Monday, February 28, 2011

Erosión ideológica

Ideologia

Miro el mapa de mi país y trato de encontrar, con mi lápiz, un punto virgen en su largo archipiélago ecológico. Un punto donde el desastre de una ideologia no haya sucumbido a su presencia. Y no lo encuentro.

La pregunta que el sentido común, y los años, me lanza una y otra vez es: ¿cómo una ideologia puede trazar pautas a la ecologia?

¿Puede ser eso posible?

¿Qué “milagros” sociológicos han provocado cambios estructurales morbozos en la geografia física de mi isla?

Las respuestas pueden ser muchas, o sencillamente ninguna. Cuando desde el asiento monoteista del estado un solo ser político decide desde la música que “el hombre nuevo” debe escuchar hasta el tipo de café que debemos saborear los cubanos, lo demás ya no tiene mucho sentido explicarlo. Pero la pregunta está ahí, dando la vuelta al pensamiento.

En el mismo momento que escribo este post no hay un punto geográfico de Cuba donde mi lápiz pueda detener su punta y descubrir un paraiso ecológico que no presente la erosión ideológica que nos ha marcado 50 años de gobierno único. Y también partido.

Algún turista o cubano me pudiera mencionar Varadero, o Cayo Coco. Pero todos se equivocan.

El Varadero de mi infancia con su blanca arena fina, esa que se nos escurria entre los dedos y parecia polvo, ya no existe. Desapareció cuando alguien, muy bien versado en asuntos ecológicos, decidió trasladar sus arenas de la profundidad de su playa azul hacia cualquier otro punto del archipiélago alargado cubano.

Ese dedo decididor olvido que las mareas suben y bajan, y arrastran la arena fina que perdimos hacia la profundidad, donde el buen versado ecologista la robó para alguna otra parte. Hoy Varadero nos muestra sus costillas rocosas a lo largo de los muchos de sus kilómetros de playa hermosa que fué… hoy con arenas ajenas.

La misma ideologia que apuntó con su dedo los desastres ecológicos “imperialistas” en México y en la Florida, decidió instalar la superpoblación hotelera que hoy sufre Varadero, y sustituir la antigua población de pinos por nada. Quizás alguna mísera palma.

Hoy la superpoblación hotelera y escaces de capa verde nos hace huir las arenas de la bella Varadero que disfruta solo el turista.

Son esas simples erosiones ideológicas las que han ido destruyendo el paraíso que fue mi pais. Mientras, el mismo dedo gobernante apunta el final de la especie humana, pero se olvida que algún día en el pasado quiso desaparecer la Ciénaga de Zapata y todo su habitat. Destruyó kilómetros de ecologia natural alrededor de La Habana, para sembrarnos un café improductivo que no llego a nuestra cafetera urbana. Y lanzo camino rocosos para unir cayos e islotes para acomodar a sus favoritos ciudadanos: los turistas.

A ese dedo que apunta para cualquier otro lado, menos para sí mismo, claro, se le olvido que con esos ensayos ideológicos la fauna marina desaparecio, entornos naturales que algún dia en el pasado existieron hoy no los pueda localizar en mi mapa. Nadie pudo detener la mano enérgica de la ideologia secularizada.

Trato de encontrar una respuesta simple que me animen en la busqueda meticulosa del rincón cubano que se haya salvado de esta invasión ideologica que nos arrasa ecologias y naturaleza. Pero la búsqueda es infructuosa y larga, y nada me garantiza que pueda encontrar algún lugar donde detener la punta de mi lápiz sobre mi mesa.

Definitivamente, y para desgracia, la ideologia también puede erosionar la naturaleza y convertir un pais que fue hermoso, en un largo inventario de desgracias y ausencias.

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