Sunday, February 20, 2011

Idolo de Barro

Idolos de Barro

Lo ves surgir, casi percibes que aquel nombre crecerá de alguna forma, logrará surgir de la nada que conforma ese concepto uniforme de pueblo.

No entenderá de límites, fronteras morales y sicológicas, amistades que sostener mas allá de la utilitaria red que debe de componer para subir, peldaño a peldaño, la larga escalera hacia la cumbre.

Prometerá divinidades, desgranara carisma y talento de conspiración, firmará compromisos que destruirá con un golpe de mano y suerte, como lo hizo ayer. Nada le parecerá más sagrado que sí mismo, y su palabra se convertirá en talisman que adormecerá pensamientos y disidencia.

Es una raza biológica diseñada a disimular posturas, que creará mitologías y discursos paralelos, e ira re-escribiendo día a día la historia pasada de su pueblo. Creando el mito de sí mismo, recreando el nombre que no fué cada dia, cada hora, cada instante.

Talento en reconocer los que sembrarán la futura mitologia de su historia, y la harán crecer en un sistema de verdades incompletas, en serie y por piezas sueltas.

Con el tiempo, el poder y las fuerzas ciegas de millones en sus manos, organizará esos fragmentos y los convertirá en teorías políticas, verdades absolutas para las masas. Auto-hagiografía que nunca existió en sus inicios, pero que hará escribir en manos de otros.

Y levantada la estatua, sentada la divinidad en el trono hará descender el terror, hombre a hombre, en un proceso continuado y sostenido de persecución y silencio.

Y asi la persecución comenzará contra grupos aislados y pequeños: razas, clases, disidentes, sospechosos. Y gradualmente alcanzará a todos. En los inicios, una parte del pueblo contemplará con indiferencia el exterminio de esos grupos sociales que estigmatizará en publicos espacios, y satanizará con epítetos ajenos. Y contribuirán todos a su propia persecución, exasperando los odios internos.

Pronto todos se volverán cómplices y el sentimiento de culpa se extenderá a la sociedad en su conjunto. Será la telaraña social que generalizará el terror entre sí mismos. La sociedad será dividida en persecutores y perseguidos. Siendo el persecutor facilmente transformado en el perseguido, con solo una simple vuelta de la máquina política.

Nadie escapará a esta dialéctica feroz. Nadie.

Aquel líder ayer hoy es ídolo y re-escribirá la historia en marcha atrás, borrando, agregando líneas inexistentes, dictando lo no ocurrido y creando lo que debio haber sucedido divinamente.

Esta dialéctica invertida tiene al pueblo cubano encerrado en un laberinto del que no sabe salir. Solo la huida, el escape procede como fuerza centrifuga desde el corazón de la sociedad. Los que no logran atrapar esa fuerza se sientan a sobrevivir el período biológico del ídolo, que primero fué líder, y mucho antes sólo un simple pandillero sentado con un arma a la puerta de un colegio jesuita.

Nadie sabe por qué los cubanos decidimos crear un ídolo de barro y depositar en él la conciencia colectiva ciudadana. Naufragar al individuo, aherrojar el pensamiento libre y adorar un culto que fué creado por nosotros mismos.

Romanticismo, culpabilidad compartida en la persecución y el silencio de otros, cansancio y una gran mentira tejida por cada uno de nosotros mismos alrededor de un ídolo de barro. Hemos sido nosotros, nadie más, los culpables indolentes del delito supremo de la sociedad: el suicidio masivo de las libertades cívicas y de la democracia.

No se busque culpables en teorias fatalistas y geográficas, ni tampoco en complicidades ajenas a nosotros mismos como pueblo. Ahí, caminando diariamente las calles está el culpable. Nadie más.

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