es de Todos.

Ese mismo castrismo nos niega el derecho que cada ciudadano en este mundo libre tiene garantizado: ser hijo de la tierra donde nos tocó nacer, sin ninguna condición ideológica, política y filosófica.

Cada vez que uno de nosotros viaja a Cuba le está depositando dinero a las manos del tirano. Cada vez que un familiar nuestro pisa nuestros hogares en el mundo libre le esta dando un dólar más a esa tiranía monárquica. Por lo que la pregunta sigue ahí, dramaticamente esperando una respuesta que no tiene muchas opciones.

Un último detalle mas a considerar es: ¿por qué vamos a Cuba?

La respuesta puede ser diferente para cada emigrado: para ver a nuestra madre, nuestros hermanos, los familiares que nos quedan, atender el fallecimiento de alguno de nuestros seres queridos, o porque el corazón nos sangra por ver el pedacito de Cuba en que abrimos los ojos a este mundo.

Alguno incluso nos olvidamos del desprecio que muchos de esos mismos familiares que hoy nos abren los brazos nos lanzó ayer, cuando partimos de Cuba. Algunos de ellos nos tiraron su piedra, o el huevo en aquellos mítines de repudio del año 80. Otros mastican su rabia por dentro y sonríen ante el dólar que les depositamos en sus manos como regalo: sin ese dólar se morirían de hambre.

Algunos de ellos marcharán mañana, o el próximo 1ro de Mayo por la plaza, apoyando un régimen al que en nada le interesa la familia cubana, los sentimientos patrios y la dignidad humana.

Y a esos familiares que nos despreciaron ayer, también los vamos a ver y le hacemos el regalito.

¿Se han dado cuenta de cuanta mentira, traición, ponzoña ha traído el castrismo a la familia cubana?

Porque quien dividió todo esto fué Fidel Castro el mismo día que entró en La Habana en 1959. Cuba hoy es el mismo reflejo de su familia personal. Unos en Miami, blasfemando de los hermanos de La Habana, y los de La Habana vomitando odio contra hijos y parientes propios en el exilio.

Eso es Cuba, gracias a Castro. Por lo que la pregunta se mantiene: ¿Ir o no ir a Cuba?

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